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Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill

Categoría: Política

30/08/2009 GMT -6

Inversiones y prioridades

lidiafalcon @ 03:40

elPeriódico.com
25 Ago 2009
Por Lidia Falcón

Francina Ribas, querida amiga que ha cumplido 88 años a pesar de haber sido víctima de todas las desgracias que han azotado nuestro país –y que sufre las consecuencias de todas ellas: viuda de Antonio Campos, coronel de la República, guerrillero en la Resistencia francesa, héroe de la lucha contra los nazis y encarcelado después en su patria durante 24 largos años en el pudridero de presos políticos que fue el penal de Burgos–, ya que ni la enfermedad ni la miseria ni la represión política la perdonaron, se encuentra casi inmovilizada en su casa, víctima de varios infartos, de una insuficiencia respiratoria producida por el traumático neumotórax a que la sometieron cuando era joven y otros achaques provocados por la mala alimentación y el mucho trabajo.
Vive sola, porque la dictadura no le permitió reunirse con su marido antes de que el reloj biológico la incapacitara para tener hijos y, en el aislamiento y la indiferencia en que se mantiene hoy en día a los ancianos en nuestro egoísta país, no tiene más ayuda que las pocas horas que una asistenta que acude a su domicilio le dedica.

Durante un tiempo pagó 39 euros mensuales para que la Cruz Roja le prestara el servicio de teleasistencia mediante el cual, en alguna ocasión, pudieron auxiliarla en una de sus crisis, pero ahora la Cruz Roja dice que no tiene voluntarios y ha dejado de ser abonada. La asistenta del ambulatorio de la Seguridad Social lo ha tramitado con el Ayuntamiento de Barcelona, pero le han contestado que hay muchas solicitudes y que ahora no tienen presupuesto.
Intentó hace años ir a una residencia privada, de precio nada modesto, y se encontró alojada con otra anciana ciega que gemía toda la noche sin que nadie la atendiera y comiendo una bazofia que les servían de un cátering. Solicitar una plaza en una residencia pública es esperar a que el siglo haya pasado sobre ella para, si lograra sobrevivir, acabar atada a la cama y maltratada por las empleadas eventuales de la empresa privada que gestiona los servicios públicos.
Mientras tanto, la otra noche, víctima de otro ataque de corazón y sin saber a quién pedir ayuda, llamó a la policía, que acudió pronto pero que no pudo abrir la puerta mientras ella se encontraba paralizada en la cama, y hubo que recurrir a los bomberos para que descerrajaran la cerradura de la puerta. Mi gran temor es que un día ni siquiera le lleguen las fuerzas para llamar por teléfono y solo los vecinos se aperciban de su silencio cuando lleve tiempo muerta. A veces sospecho que el ayuntamiento también espera ese final, que le resolvería el problema y que, de tanto en tanto, le acontece a un anciano en nuestra ciudad.

Estas tristes reflexiones me tenían ajena a mi realidad exterior mientras me dirigía hacia la estación de Sants cuando tropezamos –el taxista y yo– con las barreras, difícilmente salvables, de los agujeros, las vallas y las excavadoras que cubren la avenida de Roma, como si un terremoto hubiese destrozado la topografía original. Ante mi disgusto, el conductor me informó de que esas obras formaban parte del plan del Gobierno de conceder a los ayuntamientos fondos para ofrecer empleos a los parados con el fin de amenguar el paro.

A mi memoria acudieron inmediatamente las informaciones de prensa sobre los miles de niños que cada curso se ubican en barracones para que no se queden sin plaza escolar, pero mi informador no podía explicarme por qué en vez de levantar calles y aceras y avenidas, que a mí me parecían perfectamente útiles y en buen estado, no se dedicaban esos fondos a construir nuevas escuelas.
Tampoco pudo dar respuesta a mi impertinente pregunta de por qué no se dedicaban los parados de la construcción a edificar los ambulatorios que reclaman cada año los vecinos de varios barrios y que nunca reciben satisfacción.

Los fondos dedicados a planes paliativos del desempleo, que nos azota con especial gravedad este año –aunque siempre ha sido endémico en nuestro país, que no tiene estructura económica para asumir el empleo de toda la gente útil para el trabajo–, se han invertido en obras públicas. Pero solo en la reforma de calles, aceras, plazas y avenidas, muchas de las cuales no necesitaban ningún arreglo, mas no en la construcción de escuelas, de hospitales, de ambulatorios, de residencias de ancianos, de centros de acogida para mujeres maltratadas, drogadictos, menores conflictivos...
La obra pública en España desde Primo de Rivera –con el efímero paréntesis de la República– se ha centrado en carreteras y calles. La escuela y la asistencia social son las cenicientas de la atención de nuestros gobernantes. Según la información de hoy mismo, se necesitan en este momento 350.000 enfermeras en todo el país, mientras los maestros están desbordados de trabajo, son trasladados continuamente de un colegio a otro y las guarderías infantiles, que fueron la principal reivindicación de las madres durante la dictadura, siguen siendo un servicio inalcanzable setenta años más tarde, al igual que los campamentos de verano y la asistencia a los mayores. Como mi amiga Francina Ribas, que morirá sola en casa sin que ninguna sensibilidad pública se sienta concernida.
Menos mal que tendremos unas preciosas aceras en la avenida de Roma.

13/03/2009 GMT -6

La Constitución de las mujeres

lidiafalcon @ 10:50

Público.es
9 Mar 2009
Por Lidia Falcón

La celebración del Día de la Mujer es una buena ocasión para reflexionar sobre el papel que ha jugado la Constitución –que recientemente cumplió 30 años–, en la vida de las mujeres españolas. Este olvido resulta más culpable si se tiene en cuenta que no sólo las mujeres constituyen el 52% de la población, sino que, si la Carta Magna ha producido algún efecto perceptible en la vida cotidiana de los ciudadanos, ese es fundamentalmente el que ha causado en la de las mujeres. Ellas fueron las grandes perdedoras de la Guerra Civil que yuguló sangrientamente los avances y las esperanzas de progreso que albergó la II República. El dictador y sus secuaces, con el inestimable apoyo de la Iglesia católica, se cebaron con especial sadismo en torturar a las españolas. Privadas de derechos civiles y laborales, de la patria potestad de sus hijos, condenadas por ley a la marginación de la vida pública y a la miseria económica, perseguidas penalmente por adulterio, prácticas anticonceptivas, aborto o abandono del hogar, se hundieron en la condición más penosa de toda la historia de España.

Solamente la firmeza que mostramos durante la transición en la exigencia de nuestros derechos nos situó en el escenario social del que también los organizadores de esta democracia querían apartarnos. Es bueno recordar fechas y actuaciones para que a los dirigentes políticos se les sitúe en el lugar que les corresponde. A dos meses de promulgarse la Constitución, en octubre de 1978, después de tres años de celebrar el Año Internacional de la Mujer y de los interminables casi dos años que los padres de la patria estuvieron pactando el texto –recuérdese que ninguna mujer participó en la redacción de la Carta Magna– el único avance que conseguimos fue que los diputados, incluyendo a socialistas y comunistas, eliminaran del Código Penal el delito de adulterio, que sólo cometían las mujeres, y el de prácticas anticonceptivas.

En los programas electorales del PSOE y del PCE de 1977 y de 1979 no constaban ni el divorcio ni el aborto. Nos costó cinco años de luchas heroicas –asambleas, manifestaciones, encierros, cierre de revistas, procesamientos y una buena paliza que recibí yo en la calle en la última manifestación en Barcelona– conseguir el divorcio. Un divorcio condicionado a la separación –han tenido que transcurrir 25 años para permitirnos divorciarnos de primeras, como en cualquier país civilizado–. Aún hubimos de sufrir cuatro años más de penalidades para lograr el permiso de abortar por grave peligro para la salud de la mujer, violación y malformación del feto, que no se ha vuelto a modificar. Mientras se discute la estúpida norma, implantada por los tan progresistas diputados, que impuso la preeminencia del varón sobre la mujer en la sucesión al trono, en un país que, para derogar la Ley Sálica, libró tres guerras y para proclamar dos Repúblicas, otras dos, ninguno ha planteado la derogación del precepto que obliga a preservar la vida de “todos”.

