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Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill

10/03/2009 GMT -6

Los distintos feminismos - Reflexión en el día internacional de la mujer trabajadora

lidiafalcon @ 03:23

" ... todas las instituciones del patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas, con mucho respeto, por la izquierda"

elPeriódico.com
8 Mar 2009
Por Lidia Falcón

Mi deseo para este nuevo 8 de marzo sería que no se tomara el nombre del feminismo en vano. Desde hace más de una década, los ideólogos de la modernidad pretenden que las tendencias del pensamiento se vayan unificando, perdiendo los perfiles que las identificaban como de izquierdas y de derechas, y se acerquen hasta encontrarse en ese magma sin identificación que es el centro. Esta actuación en el terreno de la política ya es conocida por todos, pero apenas se ha informado de como ha influido en el feminismo. Habiendo casi desaparecido el movimiento feminista crítico con el poder, y ninguneadas las teorías feministas revolucionarias que se difundieron largamente en los años setenta y ochenta, convertidas en funcionarias muchas de las militantes que dirigieron en su juventud opciones contestatarias, lo que se identifica hoy mayoritariamente como feminismo es una suma de lugares comunes, más propios de los consejos de un consultorio sentimental radiofónico.

A esta confusión se ha sumado el oportunismo de la derecha, que, después de haber perseguido sañudamente cualquier pequeño atisbo de protesta de las mujeres, se sube ahora al carro del feminismo queriendo hacerse con los rendimientos que espera obtener de ello. La derecha pretende defender que sus políticas de inclusión de mujeres en las listas electorales y en puestos de responsabilidad corresponde a su propósito de igualar a la mujer y al hombre en todos los estamentos de la sociedad. Mientras tanto, allí donde gobierna reduce las inversiones en políticas sociales, elimina las medidas de protección de las mujeres, persigue todas las opciones sexuales que no sean la heterosexual y el matrimonio indisoluble y se muestra agresivamente contraria a la libertad de aborto. Así, ha sido posible incluso que se calificara de feminista a Sarah Palin, aquella señora --candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos con el senador John McCain, desaparecida tras la victoria de Barack Obama--, que constituye la encarnación más genuina del ideal reaccionario, o que las mujeres del PP aseguren que ellas son más feministas que nadie porque han alcanzado escaños en los parlamentos.

Pero estas falsificaciones son posibles cuando desde la izquierda ya no se defienden los principios transformadores de la sociedad que fueron la bandera del feminismo desde el siglo XVIII. Abandonada la crítica de las instituciones patriarcales como la familia y el matrimonio --uno de los grandes triunfos ha sido alcanzar el matrimonio de los homosexuales--, el feminismo dominante en los partidos de izquierda está manteniendo lo privado frente a lo público, lo individual frente a lo colectivo. Nuevamente, la derecha ha triunfado. Y no solo en lo económico, sino que lo ha hecho también, y siempre va unido, en lo ideológico. Los anhelos de los años setenta de construir una sociedad solidaria y altruista --la tercera enseña de la Revolución Francesa: la fraternidad, tan ignorada-- se han abandonado con desprecio para defender el más viejo individualismo.

Olvidadas las demandas clásicas del amor libre --la enseña de Alejandra Kollöntai que, en 1905, reclamaba la sustitución del matrimonio y de la familia por "la unión libre de libres individuos"--, la socialización del trabajo doméstico, la responsabilidad colectiva en la educación y cuidado de los hijos incluso son anatemizadas por los que se proclaman "modernos". Modernidad que lleva a afianzar las más viejas y caducas instituciones: matrimonio --mayoritariamente religioso--, familia nuclear, educación privada o religiosa a través de la omnipresente cadena de centros religiosos de enseñanza concertada, responsabilidad individual en el cuidado de los niños: todas las instituciones del patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas, con mucho respeto, por la izquierda. Y ¡ay de aquellos que pretendan escaparse de la férula del Estado patriarcal y capitalista! Serán castigados con los enormes recursos de que este dispone: penalizaciones económicas, marginaciones sociales y laborales... Al final, todos se someterán a las normas dominantes: homosexuales que se casan; familias unidas obligadas a procurarse subsistencia y vivienda por sus propios medios, sin apenas ayudas; pocos niños, pero embarazados y paridos según los obligados dictados de la naturaleza. El triunfo de la consigna más grata a la derecha: sálvese el que pueda, con un Estado que se inhibe de sus funciones protectoras, lo que, en definitiva, perjudica siempre al más débil.

Resumiendo: la preeminencia de lo privado sobre lo público. Incluso una de las reivindicaciones más emblemáticas del feminismo, el pacifismo, se ha retorcido hasta el punto de que las feministas acepten, algunas incluso entusiasmadas, la cada vez mayor participación de mujeres en el Ejército, la Guardia Civil y la Legión. Se aceptan las imitaciones, por parte de las mujeres, de las conductas más agresivas masculinas --boxeo, lucha libre, agresividad, acoso sexual--, considerando, según las normas del patriarcado, que el modelo masculino es el universal y, por tanto, el que hay que imitar. En definitiva, es imprescindible volver a establecer cuáles son los principios del feminismo.

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08/03/2009 GMT -6

Lidia Falcón y el feminismo marxista español

lidiafalcon @ 01:36

Lidia Falcón, líder del feminismo español internacionalmente reconocida por su labor de defensa de los derechos de la mujer, y escritora de obras como Mitos del feminismo español, Postmodernos o Camino sin retorno, presenta en esta ocasión la novela “Al final estaba sola”. Una obra íntima y política con la que Falcón rinde homenaje a toda una generación de mujeres y hombres, perseguidos políticos por el fascismo, a través del conmovedor retrato de la vida de la protagonista. Un análisis de los avatares que condicionan la vida de las mujeres, donde nuevamente la autora nos empuja a proclamar: “lo personal es político”.

“Al final estaba sola”, una novela de exilios, cambios políticos y la vida de una mujer luchadora.

