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Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill

Categoría: Historia

05/02/2008 GMT -6

Lidia Falcón presentó su novela "Al fin estaba sola"

lidiafalcon @ 12:54

“El mundo tendrá que escoger entre feminismo y barbarie”
Lidia Falcón presentó su novela
“Al fin estaba sola
la emotiva historia de una mujer en la lucha política y personal

AmecoPress
2 Nov 2007
Por Julia López

Al fin estaba solaLa presentación de la última novela de Lidia Falcón en el Colegio de Periodistas de Cataluña, ha sido un acto emotivo y de reconocimiento de una líder feminista, que sigue luchando por una sociedad mas justa para mujeres y hombres. Para Pilar Rahola, que la ha acompañado en esta primera presentación, Falcón merece un homenaje especial, ya que ha mantenido una coherencia increíble y ha estado siempre por encima del estigma de ser considerada la feminista por antonomasia. O sea, lo peor de lo peor.

“Al fin estaba sola” es la historia de una mujer luchadora, homenaje a una generación de mujeres que entre los 60 y 70 que dieron su vida por la lucha revolucionaria, manteniendo sus convicciones y sus valores, a la vez que mantenían con dignidad a sus familias. En palabras de Rahola: “Su novela me ha emocionado enormemente. Hay política, lucha clandestina, y solidaridad, pero sobre todo es la historia de una mujer sola, luchando contra viento y marea, por sobrevivir, utilizada por un partido de izquierdas, y por las noches soportando a un machista, y a una hijas que le echan en cara su vida”.

Entre la revolución y la supervivencia

A Rahola, la novela le ha recordado una frase de Alexandra Kolontai que decía: “Yo de día hago la revolución y de noche tengo que sufrir a mi marido en la cama, un verdadero machito, sonreír y seguir adelante”.

La presentación que contó, además de Rahola, con Ignasi Riera, Francesc de Carreras y el propio editor, Miguel Montesinos, tuvo momentos divertidos y remarcables. Tanto Riera, como Carreras, que hablaron primero, y elogiaron la novela pero la interpretaron desde un punto de vista político, un poco cómplice con la historia de aquellos años. “No se que he hecho yo para merecer esto –explicaba, riendo, Riera- porque yo tengo que estar en algún sitio en esta novela, pero aún no me he encontrado. He sido del PSUC, ahora de Iniciativa, vivo en Madrid y tengo cargos políticos. Seguro que también soy un poco machista, pero he de reconocer que de esta novela, si que se podría avisar que cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia”.

Para Carreras, en la novela había nostalgia de una lucha pasada y frustración por la situación actual, aunque estaba de acuerdo con falcón, que de aquella situación surgió el feminismo, “que si que es una verdadera revolución”. En su análisis de aquellos años, desde mediados de los sesenta hasta entrados los 70, según él, los que se implicaban en la lucha clandestina eran más rebeldes que revolucionarios. También Carreras, actualmente catedrático de derecho político y promotor de la creación de “Ciutadans per Cataluña” quería encontrar las claves de la trayectoria de algunos líderes que cuenta Falcón, en su novela “¿quién estaba detrás?” ¿A quién se refiere la protagonista, cuando al volver del exilio, se entera de lo bien instalados en puestos institucionales, que estaban algunos de sus compañeros de partido?”.

Rahola, de una forma irónica y comprensiva empezó comentando que “después de oír a mis compañeros creo que no hemos leído el mismo libro. La historia de Ruth no es la denuncia de su papel en un grupo de izquierdas, es el drama de una mujer sola que lucha por los demás, por un mundo mejor, y que sobrevive como puede, en un entorno machista y hostil. Creo que vosotros analizáis el libro con mirada masculina y sin embargo yo, que soy de una generación posterior, y algunas de las cosas que explica no las acabo de comprender, he sentido una complicidad total desde la primera línea. En la novela no hay trampa ni cartón. Todo es auténtico. Pone la piel de gallina”.