La Constitución es la jaula de hierro que nos encarcela en las tiranías de nuestra fisiología y nos impide alcanzar el derecho a disponer de nuestro propio cuerpo, con esa disposición del artículo 15, estableciendo que “todos” tienen derecho a la vida, que los franquistas y cristianos metieron complacidamente, ante la indiferencia de socialistas y comunistas. Así, el Tribunal Constitucional, ante el que la Alianza Popular de la época, comandada por el franquista Fraga Iribarne, presentó recurso de constitucionalidad contra la Ley del Aborto, con una interpretación torticera ante un término tan vago como el de “todos”, pudo pronunciarse exigiendo más limitaciones en la práctica. Y esto ha permitido una feroz ofensiva de la derecha, que ha llevado al cierre de varias clínicas de abortos y al encarcelamiento de siete médicos en Barcelona. El Gobierno ha nombrado una comisión de estudio –estupendo sistema inventado por esta democracia para enterrar cualquier proyecto–, en la que han entrado asociaciones del Opus, con las que asegura la vicepresidenta que hay que ponerse de acuerdo, mientras las mujeres siguen teniendo que pagar los 600 euros que cuesta un aborto en una clínica privada, porque sólo el 3% de los abortos se practica en la Sanidad pública. La limitación de derechos a las mujeres de nuestra Constitución ha sido hábilmente ignorada por los partidos políticos y sus líderes, que tanto se están alabando hoy de las componendas con que llegaron a redactarla.

Las mujeres no conseguimos los avances que la Constitución de la II República nos reconocía 50 años antes, porque naturalmente esta tampoco es una Constitución republicana y la monarquía –tan arteramente introducida sin consulta popular, con ayuda de la Iglesia Católica y la derecha, y protegida por el Ejército– impone esas limitaciones. Lo que también se oculta es que, si el movimiento feminista, enfurecidas al fin las mujeres después de casi medio siglo de esclavitudes y vejaciones, no hubiese exigido sin componendas ni rebajas las reivindicaciones que planteábamos, los ilustres constitucionalistas no hubieran introducido el carismático artículo 14, que impone la no discriminación por razón de sexo y que, en teoría, permite a las mujeres exigir igualdad de salario, de oportunidades y de trato con los hombres.

Derechos que no se cumplen, y a esto las mujeres unen la enorme carga de ser las que deben seguir trayendo los hijos al mundo, sin que el pomposo derecho constitucional a la vida exija a los gobiernos a facilitarles la obligación de darle realidad. Ni tampoco la democrática Constitución las protege contra la violencia machista, pero eso es motivo de otro artículo.

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10/03/2009 GMT -6

Los distintos feminismos - Reflexión en el día internacional de la mujer trabajadora

lidiafalcon @ 03:23

" ... todas las instituciones del patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas, con mucho respeto, por la izquierda"

elPeriódico.com
8 Mar 2009
Por Lidia Falcón

Mi deseo para este nuevo 8 de marzo sería que no se tomara el nombre del feminismo en vano. Desde hace más de una década, los ideólogos de la modernidad pretenden que las tendencias del pensamiento se vayan unificando, perdiendo los perfiles que las identificaban como de izquierdas y de derechas, y se acerquen hasta encontrarse en ese magma sin identificación que es el centro. Esta actuación en el terreno de la política ya es conocida por todos, pero apenas se ha informado de como ha influido en el feminismo. Habiendo casi desaparecido el movimiento feminista crítico con el poder, y ninguneadas las teorías feministas revolucionarias que se difundieron largamente en los años setenta y ochenta, convertidas en funcionarias muchas de las militantes que dirigieron en su juventud opciones contestatarias, lo que se identifica hoy mayoritariamente como feminismo es una suma de lugares comunes, más propios de los consejos de un consultorio sentimental radiofónico.

A esta confusión se ha sumado el oportunismo de la derecha, que, después de haber perseguido sañudamente cualquier pequeño atisbo de protesta de las mujeres, se sube ahora al carro del feminismo queriendo hacerse con los rendimientos que espera obtener de ello. La derecha pretende defender que sus políticas de inclusión de mujeres en las listas electorales y en puestos de responsabilidad corresponde a su propósito de igualar a la mujer y al hombre en todos los estamentos de la sociedad. Mientras tanto, allí donde gobierna reduce las inversiones en políticas sociales, elimina las medidas de protección de las mujeres, persigue todas las opciones sexuales que no sean la heterosexual y el matrimonio indisoluble y se muestra agresivamente contraria a la libertad de aborto. Así, ha sido posible incluso que se calificara de feminista a Sarah Palin, aquella señora --candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos con el senador John McCain, desaparecida tras la victoria de Barack Obama--, que constituye la encarnación más genuina del ideal reaccionario, o que las mujeres del PP aseguren que ellas son más feministas que nadie porque han alcanzado escaños en los parlamentos.

Pero estas falsificaciones son posibles cuando desde la izquierda ya no se defienden los principios transformadores de la sociedad que fueron la bandera del feminismo desde el siglo XVIII. Abandonada la crítica de las instituciones patriarcales como la familia y el matrimonio --uno de los grandes triunfos ha sido alcanzar el matrimonio de los homosexuales--, el feminismo dominante en los partidos de izquierda está manteniendo lo privado frente a lo público, lo individual frente a lo colectivo. Nuevamente, la derecha ha triunfado. Y no solo en lo económico, sino que lo ha hecho también, y siempre va unido, en lo ideológico. Los anhelos de los años setenta de construir una sociedad solidaria y altruista --la tercera enseña de la Revolución Francesa: la fraternidad, tan ignorada-- se han abandonado con desprecio para defender el más viejo individualismo.

Olvidadas las demandas clásicas del amor libre --la enseña de Alejandra Kollöntai que, en 1905, reclamaba la sustitución del matrimonio y de la familia por "la unión libre de libres individuos"--, la socialización del trabajo doméstico, la responsabilidad colectiva en la educación y cuidado de los hijos incluso son anatemizadas por los que se proclaman "modernos". Modernidad que lleva a afianzar las más viejas y caducas instituciones: matrimonio --mayoritariamente religioso--, familia nuclear, educación privada o religiosa a través de la omnipresente cadena de centros religiosos de enseñanza concertada, responsabilidad individual en el cuidado de los niños: todas las instituciones del patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas, con mucho respeto, por la izquierda. Y ¡ay de aquellos que pretendan escaparse de la férula del Estado patriarcal y capitalista! Serán castigados con los enormes recursos de que este dispone: penalizaciones económicas, marginaciones sociales y laborales... Al final, todos se someterán a las normas dominantes: homosexuales que se casan; familias unidas obligadas a procurarse subsistencia y vivienda por sus propios medios, sin apenas ayudas; pocos niños, pero embarazados y paridos según los obligados dictados de la naturaleza. El triunfo de la consigna más grata a la derecha: sálvese el que pueda, con un Estado que se inhibe de sus funciones protectoras, lo que, en definitiva, perjudica siempre al más débil.

Resumiendo: la preeminencia de lo privado sobre lo público. Incluso una de las reivindicaciones más emblemáticas del feminismo, el pacifismo, se ha retorcido hasta el punto de que las feministas acepten, algunas incluso entusiasmadas, la cada vez mayor participación de mujeres en el Ejército, la Guardia Civil y la Legión. Se aceptan las imitaciones, por parte de las mujeres, de las conductas más agresivas masculinas --boxeo, lucha libre, agresividad, acoso sexual--, considerando, según las normas del patriarcado, que el modelo masculino es el universal y, por tanto, el que hay que imitar. En definitiva, es imprescindible volver a establecer cuáles son los principios del feminismo.

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06/12/2008 GMT -6

Siempre en la brecha - Entrevista a Lidia Falcón

lidiafalcon @ 16:46

Entrevista a Lidia Falcón publicada en la revista El Viejo Topo No. 241 en febrero de 2008.

(Haz clic en la imagen para descargar la entrevista)

13/11/2008 GMT -6

Lo que no me ha pasado a mí

lidiafalcon @ 12:50

Público.es
11 Nov 2008
Por Lidia Falcón

Ilustración de Iker AyestaranCuando César Falcón, mi padre –escritor, periodista, director del periódico del Partido Comunista Mundo Obrero y de la emisora de radio que retransmitía las crónicas de la guerra, Altavoz del Frente–, salió de España en marzo de 1939 huyendo de la persecución de las tropas franquistas para exiliarse en Francia y posteriormente en México, nunca creyó que jamás podría regresar a aquel país que había sido su patria durante 20 años y por cuyo progreso había luchado hasta el último minuto.

Cuando Carlota O’Neill de Lamo –hermana de mi madre, Enriqueta O’Neill–, esposa del capitán de aviación Virgilio Leret Ruiz, fue detenida en Melilla dos días después de que su marido fuese fusilado por las tropas facciosas que se habían alzado en armas contra el Gobierno de la República, nunca pudo imaginar que 72 años después, y en plena democracia española, no se habrían investigado y juzgado todavía los crímenes cometidos por los responsables de la dictadura que encabezaba Franco. Tampoco hubiera podido imaginarlo cinco años más tarde, cuando salió de la prisión melillense, viuda, sin conocer siquiera la tumba de su marido, y recogió a sus dos hijas, María Gabriela y Carlota, de ocho y diez años, en el asilo de huérfanos de militares de Aranjuez.