Al final estaba sola, es la vida de Ruth, una mujer casada prematuramente, divorciada en una época donde todavía no existe el divorcio que pasa dificultades económicas pero que al mismo tiempo ha heredado de sus padres y abuelos,- masones, liberales y socialistas-, cierta conciencia social y política. En plena dictadura franquista se inscribe en un pequeño partido de izquierdas considerando que otros partidos son colaboracionistas del poder. El partido en el cual milita la protagonista decide declarar la lucha armada y la protagonista se ve obligada a exiliarse. Esta es la parte política que enlaza cuando ella vuelve a España y ve los cambios que se produce con la transición política y el asentamiento de la democracia. Muchos de sus camaradas de partido se han convertido en funcionarios de partidos más moderados y conservadores, llevan coches oficiales y detentan puestos de poder. Esto esta entrelazado con la historia personal de ella. La protagonista se decide a ejercer la prostitución esporádicamente en momentos de fuertes dificultades económicas. La mujer cuando está en una situación económica aguda puede alquilar su cuerpo para las manipulaciones masculinas, lo que debe dar lugar a un debate sobre la prostitución entendida libre, voluntaria, y no sé si gratificante.

A través de Ruth, que es la protagonista de su novela, se plantea la famosa división entre esfera pública y esfera privada tan criticada por el feminismo. ¿Tenemos que seguir insistiendo en “lo personal es político”?

No hay tema humano que no sea político. La sexualidad, el amor, los sentimientos, las emociones o las relaciones materno y paterno-filiales son una cuestión política, como los hombres saben muy bien aunque lo disimulen o lo oculten. Los hombres manipulan la sexualidad, manipulan el amor, y manipulan los sentimientos. Con eso consiguen la dependencia extrema de las mujeres y por otro lado una lealtad y fidelidad enorme a los padres y la familia. Y lo mismo ocurre con la educación de los niños, la cual debe ser un asunto social y un asunto público. No me refiero tan solo a la escolaridad, sino a la plena socialización y educación del individuo que debe ser un asunto colectivo, es decir, un asunto basado en unos principios y valores morales conjuntos. No podemos dejar estos asuntos en la privacidad y bajo la responsabilidad de unas familias donde acaba siendo la madre la última responsable. Por lo tanto debemos insistir en que el matrimonio, el amor, la sexualidad o las emociones, son un asunto público. Esto es fundamental para que el feminismo pueda avanzar, y como consecuencia la sociedad, permitiendo a la mujer liberarse de esas dependencias.

“No hay tema humano que no sea político... como los hombres saben muy bien aunque lo disimulen o lo oculten.”

¿Cuándo el feminismo de la diferencia y el feminismo de la igualdad se van a poner de acuerdo?

Yo lamento esta división pero no me escandaliza porque los hombres no sólo se dividen, sino que se matan y eso nosotras no lo hemos hecho nunca. Los campos de concentración, las matanzas, las guerras organizadas por hombres no tienen ni punto de comparación con los excesos del feminismo que podríamos calificarlos de travesuras. Es lógico que existan diferentes tendencias dentro del feminismo porque hay diferentes clases económicas, y las mujeres también están divididas por esas clases. Las feministas de la diferencia hablan desde una ideología pequeño-burguesa, idealista y superficial que no tiene en cuenta las condiciones materiales de existencia, tanto la división en clases de las mujeres como su adscripción a la división sexual del trabajo, lo que significa tener hijos y cuidarlos y tener sobre sí la carga familiar. Cuando esto se obvia y tan solo se habla de sentimientos, del papel simbólico de la madre o del tabú del incesto el resultado es alejarse de la realidad y de las condiciones más penosas que soportan las mujeres.

“Al final estaba sola” es sin duda un homenaje a dos generaciones de mujeres: la de la guerra y la de la posguerra española.

Es un homenaje a la generación de la guerra y a la generación de la posguerra a la cual pertenece la madre de la protagonista, pero también a los hombres de aquella época. El padre y la madre son maestros y representan aquella generación de maestros de la República idealistas y románticos, que defendían los valores republicanos de la lealtad, la austeridad, la solidaridad, y que consideraron que la educación cambiaría este país con una ingenuidad extraordinaria. A estas personas no se les ha reconocido su heroísmo, y son injustamente olvidados. Además se ha vertido toda una serie de infamias por parte del fascismo sobre ellos que nos debes escandalizar. El otro homenaje es a toda aquella generación que lucho contra la dictadura franquista, y que tampoco se les recuerda.

¿Seguimos luchando solas?

Mi generación, la generación de mujeres de la transición fuimos escandalosas y valientes, en este sentido a los medios no les quedo más remedio que contemplarnos dentro de una España que cambiaba a pasos agigantados, pero hoy en día no estamos muy acompañadas. Ha habido una involución muy grave. Me parece gravísimo que haya siete médicos en Barcelona en la cárcel por practicar el aborto, que haya una ofensiva de la extrema derecha gravísima con todo el cortejo mediático que ha tenido y que la Iglesia pretenda que volvamos a los años del Concilio de Trento. No veo la respuesta adecuada por parte del movimiento. El movimiento feminista está desarticulado porque una parte importantísima de las dirigentes han pasado de ser activistas a ser funcionarias que gestionan fondos del Estado. Esto lo vamos a pagar muy caro. Como decía Brecht, un día vendrán a por nosotras y no sabremos por qué.

Medio mundo está pendiente de las elecciones a la presidencia norteamericana ¿En qué medida la visión política de una mujer como Clinton puede ayudar a cambiar las cosas?

