Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill http://lidiafalcon.nireblog.com Sat, 27 Jun 2009 12:50:37 -0600 Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill http://static.nireblog.com/imagenes/logo.png http://lidiafalcon.nireblog.com http://nireblog.com "Ser feminista es superar el comunismo" http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/05/11/ser-feminista-es-superar-el-comunismo http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/05/11/ser-feminista-es-superar-el-comunismo Plática con Lidia Falcón en la televisión catalana. (11/05/2009)

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Mon, 11 May 2009 18:43:32 -0600
Historia de una alienación http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/05/01/historia-de-una-alienacion http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/05/01/historia-de-una-alienacion elPeriódico.com
1 Mayo 2009
Por Lidia Falcón

Imagen de Martín TognolaLos elogios procedentes de diversos ámbitos dedicados a Corín Tellado con motivo de su reciente muerte me han sumido en la perplejidad y, no lo niego, me han provocado bastante irritación. Para quien, como yo, ganó algunas pesetas en la juventud --casi adolescencia, puesto que publiqué mi primer cuento a los 18 años-- escribiendo a destajo cuentos y novelas rosa --también fui capaz de pergeñar algunas historias del Oeste y de Hazañas Bélicas--, que me pagaban a tanto la página o la obra, bajo diversos y olvidados pseudónimos, resulta ridículo que dicha labor sea calificada de literatura. Solamente el dato de que Corín escribía dos novelas por semana --por más que no tuvieran más de 100 páginas-- describe definitivamente en que consistía ese trabajo: ir enlazando palabras a toda prisa para contar una historia elemental sobre los amores de una hermosa, joven y pura, y un galán mayor y más alto que ella, guapo, elegante y rico, con un final inevitablemente concluido en boda.

Balzac estuvo dedicado a esta misma labor en sus años de juventud y la recordaba con verdadera pena, como otros escritores que llenaron los quioscos de producciones perfectamente olvidables, obligados por la pobreza y la avaricia de las editoriales, incapaces de reconocerles el talento de que años más tarde dieron cumplida muestra. Estas producciones nos permitieron, a todos los que con el oficio de escribidores sobrevivíamos, comer, y a mi, mantener también a mis hijos, aunque fuese precariamente, durante los años de plomo de la dictadura, pero cuando ya con enorme esfuerzo pudimos abrir el cerco de hierro que nos separaba de las editoriales que publicaban literatura, nunca las habríamos exhibido como nuestras. Desde luego en mi currículo no cuentan. Alguna excepción, como Víctor Mora con su Zorro y su Capitán Trueno, ha sido puesta de modelo de una forma de difundir subliminalmente la ideología de izquierdas que profesaba, pero esta artimaña podía ser utilizada en los tebeos para niños y muchachos, en los que se tenían que ensalzar los valores de la fraternidad, la defensa de los débiles, el valor, la entrega a una causa épica. Los hombres tenían que ser héroes según los principios de Falange Española, pero las mujeres, no. Las mujeres esperaban en casa que regresaran los héroes de sus hazañas bélicas. Ellas debían ser el reposo del guerrero. Bien hubiera querido yo transmitir un poquito de ideología feminista a través de las novelas rosa que elaboraba mes tras mes, pero precisamente los editores de esta clase de producto prohibían todo relato no ya progresista, sino mínimamente sensato. Las mujeres, bajo aquella infame dictadura, estaban destinadas a la reproducción y el mantenimiento de la familia bajo la indiscutible autoridad del marido, después de la del padre, y su papel de sumisión a los hombres --también el hijo varón mayor tenía prioridad-- debían cumplirlo con dulzura y alegría. Cualquier otro modelo femenino era inmediatamente censurado por el director literario con la severa admonición de no encargarte más libros. Ese modelo de mujer fue el que defendió Corín Tellado durante 40 años.

Por su capacidad de trabajo, sobradamente demostrada, se le concedió el título de hija predilecta de Oviedo y alguna prebenda más. ¿Y qué es lo que premiaron: que con su empecinada prolijidad ganara una bonita fortuna inundando el mercado de habla española con novelas deleznables que contribuyeron a alienar más a las pobres féminas a las que iban destinadas? ¿Qué méritos ciudadanos o de valor solidario poseía la señora Tellado? ¿O el dinero lo justifica todo? Con sus historias de un amor, siempre heterosexual y siempre irreal e indeseable, apoyó la ideología oficial del régimen franquista que con tanta eficacia impuso la Sección Femenina de Falange a través de la hermanísima Pilar Primo de Rivera, defendiendo el modelo de mujer sometida a los dictados masculinos, conquistada, a veces casi manu militari, por el arquetipo de galán fascista, y que se realiza plenamente en servir al marido, parir hijos y cuidar la familia, y que jamás alimentaba la nefasta fantasía de ejercer alguna profesión reservada únicamente a los varones.

Pero ni siquiera por su coherencia en defender sus ideales puede ser admirada la señora Tellado, porque, cuando concluida la dictadura, las exigencias feministas desprestigiaron ese tipo de mujer, su producción cambió y, siguiendo la moda del momento, las escenas eróticas inundaron sus páginas y los divorcios y los adulterios se hicieron habituales. Por supuesto, con la misma deleznable escritura, y tampoco entraron en sus obras modelos de mujeres y hombres entregados a otras causas que las de satisfacer sus deseos amorosos y sexuales.

Ya sabemos que todos los países tienen esa línea de publicaciones, destinada, fundamental y desdichadamente, a las mujeres, pero permanecen en el lugar que le corresponde: al lado de las revistas del corazón y de sociedad, y no se les concede más interés que a los fascículos de costura. ¿Cómo se puede elevar al podio de la literatura a Corín Tellado? ¿O es la involución que está viviendo el feminismo la que pretende prestigiar nuevamente los modelos de mujer de sus obras?

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Fri, 01 May 2009 21:22:04 -0600
¿Porqué las mujeres? - Entrevista a Lidia Falcón http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/04/12/porque-las-mujeres-entrevista-a-lidia-falcon http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/04/12/porque-las-mujeres-entrevista-a-lidia-falcon Entrevista realizada en diciembre de 2007 en el canal de televisión por internet e-noticies.tv de Cataluña.

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Sun, 12 Apr 2009 21:57:17 -0600
Entrevista a Lidia Falcón en el programa "Redacción de Noche" http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/04/12/entrevista-a-lidia-falcon-en-el-programa-redaccion-de-noche http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/04/12/entrevista-a-lidia-falcon-en-el-programa-redaccion-de-noche
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Sun, 12 Apr 2009 17:29:27 -0600
La Constitución de las mujeres http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/13/la-constitucion-de-las-mujeres http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/13/la-constitucion-de-las-mujeres Público.es
9 Mar 2009
Por Lidia Falcón

La celebración del Día de la Mujer es una buena ocasión para reflexionar sobre el papel que ha jugado la Constitución –que recientemente cumplió 30 años–, en la vida de las mujeres españolas. Este olvido resulta más culpable si se tiene en cuenta que no sólo las mujeres constituyen el 52% de la población, sino que, si la Carta Magna ha producido algún efecto perceptible en la vida cotidiana de los ciudadanos, ese es fundamentalmente el que ha causado en la de las mujeres. Ellas fueron las grandes perdedoras de la Guerra Civil que yuguló sangrientamente los avances y las esperanzas de progreso que albergó la II República. El dictador y sus secuaces, con el inestimable apoyo de la Iglesia católica, se cebaron con especial sadismo en torturar a las españolas. Privadas de derechos civiles y laborales, de la patria potestad de sus hijos, condenadas por ley a la marginación de la vida pública y a la miseria económica, perseguidas penalmente por adulterio, prácticas anticonceptivas, aborto o abandono del hogar, se hundieron en la condición más penosa de toda la historia de España.

Solamente la firmeza que mostramos durante la transición en la exigencia de nuestros derechos nos situó en el escenario social del que también los organizadores de esta democracia querían apartarnos. Es bueno recordar fechas y actuaciones para que a los dirigentes políticos se les sitúe en el lugar que les corresponde. A dos meses de promulgarse la Constitución, en octubre de 1978, después de tres años de celebrar el Año Internacional de la Mujer y de los interminables casi dos años que los padres de la patria estuvieron pactando el texto –recuérdese que ninguna mujer participó en la redacción de la Carta Magna– el único avance que conseguimos fue que los diputados, incluyendo a socialistas y comunistas, eliminaran del Código Penal el delito de adulterio, que sólo cometían las mujeres, y el de prácticas anticonceptivas.

En los programas electorales del PSOE y del PCE de 1977 y de 1979 no constaban ni el divorcio ni el aborto. Nos costó cinco años de luchas heroicas –asambleas, manifestaciones, encierros, cierre de revistas, procesamientos y una buena paliza que recibí yo en la calle en la última manifestación en Barcelona– conseguir el divorcio. Un divorcio condicionado a la separación –han tenido que transcurrir 25 años para permitirnos divorciarnos de primeras, como en cualquier país civilizado–. Aún hubimos de sufrir cuatro años más de penalidades para lograr el permiso de abortar por grave peligro para la salud de la mujer, violación y malformación del feto, que no se ha vuelto a modificar. Mientras se discute la estúpida norma, implantada por los tan progresistas diputados, que impuso la preeminencia del varón sobre la mujer en la sucesión al trono, en un país que, para derogar la Ley Sálica, libró tres guerras y para proclamar dos Repúblicas, otras dos, ninguno ha planteado la derogación del precepto que obliga a preservar la vida de “todos”.

La Constitución es la jaula de hierro que nos encarcela en las tiranías de nuestra fisiología y nos impide alcanzar el derecho a disponer de nuestro propio cuerpo, con esa disposición del artículo 15, estableciendo que “todos” tienen derecho a la vida, que los franquistas y cristianos metieron complacidamente, ante la indiferencia de socialistas y comunistas. Así, el Tribunal Constitucional, ante el que la Alianza Popular de la época, comandada por el franquista Fraga Iribarne, presentó recurso de constitucionalidad contra la Ley del Aborto, con una interpretación torticera ante un término tan vago como el de “todos”, pudo pronunciarse exigiendo más limitaciones en la práctica. Y esto ha permitido una feroz ofensiva de la derecha, que ha llevado al cierre de varias clínicas de abortos y al encarcelamiento de siete médicos en Barcelona. El Gobierno ha nombrado una comisión de estudio –estupendo sistema inventado por esta democracia para enterrar cualquier proyecto–, en la que han entrado asociaciones del Opus, con las que asegura la vicepresidenta que hay que ponerse de acuerdo, mientras las mujeres siguen teniendo que pagar los 600 euros que cuesta un aborto en una clínica privada, porque sólo el 3% de los abortos se practica en la Sanidad pública. La limitación de derechos a las mujeres de nuestra Constitución ha sido hábilmente ignorada por los partidos políticos y sus líderes, que tanto se están alabando hoy de las componendas con que llegaron a redactarla.

Las mujeres no conseguimos los avances que la Constitución de la II República nos reconocía 50 años antes, porque naturalmente esta tampoco es una Constitución republicana y la monarquía –tan arteramente introducida sin consulta popular, con ayuda de la Iglesia Católica y la derecha, y protegida por el Ejército– impone esas limitaciones. Lo que también se oculta es que, si el movimiento feminista, enfurecidas al fin las mujeres después de casi medio siglo de esclavitudes y vejaciones, no hubiese exigido sin componendas ni rebajas las reivindicaciones que planteábamos, los ilustres constitucionalistas no hubieran introducido el carismático artículo 14, que impone la no discriminación por razón de sexo y que, en teoría, permite a las mujeres exigir igualdad de salario, de oportunidades y de trato con los hombres.

Derechos que no se cumplen, y a esto las mujeres unen la enorme carga de ser las que deben seguir trayendo los hijos al mundo, sin que el pomposo derecho constitucional a la vida exija a los gobiernos a facilitarles la obligación de darle realidad. Ni tampoco la democrática Constitución las protege contra la violencia machista, pero eso es motivo de otro artículo.

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Fri, 13 Mar 2009 10:50:51 -0600
Los distintos feminismos - Reflexión en el día internacional de la mujer trabajadora http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/10/los-distintos-feminismos-reflexion-en-el-dia-internacional-de-la-mujer-trabajadora http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/10/los-distintos-feminismos-reflexion-en-el-dia-internacional-de-la-mujer-trabajadora " ... todas las instituciones del patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas, con mucho respeto, por la izquierda"

elPeriódico.com
8 Mar 2009
Por Lidia Falcón

Mi deseo para este nuevo 8 de marzo sería que no se tomara el nombre del feminismo en vano. Desde hace más de una década, los ideólogos de la modernidad pretenden que las tendencias del pensamiento se vayan unificando, perdiendo los perfiles que las identificaban como de izquierdas y de derechas, y se acerquen hasta encontrarse en ese magma sin identificación que es el centro. Esta actuación en el terreno de la política ya es conocida por todos, pero apenas se ha informado de como ha influido en el feminismo. Habiendo casi desaparecido el movimiento feminista crítico con el poder, y ninguneadas las teorías feministas revolucionarias que se difundieron largamente en los años setenta y ochenta, convertidas en funcionarias muchas de las militantes que dirigieron en su juventud opciones contestatarias, lo que se identifica hoy mayoritariamente como feminismo es una suma de lugares comunes, más propios de los consejos de un consultorio sentimental radiofónico.

A esta confusión se ha sumado el oportunismo de la derecha, que, después de haber perseguido sañudamente cualquier pequeño atisbo de protesta de las mujeres, se sube ahora al carro del feminismo queriendo hacerse con los rendimientos que espera obtener de ello. La derecha pretende defender que sus políticas de inclusión de mujeres en las listas electorales y en puestos de responsabilidad corresponde a su propósito de igualar a la mujer y al hombre en todos los estamentos de la sociedad. Mientras tanto, allí donde gobierna reduce las inversiones en políticas sociales, elimina las medidas de protección de las mujeres, persigue todas las opciones sexuales que no sean la heterosexual y el matrimonio indisoluble y se muestra agresivamente contraria a la libertad de aborto. Así, ha sido posible incluso que se calificara de feminista a Sarah Palin, aquella señora --candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos con el senador John McCain, desaparecida tras la victoria de Barack Obama--, que constituye la encarnación más genuina del ideal reaccionario, o que las mujeres del PP aseguren que ellas son más feministas que nadie porque han alcanzado escaños en los parlamentos.

Pero estas falsificaciones son posibles cuando desde la izquierda ya no se defienden los principios transformadores de la sociedad que fueron la bandera del feminismo desde el siglo XVIII. Abandonada la crítica de las instituciones patriarcales como la familia y el matrimonio --uno de los grandes triunfos ha sido alcanzar el matrimonio de los homosexuales--, el feminismo dominante en los partidos de izquierda está manteniendo lo privado frente a lo público, lo individual frente a lo colectivo. Nuevamente, la derecha ha triunfado. Y no solo en lo económico, sino que lo ha hecho también, y siempre va unido, en lo ideológico. Los anhelos de los años setenta de construir una sociedad solidaria y altruista --la tercera enseña de la Revolución Francesa: la fraternidad, tan ignorada-- se han abandonado con desprecio para defender el más viejo individualismo.