Ni cuando tuvieron que exiliarse en Venezuela, ocho años más tarde, ni ella ni mi madre ni mi abuela, Regina de Lamo, pudieron imaginar, terminada la II Guerra Mundial y abandonada España por las potencias democráticas a los horrores de la dictadura, que en 2008 la Audiencia Nacional española, ya en democracia, impidiese que los descendientes de las víctimas buscasen los restos de sus antepasados, tirados en las cunetas de las carreteras y en las peñas de los montes, como si de perros abandonados se tratase.

Las décadas han transcurrido, indiferentes al sufrimiento de las víctimas de la represión franquista: 200.000 desaparecidos, 250.000 fusilados, 600.000 encarcelados, un millón de exilados (en proporción a su población, 22 millones de habitantes, España es el país con más pérdidas humanas derivadas de una guerra civil). Durante los interminables años de la dictadura, luchábamos por sobrevivir y acabar con aquel infame régimen que se prolongó más que ningún otro régimen fascista europeo, pero al fin conquistamos toda la democracia que nos dejaron, y desde entonces, otros 30 años más, estamos exigiendo que se reconozca la injusticia de los juicios espúreos que se celebraron manu militari y que acabaron con el fusilamiento o la prisión de miles de personas, por sus actividades políticas o sindicales. Que se investigue el paradero de los miles de desaparecidos, que se indemnice a las víctimas o a sus herederos.

Nada de esto se ha producido todavía, a pesar de la esforzada labor que durante 20 años han realizado particulares y asociaciones en reclamación de la verdad, de la justicia, de la dignidad. En este año 2008, el auto del juez Baltasar Garzón iniciando diligencias para investigar los crímenes del franquismo había dado un poco de esperanza a los solicitantes, pero los ilustres magistrados de la Audiencia Nacional, tan parecidos a aquellos que juzgaron la represión desde el Tribunal de Orden Público, se la han quitado. Los franquistas siguen rigiendo la justicia española.

En España, los franquistas, que siguen detentando los bienes de los que se apropiaron, continúan inundándonos con los mismos gritos destemplados de siempre, con su inaudita falsificación de la realidad, con sus burlas del genocidio que perpetraron, con su desprecio por los sufrimientos de un país que perdió en tres años el más consciente movimiento obrero, las mejores cabezas de la intelectualidad, la magistratura, el profesorado, la universidad, la investigación, los dirigentes sindicales y políticos, que fue sepultado en la miseria económica y moral durante medio siglo. Perdida la Guerra Civil, perdimos también la II Guerra Mundial, y por tanto nuestro destino no fue el de las potencias aliadas, pero tampoco el de la Italia fascista. Aquí quedamos los españoles hundidos en el pantano de corrupción y crimen de la dictadura, y después, cuando se celebró el nacimiento de una democracia modélica, y durante otros 30 años más, ni siquiera nos permitieron recordarlo. Por ello, la mayoría de los descendientes de las generaciones que la soportaron ignora la verdadera horrible realidad de aquella etapa.

Lo más demoledor de la historia española es que no solamente los herederos de los franquistas niegan la represión que ejerció su apreciado régimen, sino que los que no la vivieron directamente la minimizan. Las obras que se han publicado, las películas que se han filmado, los reportajes que se han realizado, no reflejan en todo su horror lo que fue la vida cotidiana, la lucha de los resistentes antifranquistas, la brutalidad y sordidez de las prisiones, la miseria del pueblo, los actos de tortura que se producían constantemente en las comisarías y cuarteles contra todo disidente o simplemente sospechoso. Porque los muertos no hablan, los exiliados lo hicieron allende los mares, los que quedaron aquí silenciados no pudieron dar testimonio de la profundidad de la destrucción de nuestra condición humana.

Por eso es posible que los que no se enteraron de la verdadera miseria de nuestra vida consideren que no vale la pena remover las historias del pasado, porque piensan que lo que no me ha pasado a mí no le ha pasado a nadie. Por eso es posible que sigan oyéndose todavía más altos los gritos fascistas que los de las víctimas.

Lidia Falcón es abogada y escritora. Presidenta del Partido Feminista de España

Ilustración de Iker Ayestaran

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12/07/2008 GMT -6

Ninguneo del PSOE - Breve comentario sobre las declaraciones de la vicepresidenta del Gobierno

lidiafalcon @ 22:16

elPeriódico.com
10 Jul 2008
Por Lidia Falcón

Las declaraciones de la vicepresidenta del Gobierno con motivo del 30° aniversario de la creación de la Secretaría de Igualdad del PSOE constituyen un inaceptable agravio comparativo del movimiento feminista. Hace más de 30 años que las españolas se organizaron para enfrentarse al patriarcado en numerosos grupos y lucharon contra la reacción que en España se oponía a todo avance. En aquel momento ni María Teresa Fernández de la Vega ni muchas de las socialistas que citó en su discurso se encontraron en las jornadas, manifestaciones, asambleas ni encierros que tuvimos que organizar para defender nuestros derechos. No ha sido ni el PSOE ni su Secretaría de Igualdad ni el Instituto de la Mujer los que difundieron el feminismo en España. Por el contrario, gracias al movimiento feminista, y al Partido Feminista, es como se ha logrado que ese partido se haya decantado por un tibio feminismo y se hayan creado esas instituciones que tan timoratamente trabajan por las mujeres, y que sin nuestra lucha no hubieran existido. Hora sería que tanto De la Vega como el PSOE nos dieran las gracias, en vez de ningunear con prepotencia nuestra lucha.

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23/06/2008 GMT -6

Treinta años de paciencia

lidiafalcon @ 14:55

Noticias de Gipuzkoa
26 jun 2007
Por Lidia Falcón

La celebración de los treinta años de democracia ha llenado los medios de comunicación de imágenes y palabras de satisfacción de políticos y periodistas, que no encuentran bastantes términos elogiosos para describir la situación de que disfrutamos. Según ellos, España no sólo es la octava potencia industrial del mundo sino que ha logrado convertirse en un país cuyo desarrollo económico y organización política y social es modelo para otros países adelantados.

Me fascina la capacidad de inducción, que alcanza el hipnotismo, que tienen nuestros gobernantes y comentaristas para convencerse ellos mismos, y al parecer para convencer también a la mayoría de los ciudadanos, de la veracidad de tales afirmaciones. En un país en el que la organización administrativa mantiene las normas del siglo XIX, en que la justicia está perpetuamente colapsada -según términos de los propios responsables-, en que las infraestructuras son incapaces de dar cabida a las necesidades de la industria, el comercio ni el turismo, en que el derecho a la vivienda es un mito que para los ciudadanos no se hace realidad nunca, en que se han destrozado los litorales ante un monstruoso desarrollismo urbano, en que se contamina el medio ambiente el cincuenta por ciento más de lo acordado con Europa; un país, que nos recuerdan constantemente las estadísticas, en que detentamos los tristes récords de baja productividad, fraude fiscal, accidentes laborales, accidentes de carretera, alcoholismo infantil y juvenil, fracaso educativo en los tres primeros niveles, violencia contra la mujer, maltrato y abusos sexuales de menores, prostitución, tráfico y consumo de drogas -somos puerta de entrada a toda Europa de estupefacientes, tráfico de mujeres y esclavos laborales- resultan cínicas las afirmaciones de entusiasmo y de júbilo que manifiestan nuestros rectores sociales ante el estado de la nación.

Un país que se mantiene por la construcción y el turismo, donde la balanza de pagos sufre el mismo desequilibrio que hace setenta años, mientras ha desmantelado los altos hornos y los trenes de laminado, la minería, los astilleros, la ganadería, parte de la agricultura y la pesca; en el que durante treinta años sigue inamovible la cifra de ocho millones y medio de personas que viven en y bajo el umbral de la pobreza, cuyos ciudadanos soportan la tasa de endeudamiento más alto de la Unión Europea por el coste de las hipotecas, donde el paro femenino dobla el masculino, con únicamente un 43% de la población activa femenina, lo que nos separa veinte puntos de la media europea, con un 30% mínimo de diferencia salarial entre el trabajo femenino y el masculino, y que conserva el colectivo de amas de casa -consideradas improductivas- más alto de Europa, con cinco millones y medio, es considerado por los personajes, que pontifican todos los días en la radio y la televisión, como ejemplo de desarrollo económico afirmando que este año hemos superado a todos los países industrializados.