Yo sin duda votaría antes a demócratas que a Republicanos, por supuesto. Puedo aceptar que Clinton será emblemática, la primera mujer que alcance la presidencia de los EEUU, pero tampoco apoyo fanáticamente a esta mujer porque me parece mucho más conservadora de lo que debería ser. Apoyó la guerra de Irak, lo que me parce infame. Tampoco me pareció correcta, hablando de lo personal es político, cuando el escándalo de su marido. En este caso, trató de agarrarse al poder, humillándose y sigue apoyando a este sin vergüenza. Obama me parece más a la izquierda que Clinton, pero como colofón añadiré que si cualquiera de los dos es el candidato final de los demócratas, ganaran los Republicanos, porque no veo que la sociedad occidental esté preparada para que una mujer presida los EEUU.

Publicado en Cartelera Turia por Nuria Escudero (2008).

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01/03/2009 GMT -6

El libro sexual de dos "negros"

lidiafalcon @ 02:40

REVELACIÓN | LA VERDAD SOBRE UN LIBRO

En pleno franquismo, el afamado psiquiatra Juan José Lopez Ibor publico "el libro de la vida sexual", auténtico manual de consulta de los españoles de la dictadura. Lidia Falcón revela que Eliseo Bayo y ella fueron los "negros" de aquel superventas

El libro sexual de dos "negros"

EL MUNDO
6 Mayo 2001
Por Lidia Falcón

En aquel año de 1966 corrían malos tiempos para nosotros, aunque unos años atrás todavía hubiese sido peor: en 1962 Eliseo Bayo, que compartía mi vida, mi amor y mis ilusiones, fue detenido, juzgado y encarcelado por aquel siniestro Tribunal de Represión de Actividades Extremistas que dirigía el conocido fascista coronel Eymar. Pero ya Eliseo había salido en libertad hacía unos meses, después de haber estado encarcelado en el sórdido y helado penal de Burgos, y se había reunido conmigo en el minúsculo y desamueblado piso que tenía alquilado en Barcelona.

Yo había terminado la carrera de Derecho y ejercía la profesión libremente, lo que significaba ingresos precarios y total inseguridad. Ni sueldo fijo ni seguridad social. Ni para mí ni para mis dos hijos, de 10 y 12 años, que desde mi traumática separación matrimonial, acaecida una década atrás, dependían exclusivamente de mis recursos.

Todos, Eliseo, mis dos hijos, una mecanógrafa que me ayudaba y yo, compartíamos sesenta metros cuadrados. La minúscula habitación de la entrada servía de sala de espera y dormitorio, y mi despacho nos albergaba de noche a los dos adultos y contenía una mesa plegable para servir las parcas comidas que nos permitían mis ingresos, los únicos que entraban en nuestra casa, ya que Eliseo apenas podía aportar ayuda económica.

Su pasado que era presente subversivo, la condena de 11 años de prisión por su adscripción a las juventudes libertarias, su situación en libertad condicional, sometido a las inspecciones de la Junta de Libertad Vigilada, le situaron en la lista negra de los escritores. Ningún medio de comunicación le empleó, ningún periódico le publicaba, ninguna editorial estaba dispuesta a contratarle un libro.

Sin apoyos económicos familiares, sin fortunas personales, dependíamos de únicamente de solas fuerzas para mantener y educar a mis hijos y sobrevivir nosotros. Eliseo no tenía otras titulaciones ni conocía profesión diferente que la de periodista. Y mi bufete no podía rendir mucho cuando, llevada de los ideales que han regido mi vida, me dedicaba fundamentalmente a defender obreros, mujeres maltratadas y presos políticos.

En estas circunstancias llegó una oferta que nos pareció estupenda. La editorial Danae nos proponía escribir El libro de la vida sexual, que ocuparía varios cientos de páginas y alcanzó más de mil mecanografiadas, pagándonos a treinta y cinco pesetas el folio. Según el tiempo que empleáramos en tal tarea, podríamos recibir una ayudita salvadora durante bastantes meses. La propuesta nos pareció digna de aceptarse inmediatamente.

La oferta poseía un único inconveniente, que aunque parezca mentira no era el precio, tan miserables eran entonces los estipendios habituales que proporcionaba la literatura: la obra la firmaría el ya afamado psiquiatra Juan José López Ibor, porque el nombre de Eliseo no debía aparecer impreso en ningún lado. El mío, por lo visto, tampoco podía publicarse, y en este caso nadie nos dijo la razón. Pero nos pareció un insignificante inconveniente. En nuestra situación no podíamos poner condiciones. Más importante era comer cada día, pagar el piso y el colegio de los niños, que defender nuestro orgullo de autores. De tal modo nos pusimos a la tarea.

Con afán sin igual, para reunir el mayor número de páginas, consultamos multitud de obras de los más famosos entendidos en la materia. Comenzamos por la vida sexual de los pueblos primitivos, cuyas peculiaridades aprendimos de varias obras sobre la materia, especialmente de Margaret Mead y de Malinowski; seguimos por las peculiaridades de la vida amorosa en otros países, estudiamos la Edad Media y la Moderna y llegamos entusiasmados a las obras de Freud, de Wilhelm Reich, de Foucault, de Beauvoir. Era la ocasión de difundir las teorías ocultas hasta entonces por la demente censura del franquismo, y ofrecer un tratado, aunque fuese elemental, sobre sexualidad, especialmente a los jóvenes, tan necesitados de él para superar la represiva educación sexual que habían recibido sus mayores.

Eliseo trabajaba todo el día en el libro, y yo lo hacía de noche, cuando ya concluidas las gestiones en los juzgados, despedidos mis clientes y cenados y acostados mis hijos, podía tener unas horas de libertad, que se restaban sin misericordia al sueño. Leíamos y escribíamos a la vez. Cada uno se ocupaba de un tema, y luego nos lo comentábamos y corregíamos al unísono. Las máquinas de escribir a veces hacían tanto ruido que algunos vecinos vinieron a quejarse a media noche.