Su mirada sigue siendo muy moderna

Confesando que desde siempre siente verdadera devoción por Falcón, la gran comunicadora y polemista, Rahola, subrayaba que todos tendríamos que estar orgullosos “de tener a nuestro lado un referente del feminismo del calibre de Lidia Falcón y que siga en primera línea de ‘combate’. Sinceramente, no veo ninguna nostalgia ni en su obra ni en los valores que defiende. No se ha quedado estancada en el pasado, como les ha pasado a otras valiosas personas: Al contrario Lidia ha ido evolucionando de acuerdo con el tiempo, y su mirada sigue siendo modernísima”.

Falcón se emocionó con estas últimas palabras e inició su disertación con una lista de agradecimientos. “A Riera, porque me ha seguido desde el principio, me ha aconsejado y me ha animado a publicar. Yo casi había tirado la toalla. El calvario de ir de editorial en editorial y ser rechazada, podría ser materia de otra novela”. Según explicaba con cierto humor, no querían saber nada, ni siquiera las editoriales con las que ya había publicado. Pero cuando recordó a su amigo de la “generación nostálgica”, editor de Montesinos, y del El Viejo topo, se sintió salvada. “Verdaderamente al final, si que nos quedamos solos tu y yo, Miguel, –comentaba mirando con gran ternura a su compañero de mesa– recuerdas que me preguntaste, ‘pero si mi editorial es muy pequeña, ¿de verdad que te interesa?’. Como no me iba a interesar si me habían rechazado Planeta y compañía. ‘Ya verás, te dije, seguro que encima vamos a tener éxito”.

También agradeció la invitación de la ADPC (Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña), por invitarla a este acto, adelantándose al propio Colegio de Periodistas, y se disculpó por no haber podido recoger personalmente el premio: “La Rosa del Desierto,” que le concedieron en septiembre, y que recogió emocionada su hija, porque “tenía el compromiso de un programa de TV en Madrid”. También agradeció la presencia de Carreras, porque encima “de haberse tenido que leer la novela se ha llevado regañina, pero yo ya sabia que algo así pasaría, y que su análisis aunque fuera muy bueno, iba a perder de vista que la protagonista es una mujer, que además habla en primera persona”.

Falcón se refirió también, siguiendo la historia que había contado Rahola, a cuando le preguntaron a Miterrand cual sería el hombre del siglo XX, y contestó que sería mujer. También quiso recordar la advertencia de Rosa Luxemburgo que “en un discurso público a finales de los años 30 dijo que “aún estamos a tiempo de poder escoger entre la democracia y la barbarie”. Entonces se escogió la barbarie. Ahora vivimos una época clave –subrayaba apasionada Falcón- en la que también estamos a tiempo de escoger entre “feminismo y barbarie”.

Un poco de biografía

Lidia Falcón es licenciada en Derecho, Arte Dramático y Periodismo, así como doctora en Filosofía. Nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Wooster (Ohio). Fundó en el 72 la revista "Vindicación Feminista" y hace unos años: "Poder y Libertad", que actualmente dirige. Líder internacionalmente reconocida del feminismo español, creó el Club Vindicación Feminista, el Partido Feminista de España, la Confederación de Organizaciones Feministas del Estado Español, y ha participado en el Tribunal Internacional de Crímenes contra la Mujer de Bruselas y en los foros internacionales de Nueva York, Nairobi y Beijín.

Es autora de 36 libros. En el terreno del ensayo destacan: "Mujer y sociedad", "La razón feminista", "Mujer y poder político", "Los nuevos mitos del feminismo", "Violencia contra la mujer", "La violencia que no cesa". Sus memorias abarcan varios tomos: "Los hijos de los vencidos", "Viernes y 13 en la calle del Correo", "Memorias políticas" y "La vida arrebatada", el último publicado. Asimismo, tiene una extensa obra narrativa, con títulos tan emblemáticos como "Camino sin retorno", "El juego de la piel", "Postmodernos", "Cartas a una idiota española" que, traducido a varios idiomas, se ha convertido en un verdadero best-seller mundial. También ha tenido mucho éxito la novela “Las nuevas españolas”, publicada en el año 2004.