Olvidadas las demandas clásicas del amor libre --la enseña de Alejandra Kollöntai que, en 1905, reclamaba la sustitución del matrimonio y de la familia por "la unión libre de libres individuos"--, la socialización del trabajo doméstico, la responsabilidad colectiva en la educación y cuidado de los hijos incluso son anatemizadas por los que se proclaman "modernos". Modernidad que lleva a afianzar las más viejas y caducas instituciones: matrimonio --mayoritariamente religioso--, familia nuclear, educación privada o religiosa a través de la omnipresente cadena de centros religiosos de enseñanza concertada, responsabilidad individual en el cuidado de los niños: todas las instituciones del patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas, con mucho respeto, por la izquierda. Y ¡ay de aquellos que pretendan escaparse de la férula del Estado patriarcal y capitalista! Serán castigados con los enormes recursos de que este dispone: penalizaciones económicas, marginaciones sociales y laborales... Al final, todos se someterán a las normas dominantes: homosexuales que se casan; familias unidas obligadas a procurarse subsistencia y vivienda por sus propios medios, sin apenas ayudas; pocos niños, pero embarazados y paridos según los obligados dictados de la naturaleza. El triunfo de la consigna más grata a la derecha: sálvese el que pueda, con un Estado que se inhibe de sus funciones protectoras, lo que, en definitiva, perjudica siempre al más débil.

Resumiendo: la preeminencia de lo privado sobre lo público. Incluso una de las reivindicaciones más emblemáticas del feminismo, el pacifismo, se ha retorcido hasta el punto de que las feministas acepten, algunas incluso entusiasmadas, la cada vez mayor participación de mujeres en el Ejército, la Guardia Civil y la Legión. Se aceptan las imitaciones, por parte de las mujeres, de las conductas más agresivas masculinas --boxeo, lucha libre, agresividad, acoso sexual--, considerando, según las normas del patriarcado, que el modelo masculino es el universal y, por tanto, el que hay que imitar. En definitiva, es imprescindible volver a establecer cuáles son los principios del feminismo.

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Tue, 10 Mar 2009 03:23:39 -0600
Lidia Falcón y el feminismo marxista español http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/08/lidia-falcon-y-el-feminismo-marxista-espanol http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/08/lidia-falcon-y-el-feminismo-marxista-espanol

Lidia Falcón, líder del feminismo español internacionalmente reconocida por su labor de defensa de los derechos de la mujer, y escritora de obras como Mitos del feminismo español, Postmodernos o Camino sin retorno, presenta en esta ocasión la novela “Al final estaba sola”. Una obra íntima y política con la que Falcón rinde homenaje a toda una generación de mujeres y hombres, perseguidos políticos por el fascismo, a través del conmovedor retrato de la vida de la protagonista. Un análisis de los avatares que condicionan la vida de las mujeres, donde nuevamente la autora nos empuja a proclamar: “lo personal es político”.

“Al final estaba sola”, una novela de exilios, cambios políticos y la vida de una mujer luchadora.

Al final estaba sola, es la vida de Ruth, una mujer casada prematuramente, divorciada en una época donde todavía no existe el divorcio que pasa dificultades económicas pero que al mismo tiempo ha heredado de sus padres y abuelos,- masones, liberales y socialistas-, cierta conciencia social y política. En plena dictadura franquista se inscribe en un pequeño partido de izquierdas considerando que otros partidos son colaboracionistas del poder. El partido en el cual milita la protagonista decide declarar la lucha armada y la protagonista se ve obligada a exiliarse. Esta es la parte política que enlaza cuando ella vuelve a España y ve los cambios que se produce con la transición política y el asentamiento de la democracia. Muchos de sus camaradas de partido se han convertido en funcionarios de partidos más moderados y conservadores, llevan coches oficiales y detentan puestos de poder. Esto esta entrelazado con la historia personal de ella. La protagonista se decide a ejercer la prostitución esporádicamente en momentos de fuertes dificultades económicas. La mujer cuando está en una situación económica aguda puede alquilar su cuerpo para las manipulaciones masculinas, lo que debe dar lugar a un debate sobre la prostitución entendida libre, voluntaria, y no sé si gratificante.

A través de Ruth, que es la protagonista de su novela, se plantea la famosa división entre esfera pública y esfera privada tan criticada por el feminismo. ¿Tenemos que seguir insistiendo en “lo personal es político”?

No hay tema humano que no sea político. La sexualidad, el amor, los sentimientos, las emociones o las relaciones materno y paterno-filiales son una cuestión política, como los hombres saben muy bien aunque lo disimulen o lo oculten. Los hombres manipulan la sexualidad, manipulan el amor, y manipulan los sentimientos. Con eso consiguen la dependencia extrema de las mujeres y por otro lado una lealtad y fidelidad enorme a los padres y la familia. Y lo mismo ocurre con la educación de los niños, la cual debe ser un asunto social y un asunto público. No me refiero tan solo a la escolaridad, sino a la plena socialización y educación del individuo que debe ser un asunto colectivo, es decir, un asunto basado en unos principios y valores morales conjuntos. No podemos dejar estos asuntos en la privacidad y bajo la responsabilidad de unas familias donde acaba siendo la madre la última responsable. Por lo tanto debemos insistir en que el matrimonio, el amor, la sexualidad o las emociones, son un asunto público. Esto es fundamental para que el feminismo pueda avanzar, y como consecuencia la sociedad, permitiendo a la mujer liberarse de esas dependencias.

“No hay tema humano que no sea político... como los hombres saben muy bien aunque lo disimulen o lo oculten.”

¿Cuándo el feminismo de la diferencia y el feminismo de la igualdad se van a poner de acuerdo?

Yo lamento esta división pero no me escandaliza porque los hombres no sólo se dividen, sino que se matan y eso nosotras no lo hemos hecho nunca. Los campos de concentración, las matanzas, las guerras organizadas por hombres no tienen ni punto de comparación con los excesos del feminismo que podríamos calificarlos de travesuras. Es lógico que existan diferentes tendencias dentro del feminismo porque hay diferentes clases económicas, y las mujeres también están divididas por esas clases. Las feministas de la diferencia hablan desde una ideología pequeño-burguesa, idealista y superficial que no tiene en cuenta las condiciones materiales de existencia, tanto la división en clases de las mujeres como su adscripción a la división sexual del trabajo, lo que significa tener hijos y cuidarlos y tener sobre sí la carga familiar. Cuando esto se obvia y tan solo se habla de sentimientos, del papel simbólico de la madre o del tabú del incesto el resultado es alejarse de la realidad y de las condiciones más penosas que soportan las mujeres.

“Al final estaba sola” es sin duda un homenaje a dos generaciones de mujeres: la de la guerra y la de la posguerra española.

Es un homenaje a la generación de la guerra y a la generación de la posguerra a la cual pertenece la madre de la protagonista, pero también a los hombres de aquella época. El padre y la madre son maestros y representan aquella generación de maestros de la República idealistas y románticos, que defendían los valores republicanos de la lealtad, la austeridad, la solidaridad, y que consideraron que la educación cambiaría este país con una ingenuidad extraordinaria. A estas personas no se les ha reconocido su heroísmo, y son injustamente olvidados. Además se ha vertido toda una serie de infamias por parte del fascismo sobre ellos que nos debes escandalizar. El otro homenaje es a toda aquella generación que lucho contra la dictadura franquista, y que tampoco se les recuerda.

¿Seguimos luchando solas?

Mi generación, la generación de mujeres de la transición fuimos escandalosas y valientes, en este sentido a los medios no les quedo más remedio que contemplarnos dentro de una España que cambiaba a pasos agigantados, pero hoy en día no estamos muy acompañadas. Ha habido una involución muy grave. Me parece gravísimo que haya siete médicos en Barcelona en la cárcel por practicar el aborto, que haya una ofensiva de la extrema derecha gravísima con todo el cortejo mediático que ha tenido y que la Iglesia pretenda que volvamos a los años del Concilio de Trento. No veo la respuesta adecuada por parte del movimiento. El movimiento feminista está desarticulado porque una parte importantísima de las dirigentes han pasado de ser activistas a ser funcionarias que gestionan fondos del Estado. Esto lo vamos a pagar muy caro. Como decía Brecht, un día vendrán a por nosotras y no sabremos por qué.

Medio mundo está pendiente de las elecciones a la presidencia norteamericana ¿En qué medida la visión política de una mujer como Clinton puede ayudar a cambiar las cosas?

Yo sin duda votaría antes a demócratas que a Republicanos, por supuesto. Puedo aceptar que Clinton será emblemática, la primera mujer que alcance la presidencia de los EEUU, pero tampoco apoyo fanáticamente a esta mujer porque me parece mucho más conservadora de lo que debería ser. Apoyó la guerra de Irak, lo que me parce infame. Tampoco me pareció correcta, hablando de lo personal es político, cuando el escándalo de su marido. En este caso, trató de agarrarse al poder, humillándose y sigue apoyando a este sin vergüenza. Obama me parece más a la izquierda que Clinton, pero como colofón añadiré que si cualquiera de los dos es el candidato final de los demócratas, ganaran los Republicanos, porque no veo que la sociedad occidental esté preparada para que una mujer presida los EEUU.

Publicado en Cartelera Turia por Nuria Escudero (2008).

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Sun, 08 Mar 2009 01:36:22 -0600
El libro sexual de dos "negros" http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/01/el-libro-sexual-de-dos-negros http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/03/01/el-libro-sexual-de-dos-negros REVELACIÓN | LA VERDAD SOBRE UN LIBRO

En pleno franquismo, el afamado psiquiatra Juan José Lopez Ibor publico "el libro de la vida sexual", auténtico manual de consulta de los españoles de la dictadura. Lidia Falcón revela que Eliseo Bayo y ella fueron los "negros" de aquel superventas

El libro sexual de dos "negros"

EL MUNDO
6 Mayo 2001
Por Lidia Falcón

libro-vida-sexual.pngEn aquel año de 1966 corrían malos tiempos para nosotros, aunque unos años atrás todavía hubiese sido peor: en 1962 Eliseo Bayo, que compartía mi vida, mi amor y mis ilusiones, fue detenido, juzgado y encarcelado por aquel siniestro Tribunal de Represión de Actividades Extremistas que dirigía el conocido fascista coronel Eymar. Pero ya Eliseo había salido en libertad hacía unos meses, después de haber estado encarcelado en el sórdido y helado penal de Burgos, y se había reunido conmigo en el minúsculo y desamueblado piso que tenía alquilado en Barcelona.

Yo había terminado la carrera de Derecho y ejercía la profesión libremente, lo que significaba ingresos precarios y total inseguridad. Ni sueldo fijo ni seguridad social. Ni para mí ni para mis dos hijos, de 10 y 12 años, que desde mi traumática separación matrimonial, acaecida una década atrás, dependían exclusivamente de mis recursos.

Todos, Eliseo, mis dos hijos, una mecanógrafa que me ayudaba y yo, compartíamos sesenta metros cuadrados. La minúscula habitación de la entrada servía de sala de espera y dormitorio, y mi despacho nos albergaba de noche a los dos adultos y contenía una mesa plegable para servir las parcas comidas que nos permitían mis ingresos, los únicos que entraban en nuestra casa, ya que Eliseo apenas podía aportar ayuda económica.

Su pasado que era presente subversivo, la condena de 11 años de prisión por su adscripción a las juventudes libertarias, su situación en libertad condicional, sometido a las inspecciones de la Junta de Libertad Vigilada, le situaron en la lista negra de los escritores. Ningún medio de comunicación le empleó, ningún periódico le publicaba, ninguna editorial estaba dispuesta a contratarle un libro.

Sin apoyos económicos familiares, sin fortunas personales, dependíamos de únicamente de solas fuerzas para mantener y educar a mis hijos y sobrevivir nosotros. Eliseo no tenía otras titulaciones ni conocía profesión diferente que la de periodista. Y mi bufete no podía rendir mucho cuando, llevada de los ideales que han regido mi vida, me dedicaba fundamentalmente a defender obreros, mujeres maltratadas y presos políticos.

En estas circunstancias llegó una oferta que nos pareció estupenda. La editorial Danae nos proponía escribir El libro de la vida sexual, que ocuparía varios cientos de páginas y alcanzó más de mil mecanografiadas, pagándonos a treinta y cinco pesetas el folio. Según el tiempo que empleáramos en tal tarea, podríamos recibir una ayudita salvadora durante bastantes meses. La propuesta nos pareció digna de aceptarse inmediatamente.

La oferta poseía un único inconveniente, que aunque parezca mentira no era el precio, tan miserables eran entonces los estipendios habituales que proporcionaba la literatura: la obra la firmaría el ya afamado psiquiatra Juan José López Ibor, porque el nombre de Eliseo no debía aparecer impreso en ningún lado. El mío, por lo visto, tampoco podía publicarse, y en este caso nadie nos dijo la razón. Pero nos pareció un insignificante inconveniente. En nuestra situación no podíamos poner condiciones. Más importante era comer cada día, pagar el piso y el colegio de los niños, que defender nuestro orgullo de autores. De tal modo nos pusimos a la tarea.

Con afán sin igual, para reunir el mayor número de páginas, consultamos multitud de obras de los más famosos entendidos en la materia. Comenzamos por la vida sexual de los pueblos primitivos, cuyas peculiaridades aprendimos de varias obras sobre la materia, especialmente de Margaret Mead y de Malinowski; seguimos por las peculiaridades de la vida amorosa en otros países, estudiamos la Edad Media y la Moderna y llegamos entusiasmados a las obras de Freud, de Wilhelm Reich, de Foucault, de Beauvoir. Era la ocasión de difundir las teorías ocultas hasta entonces por la demente censura del franquismo, y ofrecer un tratado, aunque fuese elemental, sobre sexualidad, especialmente a los jóvenes, tan necesitados de él para superar la represiva educación sexual que habían recibido sus mayores.

Eliseo trabajaba todo el día en el libro, y yo lo hacía de noche, cuando ya concluidas las gestiones en los juzgados, despedidos mis clientes y cenados y acostados mis hijos, podía tener unas horas de libertad, que se restaban sin misericordia al sueño. Leíamos y escribíamos a la vez. Cada uno se ocupaba de un tema, y luego nos lo comentábamos y corregíamos al unísono. Las máquinas de escribir a veces hacían tanto ruido que algunos vecinos vinieron a quejarse a media noche.

Cada semana entregábamos un capítulo, o casi, y cobrábamos con gran alegría lo estipulado. Debo reconocer que en ningún momento nos sentimos humillados ni ofendidos por el anonimato en que nos había sumido la empresa. Sabíamos que pertenecíamos al submundo de los perseguidos, de los anatemizados, de los vencidos. Éramos supervivientes de la generación derrotada por la Guerra Civil, estábamos sometidos por el fascismo a todas las torturas, muchas de las cuales ya habíamos sufrido en la propia piel, y no íbamos a sentirnos indignados por aquella que nos permitía comer. Como decía mi padre, César Falcón, el periodista y escritor peruano, para mantener la lucha y oponerse a la hipócrita moral burguesa, «los comunistas no tenemos honor».

El honor era un lujo que no podíamos permitirnos. El que debía haber reivindicado el suyo era López Ibor. Su nombre y su firma debían haber sido más valorados por él mismo, para no ser depositados ciegamente en un texto que no conocía, y que había sido escrito por dos jóvenes amanuenses desconocidos. Mucho más pecador era el supuesto autor que nosotros, porque según afirma Sor Juana Inés de la Cruz, menos culpable es «el que peca por la paga/ que el que paga por pecar». Y más habría debido ser el ilustre López Ibor, que con toda seguridad ni leyó el original antes de publicarse, porque como tenía que suceder, nos salió un libro desenfadado, progresista, rompedor de tabúes, prejuicios y estúpidos bulos como aquel que aseguraba que la masturbación producía impotencias varias, ceguera y locura, que tan difundido era entonces entre los jóvenes educandos de colegios religiosos. Un libro, que recopilaba historias y leyendas de pueblos primitivos donde los adolescentes se dedicaban alegremente a la coyunda sin limitaciones, prohibiciones ni castigos; que reivindicaba el amor libre, el divorcio, la separación de la reproducción de la sexualidad y en consecuencia el control de natalidad, y que estoy segura que poco de acuerdo se hallaba con los principios defendidos por Ibor.