Cada semana entregábamos un capítulo, o casi, y cobrábamos con gran alegría lo estipulado. Debo reconocer que en ningún momento nos sentimos humillados ni ofendidos por el anonimato en que nos había sumido la empresa. Sabíamos que pertenecíamos al submundo de los perseguidos, de los anatemizados, de los vencidos. Éramos supervivientes de la generación derrotada por la Guerra Civil, estábamos sometidos por el fascismo a todas las torturas, muchas de las cuales ya habíamos sufrido en la propia piel, y no íbamos a sentirnos indignados por aquella que nos permitía comer. Como decía mi padre, César Falcón, el periodista y escritor peruano, para mantener la lucha y oponerse a la hipócrita moral burguesa, «los comunistas no tenemos honor».

El honor era un lujo que no podíamos permitirnos. El que debía haber reivindicado el suyo era López Ibor. Su nombre y su firma debían haber sido más valorados por él mismo, para no ser depositados ciegamente en un texto que no conocía, y que había sido escrito por dos jóvenes amanuenses desconocidos. Mucho más pecador era el supuesto autor que nosotros, porque según afirma Sor Juana Inés de la Cruz, menos culpable es «el que peca por la paga/ que el que paga por pecar». Y más habría debido ser el ilustre López Ibor, que con toda seguridad ni leyó el original antes de publicarse, porque como tenía que suceder, nos salió un libro desenfadado, progresista, rompedor de tabúes, prejuicios y estúpidos bulos como aquel que aseguraba que la masturbación producía impotencias varias, ceguera y locura, que tan difundido era entonces entre los jóvenes educandos de colegios religiosos. Un libro, que recopilaba historias y leyendas de pueblos primitivos donde los adolescentes se dedicaban alegremente a la coyunda sin limitaciones, prohibiciones ni castigos; que reivindicaba el amor libre, el divorcio, la separación de la reproducción de la sexualidad y en consecuencia el control de natalidad, y que estoy segura que poco de acuerdo se hallaba con los principios defendidos por Ibor.

Pero lo que no hicimos, porque los nuestros incluían mucha mayor integridad y honradez que los del famoso médico, fue vengarnos del mal trato que nos daban la editorial y el ilustre autor. Cuando hace poco, el escándalo de un plagio ha saltado debido a que el negro se precavió contra ciertos abusos copiando episodios enteros de obras de otros autores, me admiré de su astucia.

En nuestra ingenuidad nunca hubiéramos imaginado una argucia semejante. Utilizamos fuentes diversas, estudiamos con afán las obras importantes de los mejores especialistas en la materia y realizamos un resumen de varias de ellas, pero nunca copiamos párrafos enteros. Quizá porque desconocíamos, dada nuestra juventud e ignorancia, la estrategia de la «intertextualidad», que acabamos de conocer. Término que, por cierto, como sugería de forma tan original Carlos París, podría también aplicarse a los ladrones de otra clase de bienes y se formularía como «interpropiedad», por ejemplo.

Orgullosos del trabajo

El trabajo nos duró varios meses y nos permitió saciar hambres varias: de comida, de ropa y de libros. También, ¡qué buenos y qué ingenuos éramos!, nos alegramos cuando vimos el libro publicado. Nos gustó la edición y nos sentimos orgullosos de las muchas páginas que habíamos escrito. Lo que más nos llamó la atención fue que, debajo del nombre del ínclito Juan José López Ibor, como autor y director de la obra, aparecían una serie de colaboradores, profesionales de diversas materias, que nunca habíamos visto ni conocido, como equipo autor de diversos capítulos. Nuestros nombres brillaban por su ausencia. Y nos dimos cuenta de que había más

personajes, además de Ibor, capaces de atribuirse el trabajo de los demás.

Y ya no volvimos a percibir ni una peseta más por la obra. Se hablaba de que se habían vendido miles de ejemplares, porque los lectores, especialmente los jóvenes, habían recibido el libro con entusiasmo.

Menos mal que a nosotros no nos quitó más que horas de trabajo y descanso, y que nuestra propia vitalidad y optimismo nos hicieron superar sin trauma alguno aquella peripecia, que tomamos con mucho sentido del

humor. Años más tarde, cuando se lo contábamos a nuestros amigos, que reaccionaban con incredulidad primero e indignación más tarde, sus sentimientos nos sorprendían y hasta emocionaban. Tan buenos y agradecidos éramos.

 

 

El siguiente video es un extracto del reportaje "1968: Yo viví el mayo español" en el que sale Lidia hablando del libro.

Puedes ver el reportaje completo haciendo clic aquí.

28/02/2009 GMT -6

Crítica del elogio del islam

lidiafalcon @ 21:58

elPeriódico.com
25 Ene 2007
Por Lidia Falcón

Maryam y Lidia, dos catalanas convertidas al islam. Foto de MARTA PARREÑOMe desconcierta la información de que en Catalunya varias muchachas se han convertido al islamismo en busca de una supuesta espiritualidad que al parecer no encuentran en la religión católica. Pero la información transmitida únicamente habla de la práctica continuada de unos ritos, cuya frecuencia debe hacer difícil conciliarlos con la vida laboral, y la adopción de una forma de vestir. No nos explican si cumplen otras imposiciones a que obliga la profesión musulmana, como la aceptación de la poligamia y la sumisión de la mujer al marido. Es incomprensible la fascinación que sienten por esa religión, que mantiene costumbres, prohibiciones y opresiones contra la mujer mucho peores que las que defiende la Iglesia católica. Fascinación que parecen sentir también intelectuales y gobernantes, de modo tal que se están destinando fondos para impartir clases de religión musulmana en las escuelas cuando aún no hemos concluido con la enseñanza del catolicismo.