Antes de las celebraciones de estos fastos, leímos los informes sobre las interminables esperas en los hospitales para realizar cualquier prueba médica, sobre la nueva y flamante ley de dependencia que va a conceder 500 euros a los grandes discapacitados, que hasta hoy, después de treinta años, nunca han recibido nada, de los suspensos de nuestros estudiantes cuyo fracaso en lengua y matemáticas supera al de todos los países europeos y de la baja inversión en investigación, que apenas aumenta año tras año. También se publicaron las trabas administrativas y burocráticas con que tropiezan los empresarios para desarrollar sus iniciativas, iguales a las de hace un siglo, el informe sobre la justicia que explica que en este momento se encuentra un millón de casos sin resolver, de los retrasos desastrosos de los trenes de cercanías, y de que el de alta velocidad de Madrid a Francia, tardará un año en llegar a Barcelona y hasta el 2010 no alcanzará la frontera. Y este es el único segundo AVE de España, donde el tendido del ferrocarril es el del siglo XIX, con un ancho de vía único, más de tres mil pasos a nivel al aire libre, escarpadas pendientes y velocidades de ochenta kilómetros de media. En todo caso, es evidente que el mayor récord que hemos alcanzado los ciudadanos españoles en estos treinta años es el de la paciencia.

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09/06/2008 GMT -6

Cuando los hombres juegan

lidiafalcon @ 23:30

ELPAÍS.com
14 Jun 1985
Por Lidia Falcón

La catástrofe de Bruselas, en la que perdieron la vida varias decenas de hinchas de fútbol, sólo se explica, según la autora de este artículo, como un resultado del machismo internacional y de la cultura machista, fomentada por los Gobiernos de todo tipo.

Nunca sabrá Margaret Thatcher el favor que ha hecho -sólo existiendo- al machismo internacional. Entre las muchas interpretaciones que he leído y oído sobre la masacre de Bruselas, la de un amigo inglés, según él de ideología anarquista, me parece la más curiosa. Para él, la causa de la causa es Margaret Thatcher, con su política derechista, que ha llevado al país al paro, a la frustración y a la pobreza, impulsando a la violencia a los jóvenes desesperados que sólo pueden ejercerla en los estadios de fútbol. De nada sirvieron mis intentos de recordarle que la pasión futbolística impulsó a los hinchas de diversas nacionalidades a cometer desmanes varios -con sus secuelas de muertos y heridos- en Brasil, México, Italia, Barcelona y muchos otros países, antes de que se vislumbrara en el horizonte histórico el reinado de la Thatcher. Tampoco le sirvió de reflexión el evidente hecho de que Margaret Thatcher ocupa el sillón del primer ministro gracias a la voluntad popular, mayoritariamente volcada en entusiástica elección por dos veces consecutivas, sobre todo después de la victoriosa guerra de las Malvinas. Y que parece bastante demostrado que los autores materiales de los vandálicos hechos pertenecen precisamente a la línea ideológica más derechista del país, que no manifestaban en Bélgica precisamente su frustración izquierdista. Esta extraña polémica se desarrollaba a partir de mi comentario de que los sucesos de Bruselas constituían la más clara manifestación del machismo. Mi interlocutor, a pesar de ser inglés, reaccionó con, el mismo orgullo herido que otros españoles ante mis palabras. Y encontró la más feliz respuesta: si la responsable máxima del país es una mujer, y en consecuencia de los actos de sus súbditos -y podía haber añadido que dos, puesto que la Reina de Inglaterra, de Escocia, del País de Gales y del Ulster es la cabeza máxima del Estado-, ¿dónde situamos el machismo?

Ninguno de mis opositores -ni otros tantos que han escrito sesudos artículos sobre la tragedia- ha querido entrar en mayores honduras. Ninguno de los comentaristas que he leído, amén de criticar a los grupos fascistas que organizaron el ataque, quiere recordar que ellos mismos han sido transmisores de la corriente intelectual que ha decretado hace tiempo la muerte de las ideologías de izquierdas. Pragmáticos de toda la vida, liberales decimonónicos, arrepentidos comunistas y aguados socialistas, están todos de acuerdo en rezar el último responso por las declaraciones de principios, por la ética y la educación revolucionarias. La revolución ha muerto, ¡viva la adaptación!- La adaptación al medio en vez de la lucha contra la caduca pero inmensa fuerza de la inercia. De la inercia de la ignorancia, de la superstición y del atraso. ¡Vivan las cadenas! vuelve a ser un grito popular, pero hoy, ¡helás!, apoyado por los intelectuales de todo el arco de la izquierda.

Hasta hace algunos años, las exigencias morales, la educación social, el sacrificio individual por la revolución, constituían un ideario considerado ejemplar, y los individuos que lo seguían y lo defendían merecían el respeto de los demás. Hace 45 años se perdió una guerra en España y se ganaron otras en diversos países, por intentar sustituir el viejo y sangriento orden del ancienne régime por el progreso, "esa palabra buena y dulce", como la definía Victor Hugo. Después triunfó el éxito capitalista, la competitividad, la iniciativa privada, la televisión, las hamburguesas, los coches deportivos, el vídeo, la novela negra, la pornografía, el elogio de la prostitución y el fútbol. Todo ello para los hombres, por supuesto. Para las mujeres el triunfo se mide en razón de los kilos de peso, los maquillajes, la estatura y el dinero del marido y el número de hijos.

Ideales nazis

Y resulta que, después de tanta guerra, los ideales nazifascistas fueron muy similares. Cocina, hijos e iglesia para las mujeres, y militarismo, heroísmo y deporte para los hombres. Elevado el fútbol a categoría de religión nacional, alentados los jóvenes y los adultos varones a entusiasmarse, a participar y hasta a matar y morir por el triunfo de los colores patrios, en vez de dedicarse a la funesta manía de pensar o a la peligrosa participación política en los asuntos del país, no comprendo cómo los Gobiernos se escandalizan y asombran de lo acaecido en el estadio de Bruselas.

Ninguno de esos Gobiernos -ni los anteriores durante varias generaciones- ha aportado un céntimo para que los jóvenes se olvidasen de los nombres de los delanteros y guardametas y aprendiesen los de los filósofos, los dirigentes sindicales y los escritores que predican la solídaridad humana, la igualdad entre el hombre y la mujer, la lucha contra el racismo y la igualdad entre las clases. Franco, Mussolini y Hitler elevaron el deporte a la más noble -después de la guerra- de las actividades masculinas; bien pocas mujeres han destacado en deporte alguno durante los imperios fascistas. Aceptando la máxima de que el pueblo está contento con pan y circo, dieron algo de pan y mucho de circo. Se equiparó el triunfo de un equipo de fútbol a la victoria sobre el ejército enemigo, y la derrota debía convertirse en motivo de luto nacional.

Años más tarde, nadie se atreverá a corregir tan sabias disposiciones para mantener entretenidos a los hombres, sin más riesgo que para ellos mismos. Dirigentes socialistas y comunistas hay que acudieron a recibir en loor de multitudes a los vencedores de un campeonato de fútbol desatendiendo las entrevistas programadas con los vecinos de la ciudad, que llevaban años intentando exponer sus quejas a alguna autoridad competente. Socialistas hay que exhiben como una demostración de su fidelidad nacionalista el carné del club de fútbol que hace patria. Intelectuales conozco que se avergonzarían de hacer profesión de fe anarquista, comunista o feminista, que se burlan de la militancia, que sonríen con desprecio a los pocos que quedamos en esta solitaria lucha por un mundo mejor y que, en cambio, hacen gala de sus conocimientos en materia futbolística.

Ningún padre intentará contrarrestar la afición a la pelota de su hijo, ninguna madre se atreverá a oponerse a la semanal asistencia al partido en la que el padre de familia, a veces con los hijos varones, gasta lo que ella necesita para comprar la comida de todo el mes. Ninguna escuela se atreve a difundir un discurso menospreciativo sobre el deporte nacional. Ningún párroco predicará contra la absurda competitividad y el gasto de los clubes futbolísticos, la brutalidad del boxeo, la crueldad de los toros, o la violencia del rugby, mientras se desgañita clamando contra la inmoralidad del divorcio y del aborto. Ningún Gobierno presupuestará más dinero para ayuda a bibliotecas, a museos, a teatros, a editoriales y a universidades que al deporte. Miles de millones pagamos todos los ciudadanos a los clubes privados de fútbol por sus pérdidas anuales, incluso los que como yo lo detestamos, miles de millones que jamás irán a parar a las exhaustas arcas de la asistencia social. En todos los países democráticos se ha dispuesto instalar vallas metálicas -y pronto serán electrificadas para mayor eficacia-, rejas, alambradas y jaulas para separar a los hinchas de los jugadores y de los contrarios, como si de leones se tratase. Todos han sido unánimes en achacar la matanza a "las pocas medidas de seguridad" de que disponía el campo de Bruselas, y a la escasez de policías que actuaran contundentemente. Todo hubiese quedado resuelto si los policías hubiesen apaleado, pateado y disparado contra los hinchas. Y como todo el mundo está de acuerdo en este punto, ahora pagaremos más dinero para instalar vallas metálicas y fosos acuáticos en los estadios y situar cada día de partido milicia especial con equipamientos modernos, botes de humo, mangueras de agua, pelotas de goma, cascos, botas y fusiles. Dinero y más dinero para controlar la violencia que previamente han desatado, desde la cuna, los rectores de la sociedad, que han criado complacientemente los maestros, los padres, que han difundido los sacerdotes y que han aprobado todos los poderes: el político, el religioso, el cultural. Cultura machista, en una palabra, que, como la violencia contra la mujer, la guerra y el deporte, conforman la tríada de valores masculinos que un hombre que si estime debe desarrollar, potenciar, defender y exaltar.