Pero lo que no hicimos, porque los nuestros incluían mucha mayor integridad y honradez que los del famoso médico, fue vengarnos del mal trato que nos daban la editorial y el ilustre autor. Cuando hace poco, el escándalo de un plagio ha saltado debido a que el negro se precavió contra ciertos abusos copiando episodios enteros de obras de otros autores, me admiré de su astucia.

En nuestra ingenuidad nunca hubiéramos imaginado una argucia semejante. Utilizamos fuentes diversas, estudiamos con afán las obras importantes de los mejores especialistas en la materia y realizamos un resumen de varias de ellas, pero nunca copiamos párrafos enteros. Quizá porque desconocíamos, dada nuestra juventud e ignorancia, la estrategia de la «intertextualidad», que acabamos de conocer. Término que, por cierto, como sugería de forma tan original Carlos París, podría también aplicarse a los ladrones de otra clase de bienes y se formularía como «interpropiedad», por ejemplo.

Orgullosos del trabajo

El trabajo nos duró varios meses y nos permitió saciar hambres varias: de comida, de ropa y de libros. También, ¡qué buenos y qué ingenuos éramos!, nos alegramos cuando vimos el libro publicado. Nos gustó la edición y nos sentimos orgullosos de las muchas páginas que habíamos escrito. Lo que más nos llamó la atención fue que, debajo del nombre del ínclito Juan José López Ibor, como autor y director de la obra, aparecían una serie de colaboradores, profesionales de diversas materias, que nunca habíamos visto ni conocido, como equipo autor de diversos capítulos. Nuestros nombres brillaban por su ausencia. Y nos dimos cuenta de que había más

personajes, además de Ibor, capaces de atribuirse el trabajo de los demás.

Y ya no volvimos a percibir ni una peseta más por la obra. Se hablaba de que se habían vendido miles de ejemplares, porque los lectores, especialmente los jóvenes, habían recibido el libro con entusiasmo.

Menos mal que a nosotros no nos quitó más que horas de trabajo y descanso, y que nuestra propia vitalidad y optimismo nos hicieron superar sin trauma alguno aquella peripecia, que tomamos con mucho sentido del

humor. Años más tarde, cuando se lo contábamos a nuestros amigos, que reaccionaban con incredulidad primero e indignación más tarde, sus sentimientos nos sorprendían y hasta emocionaban. Tan buenos y agradecidos éramos.

 

 

El siguiente video es un extracto del reportaje "1968: Yo viví el mayo español" en el que sale Lidia

Puedes ver el reportaje completo haciendo clic aquí.

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Sun, 01 Mar 2009 02:40:06 -0600
Crítica del elogio del islam http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/02/28/critica-del-elogio-del-islam http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/02/28/critica-del-elogio-del-islam elPeriódico.com
25 Ene 2007
Por Lidia Falcón

Maryam y Lidia, dos catalanas convertidas al islam. Foto de MARTA PARREÑOMe desconcierta la información de que en Catalunya varias muchachas se han convertido al islamismo en busca de una supuesta espiritualidad que al parecer no encuentran en la religión católica. Pero la información transmitida únicamente habla de la práctica continuada de unos ritos, cuya frecuencia debe hacer difícil conciliarlos con la vida laboral, y la adopción de una forma de vestir. No nos explican si cumplen otras imposiciones a que obliga la profesión musulmana, como la aceptación de la poligamia y la sumisión de la mujer al marido. Es incomprensible la fascinación que sienten por esa religión, que mantiene costumbres, prohibiciones y opresiones contra la mujer mucho peores que las que defiende la Iglesia católica. Fascinación que parecen sentir también intelectuales y gobernantes, de modo tal que se están destinando fondos para impartir clases de religión musulmana en las escuelas cuando aún no hemos concluido con la enseñanza del catolicismo.

En mi libro Mujer y Sociedad (1969), denuncié la opresión de la mujer musulmana tras haberme estremecido con la lectura del libro de Youssef el Masry La tragedia sexual de la mujer árabe. Descubrí en sus páginas el horror de la cliteridectomía y las consecuencias nefastas que para la salud, la sexualidad y la dignidad femenina acarrea. Creo que fui la primera escritora española que hice pública esa bárbara costumbre. Ha costado tres décadas conseguir que en la Cuarta Conferencia de la Mujer en Pekín de 1995 se condenara esta práctica por la ONU. Conozco las objeciones de los islamistas contra que se atribuya la cliteridectomía --y otras mutilaciones peores como infibulación-- a la religión musulmana, ya que proviene de costumbres ancestrales africanas y no está obligada en el Corán, pero en la actualidad únicamente la practican aquellas sociedades de confesión islámica, es aceptada por muy diversas tendencias del Islam, cuando no recomendada, bajo la indiferencia del Estado. Como en el caso de Egipto donde el Gobierno decidió que se ejecutara en los hospitales por personal facultativo, para evitar las infecciones que proliferan. En estos momentos, 150 millones de mujeres la padecen y cada año se suman varios millones más de niñas mutiladas.

La poligamia, legal en la mayoría de los países musulmanes --con la notable excepción de Túnez, que tiene una Constitución laica--, la prohibición de conducir automóviles, de salir a la calle solas, la imposición para que se cubran la cabeza, incluso a veces el rostro, haciendo visible su condición inferior --que no es otro el sentido del velo--, y sobre todo el horror de las lapidaciones por adulterio, los asesinatos por honor, las desfiguraciones del rostro con ácidos, los encierros y castigos corporales, convierten a las mujeres musulmanas en las más oprimidas del planeta. Véase cómo viven en países --como Somalia-- donde las tasas de pobreza, de falta de escolaridad y atraso son inaceptables, en donde se prohíbe reproducir la figura humana, no se traducen los libros occidentales, el cine y la televisión están severamente censurados y cualquier crítica a su profeta motiva sublevaciones de masas fanáticas. Estas y otras circunstancias, todas detestables, en las que se desarrolla la vida de las mujeres de los países sometidos a la confesión islámica nos las contaron nuestras compañeras feministas de Mauritania, Marruecos, Argelia, Egipto, Jordania, Arabia Saudí, Kuwait, Irán, Bangladesh, Pakistán, Kenia, Nigeria, Sudán, que colaboraron desinteresadamente en nuestro número de la revista Poder y Libertad dedicado a feminismo e islamismo. La mayoría vivían en el exilio, después de haber sido perseguidas y amenazadas de muerte --como mi amiga Nawal al Saadaui y la escritora Taslima Nasreen de Bangladesh-- o nos escribieron con seudónimo.

Los esfuerzos por prohibir la cliteridectomía y la poligamia en sus países consumían la mayor parte de su lucha, mientras sus hermanas de sufrimiento padecen la mayor tasa de analfabetismo, la menor participación laboral y no se ve un rostro femenino en las reuniones políticas. Recordemos los ridículos problemas de protocolo en esos países, cuando la reina de España acompaña al Rey en algún viaje y tiene que quedar relegada a relacionarse con las mujeres, o el último incidente de las periodistas que tenían que informar en la visita del ministro de Justicia a Arabia Saudí. En España, las comunidades musulmanas reproducen bastantes de estas condiciones, aunque nada de ello se explique en el reportaje sobre las catalanas convertidas, de las que tampoco sabemos gran cosa de su vida familiar. La incompetencia de nuestros servicios sociales y la indiferencia de los gobernantes permiten que exista la poligamia en sus familias y que muchas niñas sean llevadas a sus países de origen para practicarles la ablación del clítoris.

Quienes defienden el islam aseguran que estas imposiciones no están incluidas en el libro sagrado sino pervertidas por sus intérpretes. Pero no recuerdan que el Corán establece la poligamia legal con cuatro mujeres, que el testimonio de una mujer en un juicio vale la mitad que el de un hombre, que una hija hereda la mitad que un hijo, y que acepta el castigo corporal para las esposas, siempre que se realice con una vara del ancho del pulgar y del largo de la mano abierta y nunca en el rostro. No hace falta que enfaticen que el libro se escribió en el siglo VIII, porque precisamente eso es lo que debieran tener en cuenta ellos para comprender que si tales normas significaron un avance en esa época no pueden ser ni implantadas ni veneradas hoy. Resulta decepcionante observar que se sigue aceptando por nuestros gobernantes la dominación religiosa de esas sociedades cuando se debiera exigir la laicidad como condición imprescindible para ser considerada civilizada.

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Sat, 28 Feb 2009 21:58:41 -0600
Justicia para el siglo XXI http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/02/02/justicia-para-el-siglo-xxi http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/02/02/justicia-para-el-siglo-xxi Público.es
21 Ene 2009
Por Lidia Falcón

En plena polémica pública por la rebelión de los jueces y el grave retraso que sufre nuestra Administración de Justicia, sorprende que ningún especialista haya mencionado entre las causas de tanto desaguisado a nuestro anquilosado y anacrónico sistema procesal. Las Leyes de Enjuiciamiento no han avanzado apenas desde el Derecho romano, a pesar de las reformas del año 2000.

Desde la demanda hasta la ejecución, el procedimiento está organizado para que se desarrolle con la máxima lentitud e ineficacia. Las citaciones se realizan enviando a un agente judicial con un papel sellado al domicilio del demandado. Naturalmente, si el destinatario no se encuentra en él cuando el agente acude, es imposible entregar la citación, y a los tres intentos fallidos se devuelve al juzgado con el sello: desconocido. Y esta puede ser la última actuación judicial del procedimiento en cuestión durante semanas, meses o años. Si no se dispone de profesionales que busquen activamente el paradero del citado, la citación no se moverá de la mesa del juzgado. Pero no crean que si los interesados logran localizar al desaparecido la citación entregada por aquellos será útil, porque únicamente el agente judicial puede certificar la validez del precioso documento.

Para las citaciones fuera de la población donde se ha presentado la demanda se sigue utilizando el malhadado exhorto que viaja por correo; se detiene en el registro de los juzgados; se reparte por riguroso turno y se envía nuevamente por agente judicial hasta ser entregado en mano, si se logra, al destinatario. Ninguno de los sistemas de comunicación inventados desde hace más de un siglo –teléfono, fax, e-mail, móvil, Internet–, ha entrado en nuestras nuevas leyes procedimentales. ¡Tan satisfechos como están los gobiernos y políticos con el gran avance de nuestro país en materia de nuevas tecnologías!

Pero este es únicamente el comienzo del calvario del procedimiento judicial. La demanda, la contestación y la reconvención, si cabe, se presentan por escrito, y sólo para los abogados existe una extrema rigidez en el cumplimiento de los plazos legales, ya que ni el juez ni el fiscal los respetan. Para los profesionales del Derecho que estamos en el ejercicio diario nos parecen una burla tanto las pomposas declaraciones de la Exposición de Motivos de la Ley de Enjuiciamiento Civil, como los breves plazos que estipularon los legisladores para que los jueces dicten sus resoluciones, plazos que jamás cumplen, sin responsabilidad para nadie. Ninguna de estas actuaciones puede realizarse oralmente, ni por videoconferencia, ni ser grabada o audicionada por algún sistema técnico. Papel y únicamente papel y más papel, hasta que se llena de pulgas, como ha sucedido en algunos juzgados de Madrid. Carpetas y carpetas que llenan las estanterías, los armarios, las mesas, las sillas, el suelo y hasta los lavabos de algunos juzgados. En esa producción interminable de escritos que se van transmitiendo manualmente de demandante a demandado, a abogados, a procuradores, a fiscales, a forenses, a secretarios y a agentes judiciales. Escritos que se copian, se sellan, se folian y se unen por cuerda floja cuando deben pasar a las Audiencias, y a los Tribunales Superiores, y al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional. Transcurren uno, dos, cinco, ocho, diez años, depende. Depende del número de citaciones, contestaciones, recursos, autos, sentencias, apelaciones, resoluciones y nuevos recursos.

Nunca se puede contestar ni recurrir oralmente y grabar en cinta, en vídeo, en cedés, en pendrives. El juez o los magistrados nunca pueden conocer el problema y resolver, en consecuencia, mediante el simple y humano sistema de llamar a los implicados –citados por teléfono, o por e-mail, o por fax–, sentarlos delante, con sus abogados, escucharlos y decidir a continuación. Todas las actuaciones del juzgado se plasman en papel, algunas vistas, pero sólo vistas, también en vídeo, y así los procedimientos complicados pueden alcanzar las astronómicas cifras de 20, 30, 50, 150.000 folios. Las dos terceras partes de esas montañas de papel consisten en providencias o diligencias de ordenación en las que se dice que se da por recibido el escrito tal o el recurso cual; que se ha llevado a cabo la citación o que no se ha llevado a cabo la citación cual; que se ha admitido a trámite tal demanda, tal apelación o no; que se da por recibido el escrito o no, sin que signifique que a la vez se resuelva ninguno de esos recursos, peticiones, apelaciones, impugnaciones, oposiciones y ejecuciones. Porque la ejecución de la sentencia supone un procedimiento nuevo, igual o más farragoso que el principal, cuando ya este se ha concluido y sentenciado, con sus también contestaciones, impugnaciones, vistas, recursos y apelaciones. Años puede durar la ejecución de un procedimiento que ya tardó años en alcanzar la sentencia firme.

En comparación con el pragmatismo del sistema judicial anglosajón, donde la citación realizada por cualquier persona que lo justifique y la comparecencia personal ante el juez resuelven rápidamente numerosos asuntos que aquí se eternizan, el nuestro pertenece al mundo de Justiniano. Se cambia la terminología –ahora se les llama operadores jurídicos a los procuradores, abogados, forenses, y diligencias de ordenación a las antiguas providencias–, pero los viejos métodos siguen rigiendo la Administración de Justicia, ahogada en océanos de papel; paralizada en las manos de agentes, secretarios, procuradores, abogados; cercenada cualquier iniciativa para agilizarla; inutilizadas las nuevas tecnologías; embalsamada en la momificada Ley de Enjuiciamiento.

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Mon, 02 Feb 2009 20:15:28 -0600
¿Qué pasa con nuestros presos? http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/01/30/que-pasa-con-nuestros-presos http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/01/30/que-pasa-con-nuestros-presos elPeriódico.com
10 Ene 2009
Por Lidia Falcón

El juicio que se celebró en diciembre por el motín de la prisión de Quatre Camins dejó escapar, como el vapor de una caldera hirviendo a punto de estallar, algunas manifestaciones de los acusados que deberían preocuparnos, si nuestra sensibilidad y conciencia no es- tán completamente anestesiadas. Los organizadores del motín explicaron que se habían concitado para matar al subdirector por los constantes abusos que padecían: palizas, encierros, falta de comida, de ropa, de higiene, escasa atención sanitaria y ninguna escuela.

No me pareció que ni el fiscal ni el juez estuvieran impresionados por ese relato. Con mucha seguridad, ni lo escucharon ni lo creyeron y supongo que no influirá en la sentencia, y, lo que es peor, ni siquiera motivará una inspección para averiguar lo que haya de cierto en esas denuncias.