En mi libro Mujer y Sociedad (1969), denuncié la opresión de la mujer musulmana tras haberme estremecido con la lectura del libro de Youssef el Masry La tragedia sexual de la mujer árabe. Descubrí en sus páginas el horror de la cliteridectomía y las consecuencias nefastas que para la salud, la sexualidad y la dignidad femenina acarrea. Creo que fui la primera escritora española que hice pública esa bárbara costumbre. Ha costado tres décadas conseguir que en la Cuarta Conferencia de la Mujer en Pekín de 1995 se condenara esta práctica por la ONU. Conozco las objeciones de los islamistas contra que se atribuya la cliteridectomía --y otras mutilaciones peores como infibulación-- a la religión musulmana, ya que proviene de costumbres ancestrales africanas y no está obligada en el Corán, pero en la actualidad únicamente la practican aquellas sociedades de confesión islámica, es aceptada por muy diversas tendencias del Islam, cuando no recomendada, bajo la indiferencia del Estado. Como en el caso de Egipto donde el Gobierno decidió que se ejecutara en los hospitales por personal facultativo, para evitar las infecciones que proliferan. En estos momentos, 150 millones de mujeres la padecen y cada año se suman varios millones más de niñas mutiladas.

La poligamia, legal en la mayoría de los países musulmanes --con la notable excepción de Túnez, que tiene una Constitución laica--, la prohibición de conducir automóviles, de salir a la calle solas, la imposición para que se cubran la cabeza, incluso a veces el rostro, haciendo visible su condición inferior --que no es otro el sentido del velo--, y sobre todo el horror de las lapidaciones por adulterio, los asesinatos por honor, las desfiguraciones del rostro con ácidos, los encierros y castigos corporales, convierten a las mujeres musulmanas en las más oprimidas del planeta. Véase cómo viven en países --como Somalia-- donde las tasas de pobreza, de falta de escolaridad y atraso son inaceptables, en donde se prohíbe reproducir la figura humana, no se traducen los libros occidentales, el cine y la televisión están severamente censurados y cualquier crítica a su profeta motiva sublevaciones de masas fanáticas. Estas y otras circunstancias, todas detestables, en las que se desarrolla la vida de las mujeres de los países sometidos a la confesión islámica nos las contaron nuestras compañeras feministas de Mauritania, Marruecos, Argelia, Egipto, Jordania, Arabia Saudí, Kuwait, Irán, Bangladesh, Pakistán, Kenia, Nigeria, Sudán, que colaboraron desinteresadamente en nuestro número de la revista Poder y Libertad dedicado a feminismo e islamismo. La mayoría vivían en el exilio, después de haber sido perseguidas y amenazadas de muerte --como mi amiga Nawal al Saadaui y la escritora Taslima Nasreen de Bangladesh-- o nos escribieron con seudónimo.

Los esfuerzos por prohibir la cliteridectomía y la poligamia en sus países consumían la mayor parte de su lucha, mientras sus hermanas de sufrimiento padecen la mayor tasa de analfabetismo, la menor participación laboral y no se ve un rostro femenino en las reuniones políticas. Recordemos los ridículos problemas de protocolo en esos países, cuando la reina de España acompaña al Rey en algún viaje y tiene que quedar relegada a relacionarse con las mujeres, o el último incidente de las periodistas que tenían que informar en la visita del ministro de Justicia a Arabia Saudí. En España, las comunidades musulmanas reproducen bastantes de estas condiciones, aunque nada de ello se explique en el reportaje sobre las catalanas convertidas, de las que tampoco sabemos gran cosa de su vida familiar. La incompetencia de nuestros servicios sociales y la indiferencia de los gobernantes permiten que exista la poligamia en sus familias y que muchas niñas sean llevadas a sus países de origen para practicarles la ablación del clítoris.

Quienes defienden el islam aseguran que estas imposiciones no están incluidas en el libro sagrado sino pervertidas por sus intérpretes. Pero no recuerdan que el Corán establece la poligamia legal con cuatro mujeres, que el testimonio de una mujer en un juicio vale la mitad que el de un hombre, que una hija hereda la mitad que un hijo, y que acepta el castigo corporal para las esposas, siempre que se realice con una vara del ancho del pulgar y del largo de la mano abierta y nunca en el rostro. No hace falta que enfaticen que el libro se escribió en el siglo VIII, porque precisamente eso es lo que debieran tener en cuenta ellos para comprender que si tales normas significaron un avance en esa época no pueden ser ni implantadas ni veneradas hoy. Resulta decepcionante observar que se sigue aceptando por nuestros gobernantes la dominación religiosa de esas sociedades cuando se debiera exigir la laicidad como condición imprescindible para ser considerada civilizada.

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02/02/2009 GMT -6

Justicia para el siglo XXI

lidiafalcon @ 20:15

Público.es
21 Ene 2009
Por Lidia Falcón

En plena polémica pública por la rebelión de los jueces y el grave retraso que sufre nuestra Administración de Justicia, sorprende que ningún especialista haya mencionado entre las causas de tanto desaguisado a nuestro anquilosado y anacrónico sistema procesal. Las Leyes de Enjuiciamiento no han avanzado apenas desde el Derecho romano, a pesar de las reformas del año 2000.

Desde la demanda hasta la ejecución, el procedimiento está organizado para que se desarrolle con la máxima lentitud e ineficacia. Las citaciones se realizan enviando a un agente judicial con un papel sellado al domicilio del demandado. Naturalmente, si el destinatario no se encuentra en él cuando el agente acude, es imposible entregar la citación, y a los tres intentos fallidos se devuelve al juzgado con el sello: desconocido. Y esta puede ser la última actuación judicial del procedimiento en cuestión durante semanas, meses o años. Si no se dispone de profesionales que busquen activamente el paradero del citado, la citación no se moverá de la mesa del juzgado. Pero no crean que si los interesados logran localizar al desaparecido la citación entregada por aquellos será útil, porque únicamente el agente judicial puede certificar la validez del precioso documento.

Para las citaciones fuera de la población donde se ha presentado la demanda se sigue utilizando el malhadado exhorto que viaja por correo; se detiene en el registro de los juzgados; se reparte por riguroso turno y se envía nuevamente por agente judicial hasta ser entregado en mano, si se logra, al destinatario. Ninguno de los sistemas de comunicación inventados desde hace más de un siglo –teléfono, fax, e-mail, móvil, Internet–, ha entrado en nuestras nuevas leyes procedimentales. ¡Tan satisfechos como están los gobiernos y políticos con el gran avance de nuestro país en materia de nuevas tecnologías!