Valores morales

Cuando los valores universales de la moral cotidiana exigen que una mujer sea femenina y un hombre macho -y todavía muchas mujeres repiten con orgullo esta distinción entre sus evidentes cualidades como mujer y la execrable opción feminista-, cuando la educación se basa en la distinción entre las cualidades de la paciencia, la dulzura y la sumisión que las mujeres deben desarrollar -puesto que son "innatas" en ellas- desde la cuna, y el valor, la agresividad y la defensa del honor propio y patrio que son distintivas del varón; cuando el entusiasmo de los hombres, desde la niñez, se encamina hacia la obsesión futbolística, desviándolos de tentaciones tan peligrosas como la militancia revolucionaria, el estudio de la filosofía, la lectura de los autores clásicos, el cuidado de los animales, la defensa de la ecología, la lucha sindical o el movimiento por la paz; cuando hasta los partidos comunistas organizan festivales rock y punk para atraer a los jovencitos, hastiados de los rollos morales que los carrozas de siempre prodigaron años atrás; cuando el honor nacional exije que los aficionados se reúnan para animar a su equipo a lograr la victoria contra su rival, con la misma pasión que los defensores de la patria frente al invasor, ¿a qué viene tanto asombro, tanto duelo, tanta hipócrita plaftidez ante los sucesos de Bruselas? Y si después de todo se jugó en el máximo campo todavía húmedo de sangre, estoy segura de que en Italia muchos habrán pensado que al fin y al cabo valía la pena, porque ¿qué importan 41 muertos y cientos de heridos, si se gana el partido?

 

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01/06/2008 GMT -6

Entrevista a Lidia Falcón O'Neill: “Cada paso progresista que hemos dado ha supuesto una renuncia para las mujeres”

lidiafalcon @ 23:53

Revista Pueblos
7 Mayo 2008
Por Aloia Álvarez Feáns*

Nieta de anarquistas e hija de una feminista y un líder comunista, esta mujer lleva el inconformismo en los genes. Militó en el Partido Comunista, del que salió más que defraudada para fundar el Partido Feminista de España, hoy integrado en la Confederación de Organizaciones Feministas del Estado. Es licenciada en Derecho, Periodismo y Arte Dramático, doctora en filosofía y autora de 36 libros entre novelas, ensayos y obras teatrales. De personalidad arrolladora, valiente en sus posicionamientos, vehemente en la defensa de sus ideas, pero sobre todo de izquierdas y revolucionaria, una especie en extinción. Conversamos con Lidia Falcón, la última feminista.

Al fin estaba sola es el título de tu última novela, la historia de una mujer que en la Barcelona de los años 70 se debate entre la lucha por unos ideales revolucionarios y su propia “batalla” familiar. ¿Qué te ha llevado a escribirla?

Mi objetivo era recordar nuestra historia, sacar a la luz las penalidades que han sufrido las generaciones anteriores a la nuestra, la lucha clandestina en la dictadura y los penosos cambios que se han sucedido en el país desde la Transición y la supuesta llegada de la democracia. La protagonista, que no soy yo, puesto que no es una novela autobiográfica, vive este periodo sintiéndose marginada en el partido, en la sociedad, en la familia...

¿Y qué sentiría ahora? ¿Cuáles son los avances que se han dado en la situación de las mujeres desde la Transición?

Los avances han sido enormes en comparación con la situación durante la dictadura, por supuesto. La lucha feminista de la Transición fue definitiva para lograr la igualdad jurídica (hay países supuestamente democráticos que no la tienen, como Estados Unidos), que luego hemos avanzado en todos los cuerpos legales: civil, penal y laboral. La participación de la mujer en el mercado de trabajo ha subido 70 puntos: en el año 1967 el porcentaje de mujeres en la llamada población activa era del 13 por ciento, el mismo que en Turquía. Cuarenta años después (aunque las cifras de ahora tampoco son fiables) esa cifra alcanza el 63 por ciento. Teniendo en cuenta que hemos subido 50 puntos, claro que éste es un cambio extraordinario. Además, los sueldos de las mujeres eran una basura, y las diferencias salariales eran enormes entonces, por ley se podía pagar menos a una mujer. En el 1960-61 aprueban la Ley de Derechos Políticos, Profesionales y de Trabajo de la Mujer, que establecía la igualdad de salario para el mismo puesto de trabajo pero con igual rendimiento, lo que permitía volver a aprobar convenios colectivos en los por la misma categoría profesional las mujeres cobraban un 20 por ciento menos. Y eso estaba regulado legalmente, hoy eso es ilegal. También es evidente que la vida de la mujeres de hoy ha cambiado mucho, la presencia en la calle, en la sociedad, antes estábamos ahogadas por las convenciones sociales, los prejuicios... Ahora bien, ¿nos vamos a conformar con esto? Siempre hay algo peor, y si nos comparamos con Afganistán, claro, no hay nada que decir. Aquí estamos presumiendo de que España es la octava potencia industrial del mundo, pero si comparamos nuestras cifras con las del resto de Europa, estamos a la cola. Tenemos el colectivo de amas de casa más grande de toda Europa (5 millones y medio). Además, los trabajos peor pagados, el temporal, el contrato a tiempo parcial y el trabajo a domicilio son trabajos femeninos en el 80 por ciento, con sueldos misérrimos, sin seguridad... Si contamos que las diferencias salariales se estancan en el 30 por ciento de media y que el paro femenino dobla al masculino, la posición de España en este ranking de los países industrializados es penosa. Y además no vamos a salir de ella, porque la estructura económica de nuestro país no admite a más mujeres en el mercado de trabajo. La estructura económica internacional es patriarcal y bascula sobre la familia y el trabajo de la mujer en ella: hay que cuidar a los niños, a los ancianos, y aquí no hay estructura social para hacer esto, nadie va a sustituir a las mujeres. Por eso tenemos la natalidad más baja del mundo.

Parece, sin embargo, que el movimiento feminista ha perdido fuerza. ¿Cómo ves a las mujeres de hoy?

Muertas, drogadas, anestesiadas... lo que es consecuencia también del avance del feminismo. Avanzamos 50 años en 5 ó 10, desde que muere Franco en el 75, fecha emblemática por el Año Internacional de la Mujer, hasta el 85, que es cuando se aprueba la Ley de Despenalización del Aborto. Son 10 años capitales para que consigamos la igualdad legal y la entrada de las mujeres en el mercado de trabajo en una proporción muchísimo mayor. Todo esto cambia el panorama de la situación social y laboral de la mujer, cultural, y en menor medida familiar. En los capítulos de amor, sexualidad y familia es en el que menos ha cambiado, aunque lo parezca. Pero sí, socialmente hablando, la entrada de las mujeres en el mercado de trabajo, la visibilidad de ciertas mujeres en puestos de relativa importancia... se hace a partir de entonces. Y eso lleva a la desmovilización del movimiento. Por un lado, organizaciones que reclamaban reformas concretas, al conseguirlas se disuelven. Y luego sucede un efecto perverso a través de la estructura política de partidos, porque aquellas otras, sobre todo las dirigentes con capacidad que quieren hacer carrera política, saben que en el movimiento feminista no la van a hacer y rápidamente se integran en los partidos políticos. Muchas, algunas de buena fe, creen que quizás puedan hacer mas por el colectivo desde los partidos políticos. Después está la estrategia política y social de los gobiernos y los partidos dominantes, especialmente la socialdemocracia, en toda Europa, que crea artificialmente una serie de asociaciones supuestamente de mujeres que en realidad son la correa de transmisión del partido para la captación de voto y la implantación social de sus programas. A estas asociaciones les derivan cientos de millones de los fondos del Estado a través de la Ley de Subvenciones. Con eso tienes garantizadas dos o tres cosas: la inmediata es que se presta un servicio social mucho más barato que el que tendría que prestar el Estado, exige un trabajo y un rendimiento que no se puede dar, y así se ha destruido el ímpetu que las asociaciones de mujeres tenían al principio, estas asociaciones se convierten en nichos de empleo, miserable, mal pagado, pero se finge que así están cubiertos unos servicios sociales. Luego están los objetivos ocultos, estas asociaciones son correas de transmisión del partido que las paga, se convierten en las venas por las que circula la propaganda del partido y naturalmente así se margina a todo el movimiento feminista. El trabajo dominante es el que hacen estas asociaciones, que son del Partido Socialista y alguna del PP. En lo que se han convertido las militantes feministas es en meras funcionarias, que plantean que mas allá de ellas no hay nada. Si el movimiento no se opone al poder no es movimiento. Entonces quedamos las del movimiento feminista, marginadas, sin dinero... El movimiento feminista se ha vendido. Sobre todo desde que Zapatero ganó las elecciones y aprobó algunas leyes, el movimiento feminista considera que no se puede reclamar nada más y que lo que hay que hacer es alabarlo.