Desde hace medio siglo conozco las prisiones españolas. Antes incluso de que me licenciara en Derecho, por tener que visitar a amigos y familiares encarcelados a causa de su lucha contra el franquismo, y, muy poco después, como abogada de oficio, conocí las miserias de la vida carcelaria de los delincuentes comunes. Durante muchos años tuve que visitar dos o tres veces por semana la siniestra cárcel Modelo; más tarde, Torrero, en Zaragoza; el horrendo penal de Burgos; Ocaña, en Castilla; Jaén; Granada. La Trinidad de Barcelona y Yeserías en Madrid fueron mi residencia en los años 1972 y 1974, e inspiraron mi libro En el Infierno. Y en todas pude constatar los malos tratos que padecían los presos y las presas, abandonados a la arbitrariedad del director y de los funcionarios. Dependiendo del nivel de sadismo de estos, los internos podían comer solo bazofia o adornarla con una oblea de jamón dulce, tenían asistencia médica o no, disponían de medicamentos o no, soportaban palizas y aislamientos o solo gritos e insultos, poseían algún medio de calentarse o se helaban en invierno, recibían algunas clases o permanecían abandonados en el patio 15 horas al día. Trascendió fugazmente al conocimiento público el nivel de violencia en el interior de las prisiones cuando Salvador Rueda fue asesinado por los funcionarios de Carabanchel, y se olvidó enseguida.

Abogados luchadores en defensa de las víctimas presentábamos reclamaciones y recursos ante las prisiones y los juzgados y escribíamos largas denuncias que enviábamos a los organismos internacionales. Pero la verdad es que los beneficiarios de nuestros desvelos eran fundamentalmente los presos políticos. Pocos como yo pretendían hacer llegar a los presos comunes los beneficios que exigíamos para aquellos, porque ni los gobiernos ni la sociedad civil se hallan sensibilizados para tenerle compasión al pequeño delincuente. Así fracasó la lucha de la Coordinadora de Presos Sociales en la transición. Concepción Arenal murió hace mucho tiempo y con ella las máximas de conmiseración que hizo universales.

Tantos años más tarde, el reglamento de prisiones ha cambiado y se ha provisto a las cárceles de algunos profesionales de la psicología y de la asistencia social, siempre pocos. Pero el criterio de los directores y funcionarios no se ha modificado tanto. Con la ayuda de la asistenta social, intenté organizar en la de Soto del Real unas conferencias semanales para todos los presos. Convencí a muchos amigos, abogados, psiquiatras, filósofos, para que acudieran allí de cuando en cuando, no solo sin cobrar sino pagándose los gastos del viaje. A las pocas sesiones llegó la orden del director de cancelar el programa sin que nos diera ninguna explicación, porque en la España democrática el director de la prisión sigue siendo el alcaide omnipotente e impune.

Solo la imagen del patio de una cárcel dice más que un millón de palabras. La mayor proporción de desgracia se acumula en los seres hacinados allí por la miseria, la ignorancia, la enfermedad, el abandono. Mientras la persecución, no la rehabilitación, de los drogadictos y los camellos de poca monta ha conseguido que el número de presos en España sea el mayor de Europa, en proporción a su población, provocando un insoportable hacinamiento en las prisiones, los grandes traficantes de drogas, de armas, de personas y no digamos los proxenetas, pasean su impunidad en los mejores hoteles.

Hace poco tiempo tuve una clienta, oficial de prisiones en la Modelo de Barcelona, víctima evidente de mobbing, y pude comprobar nuevamente la hostilidad de los funcionarios hacia la abogada que se metía en lo que no debía. La información de familiares, de asociaciones, de asistentes sociales, ratifica el abandono de nuestros presos, y el informe de Amnistía Internacional, donde cada año se afirma que en las cárceles españolas se sigue maltratando a los internos. Los porcentajes de reclusos que estudian son mínimos y en muchas prisiones los niños siguen viviendo con las madres.

La arbitrariedad rige la aplicación de la libertad vigilada, y así, algunos presos han visto transcurrir entre rejas más tiempo del que fueron luego condenados, mientras en cambio se conceden permisos a maltratadores y asesinos de mujeres y abusadores de niños. Sigo preguntándome si los buenos ciudadanos saben, realmente, qué les pasa a nuestros presos, pero dudo que, de saberlo, les importe.

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Fri, 30 Jan 2009 17:32:09 -0600
VINDICACIÓN FEMINISTA http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/01/19/vindicacion-feminista http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2009/01/19/vindicacion-feminista VINDICACIÓN FEMINISTA
Memorias Feministas

El pasado jueves, 17 de abril se inauguró en el Museu d'Historia de Catalunya una exposición titulada Dones: Les Camins de la Llibertat. Desde los griegos hasta la actualidad repasa las luchas feministas. Dedica un gran espacio a las sufragistas norteamericanas e inglesas. Y desde los años 70 a Catalunya. Un espacio completo a la librería La Sal de Barcelona. Por el contrario, tan sólo dedica a la histórica revista Vindicación Feminista un único ejemplar -el de la educación- colocado en una vitrina y medio tapado por panfletos y revistitas varias. Lidia Falcón, narra la historia de esta mítica revista feminista.

LAOTRAPÁGINA.COM
Julio de 2008
Por Lidia Falcón

Al salir de la prisión el reencuentro con Carmen Alcalde cuando ya había recorrido la primera mitad de la vida, andados los caminos de las luchas políticas y del ejercicio profesional nos planteó un nuevo desafío. Nos hallábamos ante la etapa más decisiva de la historia de España de los últimos cuarenta años, porque Franco se moría y algunas cosas cambiarían en la España postfranquista. Era por tanto el momento de participar en aquellos cambios con la mayor decisión y audacia posibles, si queríamos influir en la construcción del nuevo Estado que claramente se adivinaba. Si nos quedábamos inmóviles a la espera de que otros tomaran todas las decisiones, incluso aquellas que nos concernían, las mujeres serían relegadas a un segundo término en todos los aspectos de la vida política y social. Muchas eran las luchas y tareas que se podían realizar en aquella sociedad civil que comenzaba a poder expresarse y organizarse en libertad: participar en los grupos o partidos políticos que estaban creándose o aflorando nuevamente, dirigir e impulsar el Colectivo Feminista que entonces comenzaba con la exclusiva actividad feminista, organizar el Congreso Internacional Feminista tan bruscamente abortado, crear órganos de difusión y opinión como revistas o periódicos.

El feminismo crecía en fuerza y entusiasmo entre los grupos que se formaban con mujeres salidas de todos los ambientes sociales y de todas las edades. Por ello el Colectivo Feminista tenía cada día más asociadas y su existencia era imprescindible para participar en el Movimiento Feminista desde la postura del feminismo político que debía alcanzar su madurez, años después, en la creación del Partido Feminista. Y como todo movimiento que necesita expanderse y llevar a cabo una labor de convencimiento de un sector de la población, constituía una necesidad la constitución de medios de comunicación para difundir el feminismo. Imposible como era para nosotras montar una emisora de radio o un canal de televisión, la única opción era disponer de una revista. La decisión de crear Vindicación Feminista, que consideramos la tarea más importante que debíamos afrontar ante la que se preveía inminente implantación de la democracia, la tomamos Carmen Alcalde y yo después de renunciar al Congreso feminista que habíamos intentado antes de mi detención. Reflexionamos sobre la importancia que tendría publicar una revista feminista, por primera vez en España desde la guerra civil, y del impacto que ésta ocasionaría en un país ayuno de tales publicaciones. Era preciso disponer de la revista que fuera el núcleo de unión de todas las mujeres que quisieran compartir el ideal feminista. Una revista que significara para el feminismo lo que tantas otras fueron en la historia para el movimiento obrero o los diferentes aspectos de la cultura de vanguardia. Era una decisión mucho más arriesgada que la del congreso, implicaba una inversión enorme de dinero y la coordinación de un equipo de profesionales que no existía. Pero Carmen Alcalde y yo nos atrevíamos entonces a todo. De modo que nos pusimos a la tarea en julio de 1975, cuando todavía no me había quitado de encima el olor de la prisión de Yeserías.

La sacamos de la nada. Cuando comenzamos las primeras reuniones con Tony Misserachs para que se encargara del diseño, y convocamos a las periodistas que pudieran colaborar en ella, no teníamos ningún capital para invertir en el proyecto. Y no sólo nuestra insolvencia era manifiesta y permanente desde siempre, sino que hacía un mes que yo había salido de la prisión y me hallaba en libertad provisional de dos procesos políticos, de los que debía temer fundadamente que algún día tendría que dar cuentas en alguno de aquellos infames juicios que celebraba el Tribunal de Orden Público. No había podido recuperar la normalidad en mi despacho profesional, que había estado cerrado durante casi un año, aunque mi querido compañero y amigo Rodolfo Guerra se hizo cargo de los asuntos pendientes, y no disponía apenas de recursos económicos para mantenernos las cuatro personas de la familia, porque tampoco Eliseo Bayo, que era entonces mi compañero de vida, había vuelto a trabajar en su profesión de periodista, purgado como se hallaba en todos los medios de comunicación. Incluso las fianzas penales que por valor de 200.000 pesetas habíamos depositado para salir en libertad, y que en aquel año de 1975 constituían una cantidad considerable, habíamos tenido que pedirlas prestadas. Debía nueve meses de alquiler de mi despacho, mis hijos no habían terminado sus estudios y entre Regina, Eliseo y yo teníamos cuatro procesos políticos pendientes.

En condiciones tales, montar una revista de sesenta y cuatro páginas, tamaño 32 por 21, editada en papel offset satinado de ochenta gramos, con multitud de fotografías y portada en color, con una tirada inicial de 20.000 ejemplares, que se convirtió pronto en 34.000, ¡cada mes!, parecía una locura. Pero eso es exactamente lo que hicimos. Y duró tres años.

La historia de Vindicación es la historia de grandes ambiciones y grandes frustraciones, a la vez, y requeriría un tomo entero de la historia del Movimiento Feminista. Fueron tres años plenos de ilusiones, de pasión, de esperanzas, muchas de las cuales se realizaron, y otras concluyeron en una decepción. Para crear una revista feminista, después de cuarenta años de ausencia de tal clase de publicaciones, sin dinero, sin estabilidad económica ni profesional, sin garantía de libertad personal, sin equipo, y con la ambición de que alcanzase las más altas cotas de perfección en todos los aspectos, no tenía más caudal que mi optimismo y mi firmeza ideológica. Estaba segura de la necesidad de publicar la realidad cotidiana de las mujeres, analizarla a la luz de la teoría de la mujer como clase social, que en aquel tiempo estaba yo elaborando; que la relacionase dialécticamente con la lucha de las restantes clases sociales de nuestro país, y que, a la vez, partiendo de ese mismo punto de vista, ofreciese una visión feminista de la política nacional e internacional. Porque todos los temas fueron analizados por nuestra revista. No nos limitamos a defender las grandes reivindicaciones de las mujeres, yo escribí cada mes sobre política nacional e internacional, y desde las huelgas obreras a la situación de los negros en Sudáfrica o a las masacres de Sabra y Chatila, no hubo ningún caso que mereciese denuncia y atención de la sociedad al que no le dedicara mi crónica y mi comentario. Ninguno de mis amigos y compañeros de diversas batallas, excepto Eliseo, creyó que tal propósito era posible y varios intentaron convencerme de que dirigiera mi vida por senderos más racionales. Sobre todo teniendo en cuenta que Franco seguía vivo y que tres meses después de mi salida de la prisión en libertad provisional ordenaba fusilar a los últimos cinco hombres asesinados por el franquismo.

Aunque Franco murió el 20 de noviembre de 1975, la situación política no cambió durante mucho tiempo, demasiado. Yo fui juzgada por uno de los procesos, el de asociación ilícita y propaganda ilegal dos años después de la muerte del dictador y en el momento de publicarse el primer número de la revista, en julio de 1976, no había conseguido el permiso definitivo de edición. Durante varios meses tuvimos renovar la petición. Sufrimos varios sumarios judiciales en razón de la ley de Prensa de Fraga que estuvo vigente hasta después de aprobarse la Constitución. Carmen Alcalde y yo fuimos procesadas por defender el aborto y por criticar el Patronato religioso que mantenía encerradas a las prostitutas.

Releyendo un artículo que publiqué en la revista de la Universidad de Yale hace unos años sobre Vindicación feminista, leo que escribí “Durante varios años los periodistas españoles vivimos en perpetuo estado de inseguridad legal y política. Varios estuvieron en prisión a causa de sus artículos. Los directores de publicaciones acumulaban proceso sobre proceso a los que la revista tenía que hacer frente económicamente. Nunca sabíamos cuándo aparecería la policía en el local de la revista y nos detendría y lo clausuraría.” Cuando a partir del 6 de diciembre de 1978 se aprobó la Constitución que garantizaba la libertad de expresión y de publicación, en junio de 1979 se celebraron las elecciones definitivas al Parlamento y al Senado, y los profesionales de la prensa empezaron a sentirse más seguros, nosotras tuvimos que cerrar Vindicación Feminista. Nuestro tiempo había concluido. Las deudas nos habían ahogado.

A mi se me planteó el gran desafío de encontrar el dinero que hiciera posible el proyecto, mientras Carmen Alcalde se dedicaba a seleccionar las periodistas, montar la maqueta con Tony Misserachs y decidir las secciones de la revista. En parte de todo ello participaba yo también, pero el problema económico consumía la mayoría de mis días y de mis noches de desvelos. Eliseo y yo pedimos dos préstamos de quinientas mil pesetas cada uno en la Caixa de Catalunya y con ese mísero capital me lancé a publicar el primer número. Primero comenzamos trabajando en mi despacho de Roger de Flor, pero al cabo de pocos meses resultó evidente que el espacio resultaba pequeño para mis pasantes y secretaria y las cinco compañeras que realizaban la revista cada mes. De modo que alquilé un piso cerca de mi despacho, en la calle Nápoles junto a Ausias March, para instalar la sede de Vindicación, compré muebles y contraté cinco personas de plantilla a jornada y sueldo completo.

Para dar una idea más exacta de la magnitud del esfuerzo, hay que tener en cuenta que publiqué el primer número de Vindicación en julio de 1976 y costó exactamente el millón de pesetas que habíamos conseguido prestado. El día que teníamos que entregar en la imprenta el segundo, no me quedaba un céntimo. Pero publicamos veintinueve más. Ese fue un milagro que me costó buena parte de mi piel. Hasta el último día se pagaron todos los sueldos y todas las colaboraciones, y eso contribuyó de forma importante a mi ruina y acabó con mis ya escasos recursos. Cuando cerramos la puerta del modesto piso donde trabajamos los dos últimos años, quedaban dieciséis millones de pesetas de deudas pendientes sobre las cuatro personas que habíamos financiado la revista, la mayoría de los cuales eran préstamos personales avalados por nosotros mismos.

Pero si bien yo era responsable de la financiación de la revista, no podía ser ni directora ni subdirectora de la misma, porque la represión franquista que tanto se había cebado en mi, me había impedido obtener el título de la carrera de Periodismo que había concluido después de tres años de estudios y de la presentación de la tesina obligatoria. Era aquella época en que se perdían los expedientes escolares de quienes no éramos afectos al régimen, y nadie daba cuenta de ello ni tenía responsabilidad alguna. Me proponía crear una publicación en tiempos en que sólo los periodistas titulados podían dirigir una publicación, por modesta que fuera. Y no sólo la directora, Carmen Alcalde, la avalaba con su carnet, era preciso también disponer de una subdirectora colegiada. Yo tuve que resignarme a mi papel de editora, que significaba buscar el dinero para publicarla y ser imputada ante los tribunales cada vez que se iniciaba un proceso contra la directora, porque aunque no se me concedían derechos no se me eximía de responsabilidades.

La subdirectora fue Marisa Híjar, y su colaboración fue decisiva para la elaboración de la revista y para su supervivencia, porque no solo la apoyó con toda la vehemencia de su generoso carácter sino que también aportó dinero innumerables veces. A la vez su marido Jaime Torras Martí nos ayudó muy eficazmente en la administración y en la obtención de recursos.