Pero este es únicamente el comienzo del calvario del procedimiento judicial. La demanda, la contestación y la reconvención, si cabe, se presentan por escrito, y sólo para los abogados existe una extrema rigidez en el cumplimiento de los plazos legales, ya que ni el juez ni el fiscal los respetan. Para los profesionales del Derecho que estamos en el ejercicio diario nos parecen una burla tanto las pomposas declaraciones de la Exposición de Motivos de la Ley de Enjuiciamiento Civil, como los breves plazos que estipularon los legisladores para que los jueces dicten sus resoluciones, plazos que jamás cumplen, sin responsabilidad para nadie. Ninguna de estas actuaciones puede realizarse oralmente, ni por videoconferencia, ni ser grabada o audicionada por algún sistema técnico. Papel y únicamente papel y más papel, hasta que se llena de pulgas, como ha sucedido en algunos juzgados de Madrid. Carpetas y carpetas que llenan las estanterías, los armarios, las mesas, las sillas, el suelo y hasta los lavabos de algunos juzgados. En esa producción interminable de escritos que se van transmitiendo manualmente de demandante a demandado, a abogados, a procuradores, a fiscales, a forenses, a secretarios y a agentes judiciales. Escritos que se copian, se sellan, se folian y se unen por cuerda floja cuando deben pasar a las Audiencias, y a los Tribunales Superiores, y al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional. Transcurren uno, dos, cinco, ocho, diez años, depende. Depende del número de citaciones, contestaciones, recursos, autos, sentencias, apelaciones, resoluciones y nuevos recursos.

Nunca se puede contestar ni recurrir oralmente y grabar en cinta, en vídeo, en cedés, en pendrives. El juez o los magistrados nunca pueden conocer el problema y resolver, en consecuencia, mediante el simple y humano sistema de llamar a los implicados –citados por teléfono, o por e-mail, o por fax–, sentarlos delante, con sus abogados, escucharlos y decidir a continuación. Todas las actuaciones del juzgado se plasman en papel, algunas vistas, pero sólo vistas, también en vídeo, y así los procedimientos complicados pueden alcanzar las astronómicas cifras de 20, 30, 50, 150.000 folios. Las dos terceras partes de esas montañas de papel consisten en providencias o diligencias de ordenación en las que se dice que se da por recibido el escrito tal o el recurso cual; que se ha llevado a cabo la citación o que no se ha llevado a cabo la citación cual; que se ha admitido a trámite tal demanda, tal apelación o no; que se da por recibido el escrito o no, sin que signifique que a la vez se resuelva ninguno de esos recursos, peticiones, apelaciones, impugnaciones, oposiciones y ejecuciones. Porque la ejecución de la sentencia supone un procedimiento nuevo, igual o más farragoso que el principal, cuando ya este se ha concluido y sentenciado, con sus también contestaciones, impugnaciones, vistas, recursos y apelaciones. Años puede durar la ejecución de un procedimiento que ya tardó años en alcanzar la sentencia firme.

En comparación con el pragmatismo del sistema judicial anglosajón, donde la citación realizada por cualquier persona que lo justifique y la comparecencia personal ante el juez resuelven rápidamente numerosos asuntos que aquí se eternizan, el nuestro pertenece al mundo de Justiniano. Se cambia la terminología –ahora se les llama operadores jurídicos a los procuradores, abogados, forenses, y diligencias de ordenación a las antiguas providencias–, pero los viejos métodos siguen rigiendo la Administración de Justicia, ahogada en océanos de papel; paralizada en las manos de agentes, secretarios, procuradores, abogados; cercenada cualquier iniciativa para agilizarla; inutilizadas las nuevas tecnologías; embalsamada en la momificada Ley de Enjuiciamiento.

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30/01/2009 GMT -6

¿Qué pasa con nuestros presos?

lidiafalcon @ 17:32

elPeriódico.com
10 Ene 2009
Por Lidia Falcón

El juicio que se celebró en diciembre por el motín de la prisión de Quatre Camins dejó escapar, como el vapor de una caldera hirviendo a punto de estallar, algunas manifestaciones de los acusados que deberían preocuparnos, si nuestra sensibilidad y conciencia no es- tán completamente anestesiadas. Los organizadores del motín explicaron que se habían concitado para matar al subdirector por los constantes abusos que padecían: palizas, encierros, falta de comida, de ropa, de higiene, escasa atención sanitaria y ninguna escuela.

No me pareció que ni el fiscal ni el juez estuvieran impresionados por ese relato. Con mucha seguridad, ni lo escucharon ni lo creyeron y supongo que no influirá en la sentencia, y, lo que es peor, ni siquiera motivará una inspección para averiguar lo que haya de cierto en esas denuncias.

Desde hace medio siglo conozco las prisiones españolas. Antes incluso de que me licenciara en Derecho, por tener que visitar a amigos y familiares encarcelados a causa de su lucha contra el franquismo, y, muy poco después, como abogada de oficio, conocí las miserias de la vida carcelaria de los delincuentes comunes. Durante muchos años tuve que visitar dos o tres veces por semana la siniestra cárcel Modelo; más tarde, Torrero, en Zaragoza; el horrendo penal de Burgos; Ocaña, en Castilla; Jaén; Granada. La Trinidad de Barcelona y Yeserías en Madrid fueron mi residencia en los años 1972 y 1974, e inspiraron mi libro En el Infierno. Y en todas pude constatar los malos tratos que padecían los presos y las presas, abandonados a la arbitrariedad del director y de los funcionarios. Dependiendo del nivel de sadismo de estos, los internos podían comer solo bazofia o adornarla con una oblea de jamón dulce, tenían asistencia médica o no, disponían de medicamentos o no, soportaban palizas y aislamientos o solo gritos e insultos, poseían algún medio de calentarse o se helaban en invierno, recibían algunas clases o permanecían abandonados en el patio 15 horas al día. Trascendió fugazmente al conocimiento público el nivel de violencia en el interior de las prisiones cuando Salvador Rueda fue asesinado por los funcionarios de Carabanchel, y se olvidó enseguida.