Supongo que te refieres a la Ley de Dependencia, la Ley de Igualdad, la Ley Integral contra la Violencia de Género... Háblanos de ellas.

Son puro maquillaje, promesas huecas, un soufflé que cuando lo pinchas se deshace y sólo queda un charquito de agua. La Ley de Igualdad..., ¿pero no tienen que hacer las guarderías aún? Y entonces, ¿qué van a hacer los hombres? ¿Dejar su trabajo, cuando cobran un 20 o un 30 por ciento más? ¿Esto es sensato? ¿La Ley de Igualdad consiste en dar 15 días de vacaciones al padre? Parece mentira la falta de criterio, el cinismo de la gente, porque las dirigentes socialistas avanzan esto como los grandes logros de nuestro país. ¡Si es lo más barato! Hacer una ley es lo más barato: tienes un comité que redacta un proyecto, pasteleas con un partido y con otro y luego lo publicas en el BOE, la inversión es mínima. ¿Y después que? Nada, porque a la gente de este país parece que le ponen anestesia en vena cada mañana...

El número de muertes por violencia machista no deja de aumentar en nuestro país. ¿Cuáles son los factores que explican esta progresión?

El fenómeno del aumento de la violencia contra las mujeres es también producto directo de los avances, aunque sean pequeños, del feminismo. Es la guerra. En los últimos 10 años 850 mujeres han sido asesinadas, pero nunca se cuentan todas juntas. Lo vergonzoso es que cada 1 de enero se pone el contador a 0. Cuando se habla de las víctimas de ETA siempre se suman, en 40 años: 800 muertos... Nosotras tenemos 850 (y seguro que nos quedamos cortas) en 10 años. Ésta es la reacción exacta contra el feminismo. La mayoría de las asesinadas han intentado separarse, se han divorciado, o han querido dejar al “personaje”. En el momento en el que el feminismo avanzó y consiguió el divorcio y fue dándoles la conciencia a las mujeres de que podían romper esas cadenas, un sector de hombres no lo puede consentir y así la violencia llega al extremo. Y se habla del asesinato porque es lo más terrible pero de los 2 millones de mujeres sistemáticamente apaleadas que hay en este país se habla muy poco. De hecho, los cálculos oficiales son detestables, el número real de las asesinadas es también mucho mayor. Una compañera feminista sueca se sorprendió hace poco de que el número de muertas en España fuese proporcionalmente mucho menor que en Suecia. A nosotras nos dejó muy desconcertadas así que lo comprobamos y vimos que la manera de contar no es la misma. Nosotros no contamos a las que mueren meses después de la agresión por las heridas sufridas, ni a las suicidadas, ni a las que mueren por causas naturales a consecuencia de un maltrato prolongado...

¿Y la violencia psicológica?

Esas, todas. Mira, tuve una bronca con unas compañeras porque me dijeron: “2 millones, eso es mucho, tú cuentas también el maltrato psicológico, ¿no?”. Todas nosotras hemos sido maltratadas psicológicamente en el algún momento de nuestra vida, y la que diga lo contrario, miente. Por el marido, por el novio, el amante, el hermano, el vecino, el jefe de la empresa, el compañero de trabajo y por cualquiera en el metro. ¡Pero hombre! Son unas inconscientes... Y ahora salir a la calle quizás es menos arriesgado, no en cuestiones de seguridad, pero sí en el soportar el chiste, el piropo, el tocamiento...

¿Y si hablamos de inmigración? Los datos sobre violencia machista entre la población inmigrante son destacados por los medios de comunicación constantemente. ¿No crees que la prensa está contribuyendo a estigmatizar a todo el colectivo? En la prensa no dejan de destacar que de las mujeres asesinadas por violencia machista una gran proporción (el último año un 40 por ciento) corresponde a población inmigrante...

Sí, pero no todos los asesinos lo eran! Creo que de ese 40 el 20 o el 30 eran españoles. ¿Estigmatizar? Ya sabemos que la situación de la mujer en esos países todavía es peor, esta más aplastada, más sometida. Por otro lado, no se hace nada para que los valores universales de respeto a los Derechos Humanos penetren en esas comunidades, al contrario, les interesa mantenerlas en guetos. Además, ahora, bajo la defensa, que me indigna, del multiculturalismo van a permitir el velo en todos los colegios, y están contratando imanes para que den clase de religión islámica en las escuelas. Y ahora María Teresa Fernández de la Vega se está poniendo de acuerdo con el Consejo Islámico Nacional para ver cómo se paga a los profesores. ¡No teníamos suficiente con pagarle a los curas! Es el disimulo del falso respeto a las culturas y las religiones. Y esto les va muy bien, porque la religión es uno de los instrumentos de dominación de la gente y de opresión de la mujer... Mira, cada paso progresista que hemos dado ha supuesto una renuncia para las mujeres... Estamos luchando porque no se haga la ablación del clítoris de las niñas, ahora hemos conseguido que sea delito practicarla incluso fuera de España, lo que pretendemos es que se ponga en práctica... Por no hablar de que el maltrato en estas comunidades, sobre todo de religión islámica, a la mujer es horroroso. Las casan a los 14 años, y los gitanos también, y nadie lo impide. La última muchacha gitana asesinada tenía 18 años y 5 hijos...

De todos modos a nosotras nadie vino a decirnos desde ninguna sociedad presuntamente “superior” que teníamos que emanciparnos y cómo debíamos hacerlo....

Eso son complejos que te han metido en la cabeza. Mira, las estadounidenses ya nos lo dijeron, y en la época de nuestras abuelas sufragistas, las inglesas y antes las francesas. Además, a mi esta división en nacionalidades no me causa ningún tipo de emoción, yo no me siento de ninguna y si el mundo no es mi patria no es ninguna. Entonces a mi qué me importa que fuesen las inglesas, claro que me importa, se lo agradezco. Si pensamos en como están las mujeres en países espantosos como Afganistán, Irán o Nigeria, ¿qué van a hacer aquellas pobres mujeres en esas condiciones? Sus demandas deben ser mínimas. Pero es que las que tenemos aquí, que salen a la calle con el velo, viviendo tres o cuatro con el mismo hombre, dispuestas a hacerle la ablación a sus hijas y a casarlas a las 12 años con un tío de 60... éstas no tienen tampoco ninguna posibilidad, porque no hay posibilidad de que se les despierten las conciencias, es imposible en estas condiciones. Y qué clase de respuesta han dado vuestras madres y abuelas en la situación que vivieron. Pues agradecidas, primero, por lo que escribieron las feministas del mundo entero y por otro, de que en 1948 se aprobase la Declaración de Derechos del Hombre, como se llamaba entonces, y que se creara el Comité de no discriminación contra la mujer en el 75. A eso contribuyeron definitivamente las estadounidenses, que en esa época estaban más avanzadas en la lucha. En cuanto a respetar culturas... ninguna, porque todas son patriarcales, y esta es una discusión eterna. Cuando estuvimos con las compañeras mexicanas y bolivianas en Huelva, Marcela Lagarde me dijo, “bueno, es que todas las culturas son respetables”. A mi me entró un ataque de ira: ¿Cómo que todas las culturas son respetables? Yo me eduqué en una cultura fascista, ¿me quieres decir que aquella era respetable? Además, no hay ninguna que no sea patriarcal. De qué estamos hablando, ¿de monumentos y de libros, o de lo que se hace con los seres humanos, con las mujeres y los niños? Conviene que esto nos entre en la cabeza. Bajo la apariencia de que somos tan tolerantes, tan liberales y respetuosos con las culturas tenemos a mujeres y a niños y a esclavos en las mismas condiciones de opresión y explotación que hace mil años pero encima respetados por las gentes que estamos en la lucha por los Derechos Humanos. No hay nada que sea respetable per se, por designio divino. Desde el momento en que nos hemos dotado de una Declaración Universal de los Derechos Humanos, que nos ha costado 7 millones de años... todo lo que vaya por debajo no se pueda respetar. Pero no creas que es inocente, es algo que está orquestado por la potencias occidentales, porque al final van a sacar el petróleo de Arabia Saudita, por tanto si las mujeres no pueden ni hablar ni salir, ni nada, bueno, es que hay que respetar su cultura... Me ha costado 20 años que haya una campaña contra la ablación, ya lo adelanté en mi libro Mujer y sociedad en el 69 y causó espanto. Aquí todavía no teníamos inmigrantes de países donde se practicase. Y entonces fui a Estados Unidos y ellas mismas, las marroquíes, se mostraron indignadas de que me atreviese a meterme así con su cultura.