Yo quise a Marisa desde el primer momento que la vi. La recuerdo con dolorosa nostalgia, cuando vino a verme por primera vez a mi despacho de la calle Roger de Flor 96, porque todavía no teníamos local propio para la revista, tan hermosa, tan joven, tan alegre. Tengo siempre presente su menuda figura, el pelo rubio rizado como el de una muñeca, y los ojos más azules, grandes, brillantes y vivos que he visto nunca. Su rostro anguloso, de pómulos dignos de una actriz de Hollywood, y su boca de labios delineados y gruesos, que siempre sonriendo dejaba ver una blanquísima dentadura alineada y perfecta. Y la alegría y el ingenio y el sentido del humor que no la abandonaban nunca. Siempre fue hermosa y alegre y vital, y desgraciadamente también fue siempre joven, porque con cuarenta y dos años los dioses la llamaron a su lado, escogida como los elegidos.

Pero aquel septiembre de 1975 ninguna de las dos podíamos adivinar el prematuro final que la esperaba. Nos encontramos por primera vez y nos quisimos enseguida. Era imposible no quererla. Llevaba con ella la vitalidad, la ilusión, la esperanza, y las transmitía a todo el mundo. Y además se ocupaba muy sensatamente de los problemas cotidianos y les buscaba soluciones y aportaba ideas y nos ofrecía dinero para resolverlos.

Con ella trabajé ininterrumpidamente tres años en la redacción de las secciones de política nacional e internacional de la revista, y más tarde, cuando la amada tirana revista desapareció, nuestra amistad era ya tan firme que nada pudo separarnos. Ni la pérdida del proyecto común, ni la distancia que nos separó, cuando ella vivió dos años en México. Y así nuestros destinos volvieron a encontrarse en el momento en que las dos, a la vez, nos trasladamos a vivir a Madrid. Allí pude disfrutar de su generosa y enriquecedora compañía hasta que el destino me la arrebató.

En el pisito de la calle Nápoles casi esquina a Ausias March, vivimos permanentemente durante tres años, desde 1976 a 1979, las mujeres que formábamos el equipo de la revista. Allí compartimos todas la pasión por el proyecto, informamos y participamos en los acontecimientos más importantes que se estaban produciendo en el país, en una época trascendental como fue la de la transición política española.

Acudíamos a primera hora de la mañana al local de la oficina y trabajábamos febrilmente, porque éramos pocas para todas las tareas, pero muy eficaces, y a mediodía salíamos también juntas a comer en el restaurante y regresábamos inmediatamente a seguir fabricando la revista, a recibir a las colaboradoras, las visitas, conectando con las mujeres de varios países, solicitando información del Movimiento feminista de todo el mundo, hasta las nueve o las diez de la noche.

Para todas era muy grato aquel trabajo, y para mis compañeras su única fuente de ingresos, pero yo, que no percibía sueldo, y apenas de las colaboraciones, a pesar de que escribí miles de páginas, las que se pueden ver firmadas en sus números, y tantas otras sin firma, descuidaba por mi dedicación a la revista mi bufete profesional. Mis pasantes resolvían la mayoría de asuntos, pero mi entrega a Vindicación me provocó un gran declive de mis ingresos durante todo el tiempo que duró.

Es difícil describir de forma convincente, en unas pocas líneas, el sufrimiento que me ocasionaron los ingentes trabajos que me tomé a fin de conseguir el dinero que era preciso cada mes para pagar los gastos de la revista. Me levantaba cada mañana, y apenas había dormido agarrotada por la angustia, pendiente de lograr el millón de pesetas mensuales que nos costaba la maquetista, la imprenta, el grabador, el papel, la encuadernación, el mantenimiento del local, la plantilla laboral, las fotografías y las colaboraciones.

Al cabo de un par de meses de que hubiera salido a la calle el primer número, era evidente que yo sola no podía llevar adelante aquel ingente trabajo. Contraté entonces a Ana Estany, para que me ayudara, que era licenciada en Filosofía y la persona que parecía menos idónea para semejante encargo, pero lo cierto es que la escogí a ella más por el deseo de resolverle el problema laboral que sufría, que por el convencimiento de que fuese la persona adecuada para semejante menester.

Pero la principal responsabilidad de la financiación la tenía yo, y la cumplía angustiosamente. Eliseo aportó grandes cantidades, tanto de sus ingresos, entonces más abundantes, como de préstamos y donaciones que consiguió, mientras yo buscaba que invirtieran en la revista un sin fin de personajes variopintos, que jamás tuvieron intención de realizar tal cosa. Lograba citas con banqueros, editores, comerciantes, industriales varios, y les explicaba con gran entusiasmo los objetivos de la revista, sus propósitos, sus éxitos ya indudables, la necesidad de mantenerla, de disponer de un medio de información y comunicación como el nuestro, único en España, y en muchos otros países, que no contaron nunca con una revista como ésa. Aquellos personajes me escuchaban mucho más divertidos con mi apasionamiento e ingenuidad que interesados por el proyecto que les ofrecía, que les resultaba absolutamente insólito e indiferente. Les pedí ayuda económica y préstamos a amigos y clientes, y amigos de amigos y clientes de clientes. Recuerdo la frustrante y hasta desagradable conversación que sostuve con un empresario que me había recomendado una pariente suya, la fotógrafa Marta Sala. Me citó en un restaurante a la hora de cenar, donde celebraba con unos amigos suyos una reunión alegre y jocosa en la que todo el mundo hablaba a gritos y se reía estentóreamente. Aquel personaje, distraído entre brindis y brindis, chistes verdes y alusiones machistas de sus compinches, me permitió que le explicara mi pretensión, en una breve exposición que apenas podía oír en medio de aquella baraúnda. Luego me sometió a un exhaustivo interrogatorio, con tono irónico y mirada despreciativa, sobre la revista, nuestros propósitos y las necesidades económicas que teníamos, para concluir recomendándome que pidiera el dinero en pocas cantidades a muchas personas, en vez de pretender que unos cuantos me diesen varios millones. Y sobre todo que recurriera a las feministas que, por cierto, eran las más interesadas en que se publicara. Con el estómago vacío, que aquella situación no me permitió tragar bocado, y un regusto a ceniza en la boca, la ceniza de mi proyecto prematuramente acabado, volví a casa a seguir pensando cómo salvar nuestra Vindicación.

Porque a las feministas no había manera de sacarles el dinero. La revista costaba cuando salió a la venta ochenta pesetas, ¡ochenta pesetas al mes!, y a todas les pareció cara. Cuando al año siguiente la subimos a cien, las dirigentes y afiliadas de otros grupos feministas se indignaron, y una serie de mujeres de izquierda, sindicalistas, intelectuales, me reprocharon mi poca sensibilidad para con los problemas de las pobres mujeres que no tenían dinero para pagar una revista tan cara. Solo regalándola hubiese quizá merecido su aprobación. Respecto al precio, que no al contenido, como más tarde tuve ocasión de comprobar.

Las dificultades económicas provenían de la falta de publicidad. A pesar de que para nuestro género vendimos más ejemplares que ninguna otra revista feminista que se hubiese publicado en España, ni antes ni entonces, ya que en el año 1977 poníamos a la venta treinta cuatro mil ejemplares, apenas algunas editoriales nos concedieron unos cuantos anuncios. Precisamente la que entonces era secretaria de mi bufete, hoy abogada, Montserrat Fernández Garrido, comenzó a trabajar conmigo buscando anuncios para Vindicación. Montserrat entró en contacto conmigo porque escribió a Vindicación una hermosa carta de apoyo y adhesión feminista que recibió Ana Estany, a raíz de la cual se entrevistó con ella y me la recomendó para que colaborase con nosotras. Pero a pesar de sus esfuerzos, no consiguió los preciados contratos de publicidad y fue mucho más productivo y gratificante para ella que comenzara a trabajar en mi despacho como secretaria, a que prosiguiera su estéril esfuerzo de visitar empresas que lo último que deseaban era anunciar en Vindicación. De tal modo que cuando aquella imposible empresa de conseguir publicidad se reveló imposible, la contraté en mi bufete y de allí se afilió entusiasmada a la OFR y más tarde fundó con nosotras el Partido Feminista, y durante veinticinco años estuvimos juntas, primero como ayudante y después, cuando terminó la carrera de Derecho, que estudió a instancias mías, se hizo cargo de mi gabinete de abogadas hasta que de él se fue en 2003.

Cada número de la revista costaba un millón de pesetas de los años setenta, y con la venta era imposible cubrir gastos, porque el precio, a pesar de las quejas de las “obreristas” que tanto defendían nuestras “compañeras” feministas, era político, es decir, en absoluto correspondía a lo que nos costaba de gastos de producción, personal y administración, cada ejemplar de la revista, sin pretender obtener ni un céntimo de beneficios, sobre todo porque la distribuidora percibía el cuarenta por ciento del precio de venta. Nunca se cubrían gastos, porque fuesen más o menos las ventas, siempre quedaba un déficit. Ya sabemos que la publicidad es la que mantiene los periódicos y las revistas. Tampoco vendimos lo suficiente para equilibrar las entradas y salidas. Cuantos más ejemplares poníamos a la venta, más vendíamos pero también gastábamos más, lo que originaba una sucesión ininterrumpida de pérdidas. En los meses en que distribuimos treinta y cuatro mil ejemplares, vendimos veinticinco, lo que supuso que nos devolvieran nueve mil cada mes. Cuando fueron veinte, y hasta quince mil, en los estertores ya de la vida de la revista, nos devolvían de cinco a tres mil. Cada primero de mes la distribuidora nos comunicaba los que se hallaban en su almacén a nuestra disposición. Y todos esos miles de ejemplares que contenían sesenta y cuatro páginas interiores, impresos en papel offset de ochenta gramos, con portada de doscientos cincuenta, en cuatricolor, y que había costado el trabajo de muchas horas de un mes de varias docenas de personas, ¡todos ! ¡todos! ¡ había que destruirlos! No se si alguien, ajeno o perteneciente a esa profesión, puede imaginar el sufrimiento que significaba ver como un operario del almacén pintaba en rojo los paquetes atados con bramante y después con una carretilla los llevaban hasta una guillotina inmensa que los cercenaba por la mitad. El final era la recicladora que los convertiría en papel de embalaje o cartón o bolsas.

Y nunca fueron tantas las compradoras incondicionales que hubiesen permitido hacer tiradas mucho más grandes y abaratar costes. El equilibrio únicamente lo hubiéramos podido encontrar con cincuenta mil ejemplares de venta, cifra imposible dados los hábitos de lectura de los españoles, y de las españolas en particular.

En los últimos meses, cuando entre Eliseo, Marisa, Jaime, Carmen y yo habíamos agotado todas las fuentes de financiación que estaban a nuestro alcance, intenté diversos acuerdos con otras revistas no mayoritarias para llegar a algún acuerdo de edición conjunta, pensando que una colaboración de medios de comunicación alternativos, como eran los nuestros, sería interesante también para ellos. Ninguno atendió mi oferta. Me recibían con una actitud de condescendencia tanto hacia mi como hacia Vindicación, a la que consideraban despreciativamente como una revista de mujeres. Nosotras tuvimos que cerrarla al cabo de unos meses, los otros concluyeron muy poco después.

Los dos intentos que siguieron a éste para obtener la ayuda solidaria de aquellos que estuvieran interesados en que Vindicación sobreviviera, fueron, primero, lanzar una campaña de suscripciones en la que explicábamos la extrema situación económica en que nos hallábamos. Solo precisábamos cinco mil para salir adelante, y no parecían muchas si teníamos en cuenta que en los momentos peores editamos veinte mil ejemplares. Recibimos en total de toda España ciento veinte, ochenta sólo de Barcelona. Por eso, todavía hoy, tengo que reprimir la respuesta que desearía dar cuando alguna mujer se me acerca para preguntarme por qué cerramos Vindicación, asegurándome que ella sintió mucho su desaparición, ya que le parecía una revista estupenda y absolutamente necesaria para las mujeres, que ella la compraba cada mes y la comentaba con varias amigas, que la había prestado a un sinfín de compañeras del trabajo, que todavía tenía ejemplares que guardaba para dárselos a su hija y recomendarle que la leyera y se la aprendiera de memoria. Y en el desarrollo de su discurso hasta algunas lágrimas se asoman a sus ojos, emocionada al recordar aquellos tiempos en que existía una revista tan estupenda que sin saber por qué, de pronto, desapareció, cuando tantas mujeres estaban dispuestas a seguir comprándola y leyéndola como si fuera las Tablas de la Ley feminista.

En el último intento de salvarla, cuando no tenía más dinero personal que invertir en ella ni a quien pedírselo, hicimos un llamamiento a los grupos feministas, a los partidos de izquierda, y a los sindicatos.

En definitiva, podría decir que esta es la historia de una tonta que soy yo, que quiso impulsar el movimiento revolucionario más novedoso de la historia de España, crear la revista más avanzada del feminismo y confiar en las mujeres valientes y luchadoras dispuestas a cambiar la opresión milenaria patriarcal. No recibimos ninguna ayuda de las dirigentes y representantes del Movimiento Feminista ni del Movimiento Sindical y sí multitud de insultos, de envidias y de zancadillas. Quejosos los partidos y los sindicatos por las críticas que de ellos habíamos publicado, envidiosos los grupos feministas que nunca tuvieron valor suficiente para llevar a cabo una aventura semejante, todos prefirieron que desapareciéramos. Nuestra existencia resultaba demasiado provocadora, demasiado exigente, demasiado lúcida.

Vindicación tenía el tiempo contado desde el momento en que no se alineó con ningún partido, en que no se situó al amparo de ningún poder, en que no obtuvo la financiación necesaria adulando a un grupo financiero o mercantil, repitiendo las consignas de moda y apoyando las medidas represivas del gobierno u ocultando los sucesos escandalosos y hasta sangrientos que todos los días protagonizan diversas instituciones del Estado.

Los tiempos de Vindicación feminista fueron tiempos de trastornos y conmociones múltiples en España. Cambiaba el sistema político y aunque dicho cambio estuviera dirigido por la burguesía y la oligarquía política del régimen franquista, los partidos de izquierda, cuyos militantes habían luchado bravamente contra la dictadura, pretendían tener alguna participación en el reparto de puestos de poder. Los sindicatos, los movimientos sociales, estudiantiles, de vecinos, surgidos en los tiempos represivos esperaban ver acrecentada su influencia en tiempos de libertad, y las mujeres que acababan de salir a la escena pública exigían, por primera vez, la legalización de sus derechos y su cuota de protagonismo.

Pero en el seno del Movimiento feminista no sólo se discutía de política, de elecciones, de reparto de poder, de la situación económica; los colectivos más progresistas querían debatir hasta la raíz todos los problemas humanos. Fue un tiempo vivido con pasión y enormes esperanzas, en el que unos cuantos colectivos- supongo que no muy numerosos a la vista de lo acontecido más tarde- invirtieron todos sus esfuerzos y entusiasmo en llevar adelante ambiciosos e irrealizables proyectos de cambio social.

Y en aquellos años todas las periodistas y escritoras que hoy son números unos colaboraron en Vindicación y aseguraron estar de acuerdo con nuestro ideario. Ningún nombre de las que tienen hoy entre cincuenta y sesenta años, o más, dejaron de escribir para nuestra Revista. Desde Ana María Moix que fue la secretaria de redacción hasta una infantil Rosa Montero, que comenzó su carrera periodística con las colaboraciones que le publicamos nosotras, todo el espectro profesional estuvo en Vindicación. Carmen Alcalde, Marisa Híjar, Ana Estany, Carmen Sarmiento, Empar Pineda, Cristina Garaizabal, Cristina Alberdi, Consuelo Abril, María José Ragué, Carmen Riera, Maruja Torres, Montserrat Roig, Soledad Balaguer, Nativel Preciado, Esther Tusquets, Beatriz de Moura, Marta Pessarrodona, Isabel Clara Simó, Antonina Rodrigo, Magda Oranich, Nuria Beltrán, Dolors Calvet, Trinidad Sánchez Pacheco, las fotógrafas Colita y Pilar Aymerich, la diseñadora Tony Misserachs, (y perdónenme las que olvide) no tuvieron empacho entonces en ser consideradas miembros de pleno derecho del staff de Vindicación. Que por otro lado no había ninguna revista más semejante en todo el Estado. Ni la hubo ni la habrá.