Abogados luchadores en defensa de las víctimas presentábamos reclamaciones y recursos ante las prisiones y los juzgados y escribíamos largas denuncias que enviábamos a los organismos internacionales. Pero la verdad es que los beneficiarios de nuestros desvelos eran fundamentalmente los presos políticos. Pocos como yo pretendían hacer llegar a los presos comunes los beneficios que exigíamos para aquellos, porque ni los gobiernos ni la sociedad civil se hallan sensibilizados para tenerle compasión al pequeño delincuente. Así fracasó la lucha de la Coordinadora de Presos Sociales en la transición. Concepción Arenal murió hace mucho tiempo y con ella las máximas de conmiseración que hizo universales.

Tantos años más tarde, el reglamento de prisiones ha cambiado y se ha provisto a las cárceles de algunos profesionales de la psicología y de la asistencia social, siempre pocos. Pero el criterio de los directores y funcionarios no se ha modificado tanto. Con la ayuda de la asistenta social, intenté organizar en la de Soto del Real unas conferencias semanales para todos los presos. Convencí a muchos amigos, abogados, psiquiatras, filósofos, para que acudieran allí de cuando en cuando, no solo sin cobrar sino pagándose los gastos del viaje. A las pocas sesiones llegó la orden del director de cancelar el programa sin que nos diera ninguna explicación, porque en la España democrática el director de la prisión sigue siendo el alcaide omnipotente e impune.

Solo la imagen del patio de una cárcel dice más que un millón de palabras. La mayor proporción de desgracia se acumula en los seres hacinados allí por la miseria, la ignorancia, la enfermedad, el abandono. Mientras la persecución, no la rehabilitación, de los drogadictos y los camellos de poca monta ha conseguido que el número de presos en España sea el mayor de Europa, en proporción a su población, provocando un insoportable hacinamiento en las prisiones, los grandes traficantes de drogas, de armas, de personas y no digamos los proxenetas, pasean su impunidad en los mejores hoteles.

Hace poco tiempo tuve una clienta, oficial de prisiones en la Modelo de Barcelona, víctima evidente de mobbing, y pude comprobar nuevamente la hostilidad de los funcionarios hacia la abogada que se metía en lo que no debía. La información de familiares, de asociaciones, de asistentes sociales, ratifica el abandono de nuestros presos, y el informe de Amnistía Internacional, donde cada año se afirma que en las cárceles españolas se sigue maltratando a los internos. Los porcentajes de reclusos que estudian son mínimos y en muchas prisiones los niños siguen viviendo con las madres.

La arbitrariedad rige la aplicación de la libertad vigilada, y así, algunos presos han visto transcurrir entre rejas más tiempo del que fueron luego condenados, mientras en cambio se conceden permisos a maltratadores y asesinos de mujeres y abusadores de niños. Sigo preguntándome si los buenos ciudadanos saben, realmente, qué les pasa a nuestros presos, pero dudo que, de saberlo, les importe.

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19/01/2009 GMT -6

VINDICACIÓN FEMINISTA

lidiafalcon @ 13:56

VINDICACIÓN FEMINISTA
Memorias Feministas

El pasado jueves, 17 de abril se inauguró en el Museu d'Historia de Catalunya una exposición titulada Dones: Les Camins de la Llibertat. Desde los griegos hasta la actualidad repasa las luchas feministas. Dedica un gran espacio a las sufragistas norteamericanas e inglesas. Y desde los años 70 a Catalunya. Un espacio completo a la librería La Sal de Barcelona. Por el contrario, tan sólo dedica a la histórica revista Vindicación Feminista un único ejemplar -el de la educación- colocado en una vitrina y medio tapado por panfletos y revistitas varias. Lidia Falcón, narra la historia de esta mítica revista feminista.

LAOTRAPÁGINA.COM
Julio de 2008
Por Lidia Falcón

Al salir de la prisión el reencuentro con Carmen Alcalde cuando ya había recorrido la primera mitad de la vida, andados los caminos de las luchas políticas y del ejercicio profesional nos planteó un nuevo desafío. Nos hallábamos ante la etapa más decisiva de la historia de España de los últimos cuarenta años, porque Franco se moría y algunas cosas cambiarían en la España postfranquista. Era por tanto el momento de participar en aquellos cambios con la mayor decisión y audacia posibles, si queríamos influir en la construcción del nuevo Estado que claramente se adivinaba. Si nos quedábamos inmóviles a la espera de que otros tomaran todas las decisiones, incluso aquellas que nos concernían, las mujeres serían relegadas a un segundo término en todos los aspectos de la vida política y social. Muchas eran las luchas y tareas que se podían realizar en aquella sociedad civil que comenzaba a poder expresarse y organizarse en libertad: participar en los grupos o partidos políticos que estaban creándose o aflorando nuevamente, dirigir e impulsar el Colectivo Feminista que entonces comenzaba con la exclusiva actividad feminista, organizar el Congreso Internacional Feminista tan bruscamente abortado, crear órganos de difusión y opinión como revistas o periódicos.

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17/12/2008 GMT -6

La ciencia y la revolución de las mujeres

lidiafalcon @ 23:07

El descrédito de las utopías, que es sobre todo una victoria para la intelectualidad de la derecha, se ejerce curiosamente en un sector: el de los intelectuales tradicionales, señala la autora de este trabajo. La utopía sigue funcionando en la actualidad, pero no ya entre los intelectuales, sino entre los científicos, que la siguen persiguiendo día tras día en sus laboratorios. Un ejemplo claro se encuentra en los avances científicos que se están realizando en el terreno de la manipulación genética, donde se advierten las diferencias que existen, por ejemplo, entre la reproducción clónica -que no existe- y la reproducción in vitro, o en la posibilidad de fabricación de úteros artificiales, donde los embriones se desarrollen, o en la supresión de la menstruación. Se contraponen aquí las posibilidades que encierra la tan temida reproducción anormal frente a las anormalidades de la normal, señalando un camino de liberación de la mujer que opte por las revoluciones científicas en la genética contemporánea.