Mira, una cosa que me da pena es que en Kenya, Jomo Kennyata, el líder de la independencia, que fue uno de mis símbolos, cuando consigue la independencia del Reino Unido, en el primer discurso dice que se va a echar a los invasores, que se va a recuperar la cultura y que, por lo tanto, hay que volver a instaurar la clitiridectomia, que los ingleses habían prohibido. De esto me enteré tardíamente... En Egipto que no es la África profunda, se ha practicado desde la época de los faraones... Ahora, empezamos a cuestionarlo, pero fundamentalmente para nosotras, claro, a nosotras que no nos hagan esto pero si son marroquíes y ellas quieren... Yo me pregunto: ¿Ellas quieren?

Ellas no pueden elegir...

Claro, es que hay cosas que no se pueden elegir, porque tú puedes elegir venderte como esclava pero no te vamos a dejar, o casarte con un señor que tiene otra mujer, pero no te vamos a dejar porque ese matrimonio va a ser inválido. Así que no puedes elegir y el día que la cabeza se te abra, comprenderás por qué, pero de momento no te lo vamos a permitir.

¿Qué opinas de la campaña moralista que se ha emprendido contra el aborto?

Es espantoso, y yo llevo 20 años prediciéndolo. En el mismo momento en que se aprobó la despenalización de los tres supuestos (que no significan darle un derecho a la mujer, que no es ni siquiera una ley de aborto, simplemente son tres supuestos de exención de responsabilidad penal) se desmovilizó el movimiento feminista. A partir de entonces cada una se buscó la vida y desde entonces no se ha reclamado más, los intentos han sido sólo comedias. Ahora, ha pasado lo que tenía que pasar, la derecha, el enemigo, que no se cansa nunca, se ha organizado, ha presentado querellas y han estado en prisión 7 médicos durante 2 meses, han cerrado 4 clínicas en Madrid y Barcelona, se han llevado los historiales de las mujeres, han citado a declarar a 25 de ellas en Barcelona... Pero además de esto, que es sangrante, las consecuencias van a ser terribles, como se está viendo ya. Los médicos se van a negar a practicar abortos, los que lo hagan cobrarán más y sólo las que tengan dinero podrán pagarlo, y los más baratos lo harán en condiciones clínicas fatales. Muchas acabarán metiéndose una aguja de hacer media como se hacía antes...

En esa línea, ¿qué te parece la actitud de beligerancia progresiva que ha tenido en los últimos tiempos la Iglesia Católica en contra de los avances sociales logrados?

A mi lo que me indigna es la reacción del Gobierno, yo de la Iglesia no he esperado nunca nada. La Iglesia ha regido los destinos de las mujeres españolas durante medio siglo, y como se quedaron sin tanta influencia social están rabiando y queriendo recuperarla. Esto a mi no me importaría si no fuera por la cobardía de este Gobierno al cederles dinero y prestigio. El otro día Zapatero se fue a ver al nuncio de su santidad. Yo no he visto nunca a un presidente de gobierno cenar en la embajada de otros países dentro de su propio Estado. ¡Es el colmo! Hemos visto a de la Vega vestida con mantilla de Semana Santa besándole las manos al cardenal en Roma. Si nos portamos de esta manera, no entiendo cómo no piden mas. Hemos pasado de darles el 0,52 al 0,7 en el IRPF, mantenemos el 50 por ciento de todas las plazas escolares en sus manos, todo el patrimonio artístico del país, se lo limpiamos, se lo pagamos, y sigue siendo de su propiedad. Si estas son las relaciones que tiene que tener un Estado laico con la Iglesia...

Con un gobierno de supuesta izquierda...

Aquí no hay más que una derecha civilizada, democrática, que es el PSOE, y los fascistas del PP.

¿Y qué pasa con la Memoria? Hablemos de la Ley de Memoria Histórica.

Lo penoso de esta Ley de Memoria Histórica es que hemos tenido que pedirle permiso a la derecha para aprobarla porque el Gobierno insistía en que tenía que haber el mayor consenso y teníamos que estar de acuerdo con todos los partidos, también con los hijos de los que nos asesinaron. Es realmente lamentable, para eso más valía no haber aprobado ninguna ley. En Chile, Argentina, Grecia, Portugal, y no digamos en la Alemania nazi, no sólo han pedido perdón a las víctimas de la dictadura sino que las han indemnizado, en cantidades enormes, al punto de que muchos de mis camaradas republicanos de la resistencia francesa, que fueron condecorados por el Estado francés recibieron una pensión del Estado alemán por su lucha contra el nazismo. Esto no lo conseguimos en España, lo que conseguimos fue la tortura y la cárcel.

¿Por qué?

¿Por qué? Qué desgraciado país el nuestro, mira, nuestro país es único. El único país que se resistió al fascismo fue España, en Alemania escogieron a Hitler, en Italia aquel fantasmón se subió al podio, y los italianos tardaron un montón de tiempo en organizar una resistencia. En Portugal tuvieron una dictadura larguísima pero no vivieron una guerra civil. La única desgraciada, Grecia, vivió una guerra civil, que no fue tan larga y exterminadora como la nuestra, pero bien la sufrieron. La dictadura nuestra duró más que ninguna, arrasó con todo lo que podía, los que no estaban asesinados en las cunetas morían asesinados en los paredones, los que no estaban en la cárcel o en el exilio. Y tardamos mucho más de cuarenta años en empezar a recuperar aquello que teníamos con la República. Y esto no le ha pasado a ningún país. Cuando pasan 17 años en Chile o 15 en Argentina mismos (que además, no fue un exterminio como el de aquí, a pesar del horror), los que lucharon están vivos, jóvenes, dispuestos a dar la batalla. Nuestros padres, y hasta nuestros abuelos, ¿dónde están? Muertos y enterrados y ni siquiera sabemos dónde, los hijos sobrevivieron con muchas dificultades y a los nietos ya no les importa nada.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo explicas esa desmemoria?

Bueno, porque hemos pasado 40 ó 50 años arrasando los valores republicanos. Cuando se acepta la monarquía echamos miles de toneladas de infamias sobre nuestros muertos, encarcelados, resistentes y torturados, nuestra memoria y nuestros valores; porque los valores republicanos no se han recuperado nunca más. Y aquí hay unos actores con nombres y apellidos. El señor Santiago Carrillo acepta la bandera nacional y el himno aquel, y se va a besarle el culo al rey... es la traición más grande que se podía haber cometido. Y esto es lo que nos ha pasado. Tanto sufrimiento y tanta lucha por acabar con esa monarquía corrupta, que era la síntesis y el compendio de todos los delitos y todos los crímenes... La monarquía hasta el 31 lo reunía todo, y hemos enlazado directamente con esto, porque este rey sigue haciendo cosas muy parecidas. No tenemos guerra en Marruecos, sería lo único que nos diferenciaría... pero los negocios fraudulentos del rey... Esto, que es la cúpula de la pirámide, se transmite como un diluvio a toda la sociedad. El 50 por ciento de las plazas escolares están en manos de la Iglesia, los medios de comunicación convertidos en grandes holdings... En Madrid entre el 31 y el 39 se publicaban 17 periódicos diarios, de todas las tendencias, lo que ilustraba la vitalidad de una sociedad en expresar sus ideas, una sociedad que vivía apasionadamente las transformaciones sociales del momento. Los medios de comunicación hoy se han convertido en grandes holdings que sólo transmiten la ideología dominante y a las nuevas generaciones, además, no les interesa nada la información, están agarrados a una consola o viendo pornografía. Esta es la transformación moral de nuestro país, que es verdaderamente penosa (lo cuento en la novela). El medio siglo en el que han sido imperantes las fuerzas reaccionarias: la derecha más negra, la Iglesia, el ejército y el gran capital, los valores que han transmitido son los que sabemos, los que les interesan para mantener esa gran alianza que gobierna en España, el ejército, la Iglesia y los grandes capitalistas. Y esta Triple Alianza, esta sí que es la Triple A, gobierna en España sin mermarle nada la influencia moral e ideológica. Ahora, ¿quién pone en cuestión la monarquía? Un articulito por allá, con un lenguaje de lo más suave, bien temeroso (hay que ver lo que le pasó al Jueves)... Y ésta es una monarquía capitalista, patriarcal y beata. Las resistentes somos como los primeros cristianos, sólo nos queda reunirnos en las catacumbas...