Por todo ello, resulta de una mezquindad inigualable que cuando el jueves 17 de abril se inauguró una exposición titulada “Dones: Camins de llibertad” en el Museu d’Historia de Catalunya en Barcelona, comisariada por Mary Nash y otras cómplices, Vindicación Feminista tuviese un único ejemplar, el dedicado a la Educación, en una vitrina, casi tapado por una decena de panfletitos y revistitas que duraron dos meses, impresas en papel de periódico. Y que Mary Nash me dijera, con el gesto despectivo que me dedicó, que estaba ahí, señalando con una mano, sin dignarse atenderme más. El Partido Feminista de España y el Partit Feminista de Catalunya no existen, ni la OFR, ni la candidatura al Parlamento Europeo, ni la COFEM, mientras La Sal tiene un espacio entero, llenas las paredes de sus pancartas.

Por eso, y porque lo que más les gustaría a las comisarias y al Conseller de Cultura y a la Consellera de Bienestar Social de la Generalitat y a la Directora del Institut Catalá de les Dones, que inauguraron a bombo y platillo la exposición, es que me estuviera callada, no sé si contenta también, y no las molestara, me he tomado el tiempo y la molestia de escribir este resumen, y sólo resumen y muy incompleto, de lo que fue la batalla de Vindicación, y la mía propia, y por eso, os lo envío y os pido la solidaridad que tanto me falta.

Lidia Falcón
Feminista y Abogada

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Mon, 19 Jan 2009 13:56:34 -0600
La ciencia y la revolución de las mujeres http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/12/17/la-ciencia-y-la-revolucion-de-las-mujeres http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/12/17/la-ciencia-y-la-revolucion-de-las-mujeres El descrédito de las utopías, que es sobre todo una victoria para la intelectualidad de la derecha, se ejerce curiosamente en un sector: el de los intelectuales tradicionales, señala la autora de este trabajo. La utopía sigue funcionando en la actualidad, pero no ya entre los intelectuales, sino entre los científicos, que la siguen persiguiendo día tras día en sus laboratorios. Un ejemplo claro se encuentra en los avances científicos que se están realizando en el terreno de la manipulación genética, donde se advierten las diferencias que existen, por ejemplo, entre la reproducción clónica -que no existe- y la reproducción in vitro, o en la posibilidad de fabricación de úteros artificiales, donde los embriones se desarrollen, o en la supresión de la menstruación. Se contraponen aquí las posibilidades que encierra la tan temida reproducción anormal frente a las anormalidades de la normal, señalando un camino de liberación de la mujer que opte por las revoluciones científicas en la genética contemporánea.

ELPAÍS.com
24 Mar 1985
Por Lidia Falcón

Cuando Einstein escribió que era más importante la imaginación que el conocimiento" no imaginó que 20, 30 años más tarde los intelectuales revolucionarios de su época habrían abandonado sus veleidades de juventud y rogarían porque todos olvidáramos la utopía. "Hubo un tiempo en España, antes y después de comenzado el siglo, en que eran miles los hombres y mujeres más dispuestos a luchar y a morir por sus ideales que a renunciar a la utopía", escribía Joan Queralt (El Viejo Topo, junio 1982) al hacer una breve semblanza sobre los anarquistas españoles. Aquellos que todo lo dieron y todo lo perdieron.

Al repasar los temas de nuestra época me ratifico en mi adhesión a Snow cuando dice que "mientras los científicos llevan en la masa de la sangre el futuro, los intelectuales de la cultura tradicional reaccionan con el deseo de que el futuro no exista". Sin embargo, cuando en El alboroto español me sentí obligada a citarlo, me di cuenta de que debía introducir una variante: los intelectuales españoles de la cultura tradicional reaccionan con el deseo de que el presente no exista.

Con el miedo reaccionario que heló los corazones de la intelectualidad de derechas "mientras un fantasma recorría Europa", a finales del siglo pasado, escritores y hasta investigadores como Huxley respondieron agresivamente a las ingenuas utopías que los anarquistas imaginaban y propagaban y los escritores progresistas como Wells novelaban. El éxito de difusión y ventas de Un mundo feliz demuestra que la propaganda de la derecha ha sido más eficaz que la de los hijos y los herederos de Kropotkin o de Alejandra Kollöntai.

Pero no por ello, no porque escritores, publicistas, filósofos o cualquiera otra especie semejante que se atribuya alguno de estos honrosos títulos declare pomposamente que las ideologías han muerto", "la utopía es imposible" o "hay que dejar de hablar de revolución y hablar de adaptación"; no porque Alberoni asegure que el pragmatísmo es la única conducta política que puede salvar al mundo y llevarlo a las altas cotas de bienestar y felicidad de que gozan los estadounidenses, por ejemplo; no porque algún filósofo asegure que no puede haber más concepto de libertad que el que la burguesía acuñó en 1789; no por ello, no, los científicos, siguiendo los dictados de la masa de su sangre, han abandonado la utopía. Y la hacen realidad todos los días, en el paciente trabajo de su laboratorio.

Hay quienes se enteraron muy tarde de los avances que se gestaban todos los días en las probetas -y nunca mejor empleado el verbo gestar que en esta ocasión- y creyeron que fue Shularnit Firestone quien en 1975 descubrió la maternidad in vitro. Recuerdo que cuando en 1969 desarrollé la conferencia La mujer del año 2000, Evelyn Sullerot en 15168 ya había escrito unas líneas sobre el objetivo final de la liberación femenina: la maternidad in vitro, y yo la cité y amplié la utopía hasta el límite de mis sueños. Y quiero soñar porque sólo soñando seré capaz un día de convertir en realidad mis deseos. Mis sueños, ¿mis profecías?, para el año 2000 cayeron como nieve que se fundiera en el acto sobre un público desconcertado que no llegó nunca a entender qué había querido explicarles.

Quince años más tarde los científicos están conquistando el futuro; pero los intelectuales, y cuanto más políticos, más ideólogos y más comprometidos, más están rechazando el presente con una animosidad contra aquéllos que recuerda el anatema galileano. Del Siglo de las Luces, de la Ilustración, pasamos al de la máquina, al de la industrialización. La Idea se hacía realidad en un centenar de años. Hoy, cuando el siglo XXI se acerca, la avanzada de la intelectualidad echa de menos las condenas tridentinas a la investigación. Leo continuas amenazas contra los peligros de las manipulaciones genéticas (que ya se realizan todos los días y que para evitarlas o exorcizarlas no hallan soluciones), contra la posibilidad de creación de seres humanos monstruosos (pero no dan soluciones para acabar con las monstruosas imágenes que todos los días nos sirve la Prensa en Etiopía), contra la esclavitud (en un mundo que mantiene 50 millones de esclavos, la mayoría de los cuales son mujeres vendidas para la prostitución), contra la manipulación femenina (pero nadie sabe qué hacer contra la pornografía y la publicidad). Y todo ello porque la reproducción in vitro, está ya aquí, y de momento sólo la aprovechan los vendedores de piensos y de ovejas.

Claro que hoy no debe haber temor de que se industrialice masivamente, puesto que, como decía Steptos (el padre artificial de la niña Louise Brown), mientras no se demuestre lo contrario "lo más barato son los úteros femeninos".

En La razón feminista y en Poder y Libertad (número 4) lo he escrito. Lo sigo repitiendo en todos los foros internacionales. La verdad es que en éstos no se escandalizan. Pero aquí sí resulta necesario repetir continuamente algunos conceptos que se han mistificado, falsificado u ocultado. Como el de la reproducción clónica, por ejemplo, que no existe, o la posibilidad de fabricar, ¡por fin!, úteros artificiales sin depender del alquiler de madres (seres humanos, ¿no?) portadores de embriones, que luego han de parir y que a veces después no quieren vender. Porque hoy y siempre, y mientras no se demuestre lo contrario, lo importante es vender y ganar dinero, y la mercancía más barata y que más beneficios produce son los seres humanos. Sobre todo del sexo femenino.

Creo que es bueno para la información de todos saber que la reproducción clónica no existe, y que es posible, por el contrario, fabricar probetas donde los embriones (previamente fecundados artificialmente y congelados) se desarrollen. Como también que la menstruación es absolutamente innecesaria para mantener sana y feliz a cualquier mujer.

La equivocación físiológica de la mujer moderna

Antes de que el control de natalidad y el avance de la medicina le permitiese a una mayoría de mujeres (en los países occidentales industrializados) sobrevivir a la adolescencia de su último hijo, y, lo que es mejor, a la adultez de éste y a veces a la de sus nietos, tras haber visto crecer sanos a todos los hijos que dio a luz, las mujeres tenían muy pocos períodos de infertilidad en su vida. Desde la menarquía hasta la menopausia -y pocas alcanzaban este feliz estado-, las hembras humanas se reproducían y reproducían, en el mayor despilfarro de vidas humanas.

Con una expectativa de vida -en Europa- de 45 años para los, hombres y de 35 para las mujeres a finales del siglo pasado es fácil entender que las menstruaciones no constituyesen ningún objeto de interés científico en ese momento. Los esfuerzos médicos estaban entonces dedicados a salvar a las madres de la fiebre puerperal que había ocasionado la masacre femenina de todos los tiempos. Pero hoy la menstruación, que sólo significa ausencia de embarazo, se repite para la mujer que no tiene más allá de dos o tres hijos durante más de 30 años antes de alcanzar la menopausia. ¿Y para qué?

Los últimos estudios han llevado a concluir que ésta conlleva para la mujer diversos trastornos generalizados: anemia crónica y depresión fisica y psíquica. El primero está motivado por la pérdida de sangre propiamente dicha. De acuerdo a estudios cuantitativos precisos, la pérdida menstrual media por cada ciclo es de 43 mililitros, con una tendencia creciente en flunción de la edad y del número de hijos. Así, el 10% de las mujeres pierde al menos 100 mililitros de sangre. Si tenemos en cuenta que un glóbulo rojo tarda aproximadamente de 20 a 25 días en formarse, comprenderemos que las mujeres no tengan nunca repuesta su reserva necesaria de sangre. A esta deficiencia hay que añadir el síndrome de la tensión premenstrual, con su cuadro de depresiones típico.

Short señala que "si se advierte que: una serie ininterrumpida de ciclos menstruales es una experiericia relativamente nueva para nuestra especie, les plantea la cuestión de su posible nocividad". Short se refiere, entre otros casos, a la incidencia que ello pueda tener en el aumento constante de cáncer de mama y de matriz, sefialando que la mayor incidencia de estas enfermedades se produce en los países desarrollados. Datos estos que, manipulados por los médicos tradicionales, han venido muy bien para aconsejar a las mujeres que tengan más hijos con el fin de evitar tales males. Ninguno ha sido lo suficiente honesto para aconsejar que supriman las menstruaciones.

Short explica que "no cabe duda de que esta multiplicación por nueve de la duración del período cíclico en las mujeres modernas plantea una serie de problemas nuevos para nosotros. No tenemos ninguna experiencia anterior en la evolución y no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a una tal situación. Cosa curiosa: con el método más eficaz de anticoncepción, la píldora, que actúa antes de la ovulación, elegimos imitar el ritmo mensual menstrua¡, ya que se considera éste como un estado más normal que la amenorrea, y, por consiguiente como más aceptable. Ahora bien, si es más aceptable, no es en modo alguno más normal. Los prejuicios ginecológicos enraizados en la medicina occidental han favorecido, sin duda involuntariamente, el desarrollo de formas de anticoncepción inadaptadas tanto a la experiencia pasada como al porvenir de la humanidad. Menos mal que lo dice Short.

Cuando los literatos y los filósofos, y desgraciadamente también las feministas -esas que no defienden la ficción (sic) científica de los bebés probeta-, escriben sus lamentos jeremiacos sobre las manipulaciones de la reproducción anormal no suelen mencionar las manipulaciones de la reproducción normal. La mayor parte de las veces porque ni las conocen, el resto porque no les importan.

Este presente terroríficorio solamente nos depara miles de mujeres muertas cada año por intentar abortos sépticos (curiosamente, de este tema no dicen nada las feministas que tan preocupadas están siempre por la reproducción artificial), aquí y en más de la mitad de los países del mundo, sino también ofrece unas cifras bastante más desalentadoras y desgraciadas que la posibilidad de vivir en un mundo feliz en el curso de unos cientos de años.

Las organizaciones internacionales explican que la subalimentación de la madre gestante es la primera causa de la fabricación de niños raquíticos, subnormales o deficientes. Y esa inhumana monstruosidad que constituye el hambre, que este año ocasionará siete millones de muertos sólo en Etiopía, no está contabilizada como manipulación política y económica de los Gobiernos por los autores profetas de apocalipsis futuros científico-técnicos.

Monstruosidades 'humanas'

Los médicos nos avisan que la escasa nutrición durante la gestación de la madre, incluso en períodos cuenta que una parte muy importante (casi el 65%-75%) del desarrollo del cerebro humano se produce en la vida posnatal, es preciso también asegurar la nutrición del recién nacido para evitar subnormalidades. Pero si pensamos que los negritos, los indios, los malasios, los indonesios, los etíopes, los mauritanos, los chadianos y demás razas, tarados, subnormales, enanos o tontos, no nos preocupan como futuro de la especie humana, y que incluso es bueno que en el mundo exista esa clase de seres para que la esclavitud no se acabe, no debemos estremecernos con el infantil relato de Huxley y sus semimonos fabricados para trabajar en las minas y en los ascensores.

Muchas otras monstruosidades humanas se producen todos los días sin que estos perpetuos escandalizados manifiesten su repulsa. La fuga de dioxina de la fábrica de Seveso en 1976 llevó a la intoxicación a un sinnúmero de mujeres gestantes, que no pudieron abortar porque el obispo de Milán les auguró el infierno para la otra vida. En ésta lo viven diariamente los niños que nacieron con mandíbula corta, pabellón auricular devastado, deformación de la uretra y falta de apertura del intestino tenue.

La talidomida provocó hace más de 20 años nacimientos de niños a los que les faltaban las extremidades, sin ojos, sin oídos, con parálisis cerebral. En 1978, 21 años después de la talidomida, otro producto alemán, el Duogydon, ha provocado nuevos nacimientos de niños con graves deformaciones. Otro producto: el DES, utilizado paradójicamente para evitar abortos espontáneos, produce carcinoma vaginal y cervical, además de otros problemas de distinta gravedad tanto a las madres como a los hijos de éstas.

La ciencia humanista, esa que rechaza la reproducción artificial con el mismo horror que el aborto, está todos los días fabricando pobres monstruos condenados al horror de existir como tales en nombre del derecho a la vida, al humanismo y a la naturaleza.

El 4 de diciembre de 1977, EL PAÍS informaba que en un hospital de Brooklyn, en Nueva York, una mujer embarazada de cuatro meses que fue declarada clínicamente muerta al faltarle toda actividad cerebral estaba siendo mantenida artificialmente por un equipo de médicos con la esperanza de salvar la vida del feto, que tardaría aún cinco meses en nacer. Este experimento fue contestado científicamente por la mayoría de los obstetras del país, puesto que, aparte de la gran dificultad de que el corazón del cuerpo de la madre, que en realidad era un cadáver y no un ser vivo, pudiera trabajar con más fuerza a medida que el feto fuese creciendo, no existía ninguna garantía de que el niño alcanzase los nueve meses de gestación y de que, fuese cual fuese la fecha de su nacimiento, éste se produjese en condiciones normales. No existía siquiera seguridad de que el sistema fetal estuviese absorbiendo los elementos nutritivos que se inyectaban a la madre y tampoco de que el flujo de sangre que llegaba al útero fuese el necesario. ¿Bajo qué presupuestos, pues, había que esperar el nacimiento de un niño normal?