ELPAÍS.com
24 Mar 1985
Por Lidia Falcón

Cuando Einstein escribió que era más importante la imaginación que el conocimiento" no imaginó que 20, 30 años más tarde los intelectuales revolucionarios de su época habrían abandonado sus veleidades de juventud y rogarían porque todos olvidáramos la utopía. "Hubo un tiempo en España, antes y después de comenzado el siglo, en que eran miles los hombres y mujeres más dispuestos a luchar y a morir por sus ideales que a renunciar a la utopía", escribía Joan Queralt (El Viejo Topo, junio 1982) al hacer una breve semblanza sobre los anarquistas españoles. Aquellos que todo lo dieron y todo lo perdieron.

Al repasar los temas de nuestra época me ratifico en mi adhesión a Snow cuando dice que "mientras los científicos llevan en la masa de la sangre el futuro, los intelectuales de la cultura tradicional reaccionan con el deseo de que el futuro no exista". Sin embargo, cuando en El alboroto español me sentí obligada a citarlo, me di cuenta de que debía introducir una variante: los intelectuales españoles de la cultura tradicional reaccionan con el deseo de que el presente no exista.

Con el miedo reaccionario que heló los corazones de la intelectualidad de derechas "mientras un fantasma recorría Europa", a finales del siglo pasado, escritores y hasta investigadores como Huxley respondieron agresivamente a las ingenuas utopías que los anarquistas imaginaban y propagaban y los escritores progresistas como Wells novelaban. El éxito de difusión y ventas de Un mundo feliz demuestra que la propaganda de la derecha ha sido más eficaz que la de los hijos y los herederos de Kropotkin o de Alejandra Kollöntai.

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06/12/2008 GMT -6

Siempre en la brecha - Entrevista a Lidia Falcón

lidiafalcon @ 16:46

Entrevista a Lidia Falcón publicada en la revista El Viejo Topo No. 241 en febrero de 2008.

(Haz clic en la imagen para descargar la entrevista)

24/11/2008 GMT -6

"Mujeres cómplices de los hombres las ha habido siempre"

lidiafalcon @ 13:22

"Hemos avanzado, indudablemente con respecto a la época de la dictadura franquista y, mucho más, si nos comparamos a la Edad Media. Sin embargo, no hemos llegado ni al 20% de lo que teníamos que haber avanzado. Sólo hay que echar un vistazo a los datos"

DEIA.com
25 Nov 2007
Por Nekane Lauzirika

BILBAO. "El hecho de ser mujer no significa ser feminista. Lo que hace falta es que el feminismo ocupe el poder. Mujeres cómplices de los hombres, de derechas, beatas, fascistas, indiferentes... las hay y las ha habido siempre. Es como si todos los obreros por serlo fueran comunistas. Hay mujeres que son indiferentes por falta de preparación. Ser socialista es tener un carné y pagar la cuota. Ser feminista es estar en la batalla", remata.

Los partidos políticos no arriman el hombro al feminismo

Nosotras hemos conseguido llevar el feminismo a la política, que es un salto cualitativo importante. Hemos unido diversas maneras de entender el feminismo en un proyecto para llevar a las instituciones a través de las elecciones. Los partidos políticos viven de espaldas al feminismo. Si el feminismo no llega al Parlamento, a los ayuntamientos, no hemos hecho nada. Porque esas mujeres lo que hacen es votar lo que vota su partido y cumplir lo que les dicen sus cúpulas masculinas, duplican el voto.

El que nace niño o niña, ¿tiene la misma igualdad de oportunidades?

El sistema está basado en el trabajo doméstico de las mujeres. Cuando tenemos menos niños no hay más que lamentos; la supervivencia de los seres humanos recae sobre las mujeres. El trabajo de las mujeres es sedundario. Se supone que pueden estudiar -por supuesto se amontonan en carreras de humanidades- pero cuando son madres llegan los problemas y quien deja de trabajar es la mujer; son ellas las que solicitan las medias jornadas porque son las que tienen los peores puestos, las que cobran menos. Las diferencias salariales del 30% al 50% son las mismas que al principio del siglo XX.

¿Las leyes de igualdad de oportunidades se cumplen?

El sistema económico es el que está manteniendo la estructura por la cual la mujer está en una situación de inferioridad con respecto al varón. Si el Estado tuviera que aportar el dinero para cuidar a los niños, ancianos, discapacitados, dependientes... quebraría. No están dispuestos a defender a las mujeres de un sistema patriarcal que ellos mismos están sustentando.

¿Son un brindis al sol?

Son leyes muy incompletas. Además, hay una serie de grupos activos, machistas que hacen campañas muy eficaces porque les parece que a las mujeres nos están dando demasiadas ventajas. Pero, las leyes son un brindis al sol. Por ejemplo, la Ley de Discapacidad lo que propicia es que las mujeres se queden en casa al cuidado de un gran dependiente. Por ello se les dará 300 ó 600 euros. Un Estado social lo que debe hacer es liberarlas de esta responsabilidad y permitirles tener un trabajo asalariado y propio. Nos dirán que esto es mejor que nada. Pero lo justo es incorporar a las mujeres al mercado laboral. Para ello hay que crear una estructura de ayuda social, con residencias adecuadas, ayuda domiciliaria...

"Si el feminismo no llega Parlamento, las mujeres votarán lo que diga su partido y sus cúpulas masculinas"

"Un Estado social debe liberar a las mujeres del cuidado de los dependientes creando estructuras sociales"

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