La diferencia con la dictadura es que ahora puedo contarte las cosas que te estoy contando y no vamos a la cárcel. Pero el capitalismo, aquí como en todas partes, ha conseguido un efecto enormemente eficaz. Mientras puede mantener la paz social (y a esta paz social en España fueron con absoluta conciencia los sindicatos y los partidos de izquierda con los malditos Pactos de la Moncloa) lo que hace es influir ideológicamente y, además, vende también de manera muy eficaz la idea de que estamos en el mejor de los mundos posibles: libertad de expresión, de reunión, de asociación, de sindicación, de partidos políticos... ¿Qué más quieres? Te pueden decir con todo el cinismo del mundo: “bueno, pues si no te gustan los partidos que hay, monta uno”, esto a mi me los han dicho las compañeritas de varios partidos. “No te gusta lo que dice la televisión, monta una”. Y esto es un absoluto cinismo, porque se sabe perfectamente cómo sólo el gran capital puede disponer de partidos, de campaña electoral y de medios de comunicación. Con los partidos feministas nos presentamos a las elecciones europeas en el año 1999, y reunimos 30-40 millones de pesetas. En aquella campaña los dos partidos mayoritarios presentaron por primera vez a dos mujeres como cabezas de lista, y sabemos que lo hicieron precisamente por la campaña que habíamos llevado nosotras adelante... Se presenta Rosa Díez por el PSOE y María San Gil por el PP. En aquel momento cada partido gastó 3.000 millones de pesetas en la campaña, aparte del peso y prestigio que ya tenían. La Ley electoral bascula...

Y en este escenario de conformismo generalizado, ¿dónde está la izquierda?

Pues en el Partido Feminista, porque la izquierda se ha suicidado. Se suicidó el Partido Comunista, el panorama de IU lo puede ver cualquiera, sí, un poquito más a la izquierda, socialdemócrata... Carlos [París, filósofo y actual pareja de Lidia Falcón] dice que la izquierda padece el síndrome de Estocolmo, porque los derrotados están asumiendo la ideología del vencedor y se trata de ver quién reparte mejor en esta subasta asquerosa. Hace falta una izquierda consciente, que tenga sentido crítico, que tenga el valor de organizarse. No se trata de escribir artículos sino de organizarse con racionalidad. Hay muchos grupos antiglobalización, movimientos estudiantiles, pacifistas, lo que queda del movimiento feminista, atomizado, pero con capacidad de volver a organizarse... Hay que elaborar un programa realista pero transformador y plantear 4 ó 5 cosas.

¿Cuáles?

Primero: acabar con la Iglesia Católica (bueno, con las donaciones, por lo menos...). Segundo: la República, que nos la devuelvan y que los Borbones se vayan al exilio que allí viven muy bien. Tercero: un Estado laico. Cuarto: una República federal, que es la única manera de resolver el problema territorial, y quinto: la nacionalización de los sectores fundamentales de producción. Y no digo que con esto se vaya a hacer la revolución pero por lo menos es avanzar unas mínimas reivindicaciones que un país socialista tiene que tener.


* Aloia Álvarez Feáns pertenece al Consejo de Redacción de Pueblos. Un extracto de esta entrevista ha sido publicado en el nº 31 de la Revista Pueblos, marzo de 2008

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20/04/2008 GMT -6

¿Eso era la igualdad?

lidiafalcon @ 20:55

Público.es
2 Abril 2008
Por Lidia Falcón

El resultado de las elecciones nos ha mostrado un retrato del Congreso de Diputados en el que son menos ahora las mujeres elegidas que hace cuatro años. Retrato más insólito aún si tenemos en cuenta que el Partido Socialista tiene cuatro diputadas menos y el Partido Popular dos más. Por supuesto las militantes de las formaciones políticas menores no han tenido oportunidad alguna. Pues bien, éste es el resultado de haber aprobado, con toda clase de felicitaciones, una Ley de Igualdad.

No ha habido ley, que decían que era la más avanzada y novedosa del mundo, más publicitada por el Gobierno y las dirigentes del PSOE. Según la propaganda que nos invadió a través de todos los medios de comunicación, esa norma iba a concluir, definitivamente, con las milenarias desigualdades que padecen las mujeres de nuestro país, y se la debíamos al trabajo esforzado de las mujeres del Partido Socialista, convencidas, como me explican, de que los avances en materia de igualdad –ya no se trata de hablar de mujeres ni de feminismo– se logran poquito a poco, con la solidaria complicidad de los hombres, sobre todo los de su partido.

Cuando se publicó, escribí el comentario que se merecía. La tan alabada ley consiste en una serie de consejos, deseos y esperanzas a cumplir en largos periodos de tiempo, que sobre todo involucra a las empresas privadas en la obligación de emplear mujeres en los consejos de administración. También les fuerzan a conceder permisos, jornadas reducidas y horarios flexibles para que las mujeres y los hombres se organicen mejor en su casa. Por supuesto nada se habla de la obligación del Estado de crear la red pública de escuelas infantiles, de residencias de ancianos, de atención domiciliaria, porque eso cuesta dinero, y más barato resulta imponer obligaciones a la patronal y cargar el peso del cuidado de la familia a los propios ciudadanos.

Pero de lo que no parecía caber duda era de que en el ámbito político las mujeres habían dado un gran paso hacia delante, con la obligación impuesta a los partidos de que las listas electorales tuviesen un 40 y un 60% de candidatos de cada sexo. Pues bien, una vez celebradas las elecciones y verificados los resultados, nos encontramos con una composición del Parlamento más masculina que la anterior. Para lo único que ha servido la ínclita Ley es para impedirle al Partido Feminista que presentase listas exclusivamente de mujeres, porque ya se sabe que era imprescindible garantizar a los hombres su presencia entre nosotras, si no hubiesen podido quedar marginados de la participación política del país.

Éste es el resultado de la aprobación de leyes vacuas, sin apenas contenido, dictadas desde los órganos del Gobierno, que no están apoyadas por una verdadera participación del Movimiento Feminista. Del mismo modo, la implantación de las cuotas, con las que siempre estuve de acuerdo, se ha pervertido desde el momento en que han sido los hombres dirigentes de los partidos las que las han distribuido. En los puestos de poder han escogido a las mujeres más fieles y obedientes a las consignas de la cúpula masculina, marginando a las de mayor inteligencia y personalidad, que suelen ser las menos obedientes. En consecuencia, los hombres han obtenido dos ventajas, la primera, disponer del voto fiel de sus subordinadas y la segunda desprestigiar el sistema, al mostrar cómo las cuotas llevan a las menos capacitadas a los puestos de decisión.

Pero estas consecuencias son inevitables desde el momento en que quienes distribuyen los puestos son las cúpulas dirigentes de los partidos, en ese gobierno absoluto, más parecido a una dictadura, de la partitocracia que domina nuestra vida política, y en la que únicamente los elegidos por el jefe tienen posibilidades de alcanzar los podios. Y entre estos suele haber pocas mujeres, y siempre las menos capacitadas y las más obedientes a las órdenes del buró político.

En definitiva, las mujeres de los partidos, y lamentablemente las de los de izquierda, se han rendido con armas y bagajes a las férreas normas impuestas por los señores que dominan con despotismo el mundo político. Abandonada hace tiempo su militancia feminista –cuando el Movimiento aglutinaba a las mujeres más preparadas y combativas– en aras de obtener puestos rentables en las diversas escalas y estamentos de los partidos y del Estado, las que hoy pretenden dirigir las reivindicaciones de las mujeres lo que han conseguido es apoyar las arbitrariedades de sus dirigentes masculinos.

Lo cierto es que a las mujeres del PSOE y también de IU, les molesta la existencia de un Movimiento Feminista, independiente de los partidos políticos tradicionales y siempre a su izquierda, en el que seguimos planteando las eternas reivindicaciones de las mujeres y criticando, con firmeza y exactitud, el sometimiento a las normas aprobadas por los hombres que dejan inermes e indefensas a las mujeres ante el poder. Por eso no nos consultan nunca cuando hay que reclamar reformas legislativas, manifestarse contra la última barbarie machista o redactar un nuevo proyecto de ley. Por eso se alegran, sumisas y contentas, de los bodrios legislativos que sus jefes llevan a la aprobación de las Cámaras, y aceptan, con una cobardía sin igual, que sea la Iglesia católica –y ahora pronto la musulmana– y la derecha cavernícola las que impongan sus condiciones en las cuestiones más graves y urgentes que nos afectan, como el aborto. Por eso hoy hay menos mujeres en el hemiciclo del Parlamento, y lo mismo pasará en las sucesivas elecciones si el verdadero feminismo no vuelve a tener el protagonismo que se merece.

Lidia Falcón es presidenta del Partido Feminista, abogada y escritora

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