Pero estos experimentos no están condenados ni por las Iglesias, ni por los humanistas, ni por los intelectuales progresistas que padecen el síndrome del pánico a la reproducción artificial.

Cada año nacen en España 3.500 niños que presentan enfermedades congénitas por falta de determinadas hormonas (aminoacidopatías) que de no serles administradas a partir del día 20 de vida los convertirá irremediablemente en subnormales profundos. Según Aspanias, en 1979 se contabilizaban 360.000 subnormales, de los cuales el 50% o 60% lo eran por problemas en el embarazo, el parto o la primera infancia. Sobre una estadística realizada en 34 hospitales de diversas regiones españolas, el 30% de las malformaciones congénitas es de origen genético, por genes anormales, alteraciones cromosómicas y factores ambientales (como radiaciones, virus, agentes químicos, etcétera), y el 70% es de origen desconocido, pero se inclinan a creer que son debidos a factores ambientales (Estudio colaborativo español de malformaciones congénitas, EL PAÍS María Luisa Martínez Frías, directora del ECMC.) En España, según datos publicados en del 10 de marzo de 1981, en 1980 había 670.000 handicapados de todas clases.

La esperanza de acabar con esta interminable lista de fetos inviables, tarados, monstruosos, que solamente producen desdichas humanas, no parece hallarse muy cercana. No solamente los alaridos indignados de los contrarios a la práctica del aborto no dejan oír los gemidos de sufrimiento de estas criaturas, sino que la deontología médica, y la corriente sociológica que vuelve a lo natural como lo mejor y más humano, tiende a mantenerlos con vida aun en contra de todo pronóstico de curación.

Y esta tranquilidad que proporciona la seguridad de que nada va a cambiar en nuestro entorno, en un entorno cómodo, abundante, sano; esa típica expresión del conservadurismo de cualquier tipo y en cualquier sector es lo que quieren defender -como si defendieran su propia supervivencia- los intelectuales profetas del mundo monstruoso que la reproducción in vitro nos anuncia. Los miedos a lo desconocido se hacen más verídicos, más terroríficos, más reales que la propia realidad para estos profetas de la catástrofe continúa. Exactamente la antítesis de sus optimistas predecesores anarquistas, socialistas, comunistas, que todo lo confiaron a la revolución porque ellos sí apostaban por el futuro. Pero éstos, los de hoy, han llegado tarde. El presente se está ya vengando de ellos.

En este presente, las investigaciones genéticas continúan su inexorable y rápido camino hacia el éxito. El que parece hoy más lejano es la fabricación de las células femeninas que componen el óvulo. Hasta hoy cualquier experimento sobre fecundación in vitro debe contar con un ovario femenino que fabrique dentro del cuerpo femenino los óvulos necesarios. La fecundación por el esperma y la división del blastocito, el óvulo fecundado, hasta una fase avanzada de gestación del feto son fases del trabajo científico que han alcanzado una buena parcela de éxito.

Y, sin embargo, se mueve

Por el contrario, la divulgación de noticias falsas, como la reproducción clónica de ratones, ha sido tomada en serio por alguno de esos asustados especialistas que escriben sobre la posibilidad de la reproducción clónica humana, cuando únicamente se ha logrado la introducción de una célula de una rata negra es la célula de una rata blanca, a la que los genes de aquélla transmitían la información del color que portaban.

Clónico significa el sujeto que se ha formado a partir de la célula de una sola persona, sea macho o hembra, sin necesidad de fecundación por el sexo contrario. Esta clase de reproducción no se ha conseguido todavía para los mamíferos (y se duda científicamente de esa real posibilidad), y sobre todo se halla muy lejos de alcanzarse para la especie humana.

En cambio, la posibilidad de proseguir la gestación del óvulo fecundado en incubadora, que hoy ya se conserva congelado en bancos especiales, a la espera de que un útero femenino quiera acogerlo -incluso aun cuando se provoquen problemas tan graves como el de la muerte de los donantes del óvulo y del esperma, que han obligado a destruir el embrión- es rechazada porque significaría dar un paso de gigante en la liberación femenina. Como tampoco causa escándalo el alquiler de madres gestantes o los bancos de embriones congelados.

La mujer como mercancía

Pero el feminismo consecuente está siempre clamando contra toda clase de esclavitudes, de explotaciones, de prostituciones, y nunca ha defendido la "liberación de las privilegiadas sobre las espaldas de una casta de reproductoras". Por el contrario, estamos siempre intentando liberar a las mujeres de tantas manipulaciones fisicas, psíquicas y económicas como he descrito. Por ello precisamente no defendemos el alquiler de úteros, sino, exactamente, la reproducción in vitro, esto es, en probeta. Precisamente para defender la dignidad de la persona, que en este tema siempre es una mujer.

Las actitudes cautelosas frente a la ciencia no suelen ser más que la manifestación del reaccionarismo de quienes las sustentan. Ni la fecundación artificial se detendrá, ni en la investigación ni en la práctica, ni la reproducción in vitro dejará de ser una realidad en tiempo más o menos largo. Lo verdaderamente importante para las mujeres, para el feminismo y, en definitiva, para toda la humanidad es que las fuerzas progresistas del mundo, las que miramos hacia adelante y no hacia atrás, seamos capaces de tomar nuestro destino en nuestras manos en vez de abandonarlo en las de la reacción. De esa reacción que se llama a sí misma humanista mientras utiliza la técnica para masacrar a los seres humanos.

Por ello, el feminismo no es humanismo, por ello las feministas luchamos contra las explotaciones de todas las clases -la prímera, la de las mujeres- y a favor de la dignidad de los seres humanos, que vendrá también de la mano de la tecnología.

Remedando una célebre frase de Lenin, diremos que la revolución de las mujeres triunfará con el feminismo más la reproducción in vitro.

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Wed, 17 Dec 2008 23:07:29 -0600
Siempre en la brecha - Entrevista a Lidia Falcón http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/12/06/siempre-en-la-brecha-entrevista-a-lidia-falcon http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/12/06/siempre-en-la-brecha-entrevista-a-lidia-falcon Entrevista a Lidia Falcón publicada en la revista El Viejo Topo No. 241 en febrero de 2008.

(Haz clic en la imagen para descargar la entrevista)

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Sat, 06 Dec 2008 16:46:15 -0600
"Mujeres cómplices de los hombres las ha habido siempre" http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/11/24/mujeres-complices-de-los-hombres-las-ha-habido-siempre http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/11/24/mujeres-complices-de-los-hombres-las-ha-habido-siempre "Hemos avanzado, indudablemente con respecto a la época de la dictadura franquista y, mucho más, si nos comparamos a la Edad Media. Sin embargo, no hemos llegado ni al 20% de lo que teníamos que haber avanzado. Sólo hay que echar un vistazo a los datos"

DEIA.com
25 Nov 2007
Por Nekane Lauzirika

BILBAO. "El hecho de ser mujer no significa ser feminista. Lo que hace falta es que el feminismo ocupe el poder. Mujeres cómplices de los hombres, de derechas, beatas, fascistas, indiferentes... las hay y las ha habido siempre. Es como si todos los obreros por serlo fueran comunistas. Hay mujeres que son indiferentes por falta de preparación. Ser socialista es tener un carné y pagar la cuota. Ser feminista es estar en la batalla", remata.

Los partidos políticos no arriman el hombro al feminismo

Nosotras hemos conseguido llevar el feminismo a la política, que es un salto cualitativo importante. Hemos unido diversas maneras de entender el feminismo en un proyecto para llevar a las instituciones a través de las elecciones. Los partidos políticos viven de espaldas al feminismo. Si el feminismo no llega al Parlamento, a los ayuntamientos, no hemos hecho nada. Porque esas mujeres lo que hacen es votar lo que vota su partido y cumplir lo que les dicen sus cúpulas masculinas, duplican el voto.

El que nace niño o niña, ¿tiene la misma igualdad de oportunidades?

El sistema está basado en el trabajo doméstico de las mujeres. Cuando tenemos menos niños no hay más que lamentos; la supervivencia de los seres humanos recae sobre las mujeres. El trabajo de las mujeres es sedundario. Se supone que pueden estudiar -por supuesto se amontonan en carreras de humanidades- pero cuando son madres llegan los problemas y quien deja de trabajar es la mujer; son ellas las que solicitan las medias jornadas porque son las que tienen los peores puestos, las que cobran menos. Las diferencias salariales del 30% al 50% son las mismas que al principio del siglo XX.

¿Las leyes de igualdad de oportunidades se cumplen?

El sistema económico es el que está manteniendo la estructura por la cual la mujer está en una situación de inferioridad con respecto al varón. Si el Estado tuviera que aportar el dinero para cuidar a los niños, ancianos, discapacitados, dependientes... quebraría. No están dispuestos a defender a las mujeres de un sistema patriarcal que ellos mismos están sustentando.

¿Son un brindis al sol?

Son leyes muy incompletas. Además, hay una serie de grupos activos, machistas que hacen campañas muy eficaces porque les parece que a las mujeres nos están dando demasiadas ventajas. Pero, las leyes son un brindis al sol. Por ejemplo, la Ley de Discapacidad lo que propicia es que las mujeres se queden en casa al cuidado de un gran dependiente. Por ello se les dará 300 ó 600 euros. Un Estado social lo que debe hacer es liberarlas de esta responsabilidad y permitirles tener un trabajo asalariado y propio. Nos dirán que esto es mejor que nada. Pero lo justo es incorporar a las mujeres al mercado laboral. Para ello hay que crear una estructura de ayuda social, con residencias adecuadas, ayuda domiciliaria...

"Si el feminismo no llega Parlamento, las mujeres votarán lo que diga su partido y sus cúpulas masculinas"

"Un Estado social debe liberar a las mujeres del cuidado de los dependientes creando estructuras sociales"

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Mon, 24 Nov 2008 13:22:12 -0600
Lo que no me ha pasado a mí http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/11/13/lo-que-no-me-ha-pasado-a-mi http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/11/13/lo-que-no-me-ha-pasado-a-mi Público.es
11 Nov 2008
Por Lidia Falcón

Ilustración de Iker AyestaranCuando César Falcón, mi padre –escritor, periodista, director del periódico del Partido Comunista Mundo Obrero y de la emisora de radio que retransmitía las crónicas de la guerra, Altavoz del Frente–, salió de España en marzo de 1939 huyendo de la persecución de las tropas franquistas para exiliarse en Francia y posteriormente en México, nunca creyó que jamás podría regresar a aquel país que había sido su patria durante 20 años y por cuyo progreso había luchado hasta el último minuto.

Cuando Carlota O’Neill de Lamo –hermana de mi madre, Enriqueta O’Neill–, esposa del capitán de aviación Virgilio Leret Ruiz, fue detenida en Melilla dos días después de que su marido fuese fusilado por las tropas facciosas que se habían alzado en armas contra el Gobierno de la República, nunca pudo imaginar que 72 años después, y en plena democracia española, no se habrían investigado y juzgado todavía los crímenes cometidos por los responsables de la dictadura que encabezaba Franco. Tampoco hubiera podido imaginarlo cinco años más tarde, cuando salió de la prisión melillense, viuda, sin conocer siquiera la tumba de su marido, y recogió a sus dos hijas, María Gabriela y Carlota, de ocho y diez años, en el asilo de huérfanos de militares de Aranjuez.

Ni cuando tuvieron que exiliarse en Venezuela, ocho años más tarde, ni ella ni mi madre ni mi abuela, Regina de Lamo, pudieron imaginar, terminada la II Guerra Mundial y abandonada España por las potencias democráticas a los horrores de la dictadura, que en 2008 la Audiencia Nacional española, ya en democracia, impidiese que los descendientes de las víctimas buscasen los restos de sus antepasados, tirados en las cunetas de las carreteras y en las peñas de los montes, como si de perros abandonados se tratase.

Las décadas han transcurrido, indiferentes al sufrimiento de las víctimas de la represión franquista: 200.000 desaparecidos, 250.000 fusilados, 600.000 encarcelados, un millón de exilados (en proporción a su población, 22 millones de habitantes, España es el país con más pérdidas humanas derivadas de una guerra civil). Durante los interminables años de la dictadura, luchábamos por sobrevivir y acabar con aquel infame régimen que se prolongó más que ningún otro régimen fascista europeo, pero al fin conquistamos toda la democracia que nos dejaron, y desde entonces, otros 30 años más, estamos exigiendo que se reconozca la injusticia de los juicios espúreos que se celebraron manu militari y que acabaron con el fusilamiento o la prisión de miles de personas, por sus actividades políticas o sindicales. Que se investigue el paradero de los miles de desaparecidos, que se indemnice a las víctimas o a sus herederos.

Nada de esto se ha producido todavía, a pesar de la esforzada labor que durante 20 años han realizado particulares y asociaciones en reclamación de la verdad, de la justicia, de la dignidad. En este año 2008, el auto del juez Baltasar Garzón iniciando diligencias para investigar los crímenes del franquismo había dado un poco de esperanza a los solicitantes, pero los ilustres magistrados de la Audiencia Nacional, tan parecidos a aquellos que juzgaron la represión desde el Tribunal de Orden Público, se la han quitado. Los franquistas siguen rigiendo la justicia española.

En España, los franquistas, que siguen detentando los bienes de los que se apropiaron, continúan inundándonos con los mismos gritos destemplados de siempre, con su inaudita falsificación de la realidad, con sus burlas del genocidio que perpetraron, con su desprecio por los sufrimientos de un país que perdió en tres años el más consciente movimiento obrero, las mejores cabezas de la intelectualidad, la magistratura, el profesorado, la universidad, la investigación, los dirigentes sindicales y políticos, que fue sepultado en la miseria económica y moral durante medio siglo. Perdida la Guerra Civil, perdimos también la II Guerra Mundial, y por tanto nuestro destino no fue el de las potencias aliadas, pero tampoco el de la Italia fascista. Aquí quedamos los españoles hundidos en el pantano de corrupción y crimen de la dictadura, y después, cuando se celebró el nacimiento de una democracia modélica, y durante otros 30 años más, ni siquiera nos permitieron recordarlo. Por ello, la mayoría de los descendientes de las generaciones que la soportaron ignora la verdadera horrible realidad de aquella etapa.

Lo más demoledor de la historia española es que no solamente los herederos de los franquistas niegan la represión que ejerció su apreciado régimen, sino que los que no la vivieron directamente la minimizan. Las obras que se han publicado, las películas que se han filmado, los reportajes que se han realizado, no reflejan en todo su horror lo que fue la vida cotidiana, la lucha de los resistentes antifranquistas, la brutalidad y sordidez de las prisiones, la miseria del pueblo, los actos de tortura que se producían constantemente en las comisarías y cuarteles contra todo disidente o simplemente sospechoso. Porque los muertos no hablan, los exiliados lo hicieron allende los mares, los que quedaron aquí silenciados no pudieron dar testimonio de la profundidad de la destrucción de nuestra condición humana.

Por eso es posible que los que no se enteraron de la verdadera miseria de nuestra vida consideren que no vale la pena remover las historias del pasado, porque piensan que lo que no me ha pasado a mí no le ha pasado a nadie. Por eso es posible que sigan oyéndose todavía más altos los gritos fascistas que los de las víctimas.

Lidia Falcón es abogada y escritora. Presidenta del Partido Feminista de España

Ilustración de Iker Ayestaran

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Thu, 13 Nov 2008 12:50:47 -0600
Lo público y lo privado http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/11/02/lo-publico-y-lo-privado http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/11/02/lo-publico-y-lo-privado elPeriódico.com
2 Nov 2008
Por Lidia Falcón

Lo privado es público fue la consigna del feminismo cuando inició su movimiento, que lo decía casi todo. Denunciaba el silencio y la invisibilidad con que se habían ocultado las opresiones que las mujeres sufrían al establecer la división de los actos humanos entre los que se presentaban como públicos y los que pertenecían al ámbito doméstico. De tal modo, la violencia contra la mujer y los niños, los abusos sexuales y las violaciones, la división sexual del trabajo, la marginación de la mujer del trabajo asalariado, eran situaciones que no debían ser analizadas bajo las normas democráticas de derecho público, porque únicamente concernían a la voluntad individual de las personas.

Cuando la denuncia de tal estado de cosas pudo ir imponiéndose sobre la conciencia colectiva y se consiguió que se tomara en cuenta en los programas de los partidos políticos y en las normas legislativas, entramos, por fin, en el ámbito de los países avanzados y democráticos. Y ese cambio se introdujo en los cuerpos legislativos, que es por donde se comienzan las transformaciones políticas. Las leyes aprobadas desde aquellas fechas que regulan las relaciones personales y familiares entre los sexos fueron introduciendo, muy lentamente, las normas que debían ir situando a las mujeres en los niveles familiares, sociales y económicos similares a los que los hombres disfrutaban hasta entonces.

El Govern de Catalunya se propone, según se ha sabido las últimas semanas, emprender una modificación del Código Civil. Llevado del afán que nos domina de dar testimonio de nuestra modernidad, partiendo del falaz principio de que ya se ha conseguido la igualdad social entre hombres y mujeres, introduce novedades en el derecho de familia que perjudicarán tanto a éstas como a los niños. Las modificaciones han sido exigidas, más que impulsadas, por los colectivos masculinos molestos por los avances que el feminismo ha conseguido. Así, la custodia compartida, prácticamente impuesta incluso contra el acuerdo de los padres y, por supuesto, contra el deseo del niño, significará una fuente de sufrimientos y problemas para las madres y los hijos. Especialmente para estos, que, en vez de tener un domicilio estable --la seguridad de lo cotidiano tan necesaria para construir la personalidad sana--, se verán trastornados por el cambio continuo de vivienda, de lugar propio, de vecinos, de entorno conocido, y zarandeados por las influencias familiares, en un continuo ir y venir.

Las abogadas especializadas en el tema sabemos muy bien que esta medida persigue en realidad el objetivo oculto de que el padre se ahorre la pensión de alimentos del hijo. Compartido el tiempo de estancia con los dos progenitores, se comparten también los gastos en igual medida y, en consecuencia, ya nadie tiene que abonar dinero al otro.

No solamente esta modificación perjudica grandemente el interés de la mujer y del hijo, sino que, con menos justificación aún, se penaliza a la mujer privándola de pensiones y uso indefinido de la vivienda. Contra tales normas se han pronunciado claramente, en un buen y documentado informe, la Federación de Mujeres Separadas, explicando con datos, sobradamente conocidos, las diferencias sociales y económicas que subsisten en la calidad de vida y en la calificación social entre los hombres y las mujeres.

Ante tantas desventajas como se amenazan en este proyecto, únicamente se ha admitido la exigencia, que plantean desde hace años las organizaciones de mujeres, de que se establezca la obligación de ambos cónyuges de participar en el trabajo doméstico. Disposición ciertamente retórica, ya que nadie tiene la posibilidad de hacer cumplir la norma mientras el matrimonio convive, pero quizá pudiera dar lugar a algún tipo de resarcimiento por su incumplimiento en el momento del divorcio, objetivo siempre difícilmente alcanzable cuando la judicatura no se plantea indemnizar a ningún cónyuge por víctima que haya sido de los desmanes del otro. Con idéntico objetivo, supongo, el proyecto mantiene también la obligación de guardar fidelidad.

Mientras que las desventajas y retrocesos señalados en el capítulo de custodias no han dado motivo a ninguna crítica por parte de los medios de comunicación, mi última sorpresa ha sido escuchar el rechazo de varios periodistas a las medidas de pensiones y vivienda, las únicas que, condescendiendo con las peticiones de colectivos de mujeres, el Govern ha aceptado incluir.

Y las rechazan precisamente con el argumento de que el Código Civil no puede entrar en el comedor de las casas, ignorando no solo la ya clásica reivindicación de lo privado como público sino que, por su propia esencia, el derecho de familia convierte en actos jurídicos las actividades humanas que se realizan en el comedor y en el dormitorio. Pero no ya a raíz de las luchas feministas, sino desde el derecho romano, por hablar solo de tiempos modernos. La diferencia entre la precursora legislación romana y la actual es que aquella era la base del derecho patriarcal, mientras que hoy hay que pretender que sea la base de un derecho igualitario, que todavía estamos muy lejos de alcanzar, y que, desde luego, no se conseguirá con esta reforma del Codi de Familia.

*Abogada

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Sun, 02 Nov 2008 15:27:16 -0600
22 de Octubre: Jornadas "Mujeres y democracia. Cuatro décadas de feminismo en España" http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/10/17/22-de-octubre-jornadas-mujeres-y-democracia-cuatro-decadas-de-feminismo-en-espana http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/10/17/22-de-octubre-jornadas-mujeres-y-democracia-cuatro-decadas-de-feminismo-en-espana Cuatro décadas de feminismo en España

El 22 de octubre, a partir de las 10 de la mañana en el salón de actos del Rectorado y organizadas por la Cátedra de Estudios de las Mujeres "Leonor de Guzmán", la Universidad y la Diputación de Córdoba y el Instituto Andaluz de la Mujer, tendrán lugar las jornadas "Mujeres y democracia. Cuatro décadas de feminismo en España" en las que intervendrán como conferenciantes Lidia Falcón, fundadora y presidenta del Partido Feminista de España, desarrollando el tema "Democracia Feminista"; Isabel Morant, titular de Historia Moderna de la Universidad de Valencia, que hablará sobre " Relato de treinta años de feminismo"; Remedios Zafra, titular de la Universidad de Sevilla, que intervendrá sobre "Feminismo e Internet (después del entusiasmo)" y Alicia Miyares profesora colaboradora de la Universidad de Oviedo, quien lo hará sobre " Ciudadanía, democracia y feminismo".

El encuentro tiene como finalidad realizar un recorrido por el movimiento feminista en la historia reciente de nuestro país, conocer la influencia que ha tenido en la construcción de la sociedad democrática española y en sus cambios políticos, legislativos y culturales y crear un foro de reflexión sobre los logros obtenidos y los obstáculos que siguen existiendo para la consecución de una sociedad justa e igualitaria. Vivencias y aportaciones teóricas se conjugarán en las ponencias programadas.

Gabinete de Comunicación / C.M.
Martes, 14 de octubre de 2008

 

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Fri, 17 Oct 2008 02:17:23 -0600
La guerra contra las mujeres http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/10/16/la-guerra-contra-las-mujeres http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/10/16/la-guerra-contra-las-mujeres ELPAÍS.com
23 Mayo 1994
Por Lidia Falcón

Taslima Nasrin, la escritora bangladesí, ha sido condenada a muerte por blasfema por los fundamentalistas. En su último libro se atrevió a criticar las normas islámicas que rigen la vida de las mujeres. Desde entonces, el libro ha sido prohibido y Taslima vive encerrada en su casa, después de haber sufrido una grave depresión. Pero la solidaridad de los escritores que ha hecho famoso a Salman Rushdie no se ha extendido a Taslima. Al fin y al cabo, sólo es una mujer. El fundamentalismo avanza a través de desiertos y campos, violando fronteras y vigilancias, para imponer su ley en todo el Magreb y Oriente Próximo, e incluso en países mucho más alejados de esos vecinos nuestros, como Pakistán y Bangladesh. Pero en Occidente se está queriendo ver el fundamentalismo únicamente como un fenómeno patológico dentro de esa ideología racional, progresista y tolerante que los arabistas e incondicionales del islamismo aseguran que está descrita en el libro sagrado Corán. Y seguramente en lo que respecta a los usos y costumbres cotidianos, una interpretación tolerante del libro sagrado permite a los hombres soportar unas relaciones humanas y sociales regidas por el aburrimiento y las interminables prácticas religiosas, pero a las mujeres no. Las mujeres en los países musulmanes son las víctimas propiciatorias de los hombres. Convertidas en esclavas, en animales de carga, en sirvientas, en prostitutas de los varones de la familia, deben llevar sobre sí todas las culpas que una imaginería pervertida masculina ha volcado sobre ellas.

Es el propio Corán el que instituye la poligamia, el que afirma que el testimonio de una mujer vale menos que el de un hombre, el que describe el matrimonio como la compra "del campo genital de la mujer", el que permite que el marido golpee a la mujer, con la única condición de que lo haga con un palo que no exceda del largo de una mano, el que asegura que la mujer debe obediencia al marido porque su entendimiento e inteligencia no alcanza a la de aquél, y el que concede a las hijas en las herencias la mitad de la parte de un varón.

Cierto debe ser, como explican los especialistas, que antes de que a Mahoma se le ocurrieran tan compasivas normas, la situación de la mujer en la península arábiga era mucho peor, fundamentalmente porque no tenía ningún derecho, ni siquiera el de la vida. Pero los que así defienden el islamismo muy comprensivos me parecen con la aplicación de un código que ellos, defensores a ultranza de la democracia y siempre críticos con las dictaduras, no admitirían ni para su perro. Claro que tratándose de mujeres, cualquier cosa es buena.

Pues bien, hoy ya tampoco tienen las mujeres asegurado su derecho a la vida. En Argelia, en el último año, han sido asesinadas 25 mujeres por no observar las reglas de modestia musulmanas que convierten a las mujeres en muertas ambulantes recubiertas de sudarios... y también por observarlas. Los fundamentalistas las matan por no llevar el velo, y unos grupos vengativos de tan sangrienta norma las matan también si visten con ellos.

En Egipto cada vez menos mujeres se atreven a salir a la calle vestidas a la occidental, muchas han abandonado sus trabajos y sus estudios; la conocida escritora y psiquiatra Nawal al Saadawi, fundadora y directora de la Asociación de Mujeres Árabes, ha sufrido el cierre de la asociación, el requisamiento de la documentación y una persecución constante que la ha llevado al exilio en Londres. En Túnez, paraíso de las mujeres en el Magreb, las compañeras feministas me manifiestan sus temores ante la penetración, cada vez mayor, del fanatismo fundamentalista, y cómo únicamente las protegen las medidas, consideradas poco democráticas por Occidente, que ha adoptado el régimen en las últimas elecciones, y que han marginado del Parlamento a los partidos fundamentalistas.

En Arabia Saudí, en Kuwait, en Irán, en Emiratos Árabes Unidos, las mujeres son asesinadas por cuestiones de honor por cualquiera de los hombres de la familia sin que ninguna justicia intervenga, y son lapidadas públicamente por adulterio, encarceladas por conducir un coche, por salir solas de noche, por tener relaciones amorosas sin permiso paterno, por no cubrirse con el velo. Y en todos esos países se sigue practicando la clitoridectomía, que supone la castración de las niñas. Quien quiera conocer el infierno especial para mujeres en que se han convertido esos países debe leer la biografia Sultana. Irán, donde se casa a las niñas a los ocho años, posee el triste récord de ser el país que más mujeres ha asesinado en los últimos 15 años, desde la que algunos consideran "revolución popular" de Jomeini.

En definitiva, siendo el machismo la carga más pesada que las mujeres deben soportar en todos los países, aquellos hombres que profesan la fe del profeta descargan sus frustraciones y pesares en esta guerra contra las mujeres, de la que ninguna organización de derechos humanos ni departamento de la ONU ha hecho objeto de denuncia, ni amenazado con sanciones a los países que la practican, ni ofrecido protección a las víctimas. Ya se sabe que siendo mujeres no merecen nada.

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Thu, 16 Oct 2008 23:32:58 -0600
«En la actualidad, el ideal feminista se está rebajando» http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/09/24/en-la-actualidad-el-ideal-feminista-se-esta-rebajando http://lidiafalcon.nireblog.com/post/2008/09/24/en-la-actualidad-el-ideal-feminista-se-esta-rebajando «Estamos en barbecho y, como sigamos así, retrocederemos», afirma Lidia Falcón en el curso dedicado a Simone de Beauvoir

elcomerciodigital.com
24 Sep 2008
Por C. B. | AVILÉS

Lidia Falcón, ayer antes de su conferencia. / MARIETASu discurso es descarnado, directo, radical. Lidia Falcón permanece fiel a los principios que la han convertido en uno de los principales referentes del feminismo en España, de un feminismo con mayúsculas, revolucionario y crítico. Habla con la pasión de toda una vida dedicada a la lucha por la conquista de los derechos de las mujeres, en la que, asegura, «me he dejado trozos de piel; no nos han regalado nada». Por eso, sus palabras destilan decepción por la escasa ambición del panorama actual. «Se está rebajando el ideal feminista, cuyo propósito es cambiar el mundo».

Abogada, escritora y fundadora del Partido Feminista, Lidia Falcón participó ayer en el curso dedicado a Simone de Beauvoir en el Centro de Servicios Universitarios. La autora de 'El segundo sexo' no se libró de su crítica. «La única novedad que tenía ese libro era cuando decía que 'la mujer no nace, sino que se hace', frase con la que estoy en profundo desacuerdo», afirmó antes de reivindicar la memoria de feministas españolas como Concepción Arenal o Margarita Nelken.

Falcón dedicó su ponencia a los nuevos mitos del feminismo, muy alejados del feminismo político y militante que ella defiende. En su opinión, la lucha feminista se está concentrando en debates secundarios (como los cambios en el lenguaje o la tendencia por el multiculturalismo «que lleva a defender en ocasiones a culturas abiertamente machistas») en vez de concentrarse en las transformación integral que defiende su partido.

La abogada se mostró especialmente crítica con la Ley contra la Violencia de Género. «Hace dos años publicamos un estudio ('Hacer los derechos realidad', junto a Olga Campos) en el que señalábamos todos los defectos de la ley, pero éstos siguen ahí», afirmó. En su opinión, el gobierno centra el debate en «cuestiones que no cuestan dinero, como la laicidad, el aborto o el matrimonio homosexual, y se olvida de invertir en la reforma de la Justicia, la Educación, la Sanidad o las infraestructuras». «Los dos grandes partidos se pierden en discusiones y la ciudadanía tiene que entretenerse con 'Gran Hermano'», afirmó.

El panorama, según Falcón, es pesimista. «No se está avanzando por ningún camino, estamos en barbecho y, como sigamos así, retrocederemos», afirmó en alusión a la «ofensiva» contra las clínicas abortivas y al proyecto de reforma del Código Civil catalán que incluirá las reivindicaciones de las asociaciones de padres separados, formadas, comentó, «en su mayoría por maltratadores». En contra de las conquistas reivindicadas por el movimiento feminista, Falcón aseguró que «los planteamientos que defendimos en los setenta, como el aborto libre, la Educación o la creación de una red de asistencia social, todavía no se han cumplido».

Escéptica con la comisión de estudio de la reforma de la Ley del Aborto, Falcón acusó a las mujeres socialistas de «plegarse» ante sus compañeros respecto a las listas paritarias, contra las cuales se pronunció. «Fue una batalla que perdimos», concluyó.

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Wed, 24 Sep 2008 17:21:24 -0600