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25/01/2008 GMT -6

Pidiendo perdón (sobre la Ley de Memoria Histórica en España)

lidiafalcon @ 20:44
 
Público.es
18 Nov 2007
Por Lidia Falcón

La Ley de Memoria Histórica se ha aprobado. Y se ha aprobado porque al fin la derecha nos ha dado permiso para hacerlo. En las largas y cómplices negociaciones que se han llevado a cabo entre los representantes de unos y otros partidos, ha sido patético ir observando el proceso de adulación y complacencia con que la izquierda llevó las negociaciones a fin de contentar a los partidos de derecha, que ha concluido en la degradación de una ley que la democracia nos debía desde hace 30 años. Bien es cierto que el Partido Socialista había esbozado un proyecto absolutamente indigno para que pudiera ser considerado reparador de los sufrimientos de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, y que ha sido en alguna medida limpiado por Izquierda Unida. Pero también ésta se ha declarado vencida ante las imposiciones de los partidos católicos y de los del gran capital.

Mi asombro fue oír repetir diariamente a los comentaristas que era imprescindible obtener el consenso de todos los partidos. De todos, incluso de aquellos que dirigen los herederos políticos de los que organizaron el golpe de Estado, de los que llevaron a cabo las matanzas indiscriminadas y los consejos de guerra y expoliaron a los republicanos; partidos donde se encuentran, impunes y radiantes, los hijos y nietos de los dirigentes y cómplices del franquismo. La izquierda también desea esta alianza, quizá en cumplimiento de aquella vieja consigna del Partido Comunista de la “reconciliación nacional”, que fue tan incomprendida por los que debían reconciliarse con quienes los habían condenado a muerte.

Lo más patético de este episodio es comprobar cómo la izquierda le ha pedido perdón a la derecha por atreverse a recordar los episodios de la Guerra Civil, los padecimientos de los que defendieron la República, la represión que sufrieron los resistentes bajo la dictadura. Atacados al parecer del síndrome de Estocolmo, los partidos que deberían haber planteado estas reivindicaciones en tiempos bastante anteriores, cuando estaban más ocupados en apagar los fuegos de la rebelión obrera aceptando los pactos de la Moncloa, se muestran enormemente comprensivos con la indignación que acomete a los representantes de los partidos de derechas cuando se les habla de la memoria de nuestras desgracias. Hasta el punto de aceptar la equiparación de la represión sistemática practicada por los franquistas con los episodios de violencia incontrolada en la zona republicana. Siguen pidiendo perdón por parecer de izquierdas.

Lo más triste de este periodo de la torturada historia de España es comprobar cómo después de tres cuartos de siglo de sufrir una genocida guerra civil, única en Europa, por intentar vencer a la bestia fascista, de padecer los rigores de 40 años de una dictadura cuya crueldad era desconocida en España y de creer que habíamos instaurado la democracia, se ha aprobado una ley de resarcimiento de los vencidos que no tiene parangón con ninguna de las que se han impuesto ni en Europa ni en América ni en África.

Ni Alemania ni Francia ni Chile ni Argentina ni Grecia ni Portugal ni incluso la torturada Suráfrica han aceptado la impunidad de los que se beneficiaron con el sufrimiento de su pueblo. Después de padecer las dictaduras hicieron, y continúan, un ejercicio de justicia y democracia aprobando leyes que condenaron a los autores de los crímenes y dictaron de inmediato la nulidad de los juicios políticos de aquella etapa. Alemania y Francia llegaron mucho más lejos concediendo indemnizaciones a los perjudicados, y todos sus gobiernos han pedido perdón a las víctimas.

En esta esquizofrenia en que nuestro Gobierno se ha instalado, hemos visto cómo aceptaba con complacencia que la judicatura española persiguiera a Pinochet allende nuestras fronteras, y al torturador argentino Scilingo en nuestro propio territorio, donde se le ha juzgado, condenado y encarcelado, en una digna defensa de los derechos humanos que consideramos compete a todos los países, independientemente de dónde y cuándo se cometieran los crímenes. Mientras, en España, ese mismo Gobierno se opone a que se declare la nulidad de los consejos de guerra que durante el franquismo llevaron a la muerte y a decenas de años de cárcel a los antifascistas, sin garantías procesales algunas. Los mismos partidos que aplauden la nulidad de las leyes de perdón que dictaron los gobernantes argentinos aceptan en España sumisamente que ni se hable de indemnizaciones a las víctimas, que se permita que subsistan monumentos conmemorativos del franquismo siempre que “tengan valor arquitectónico o artístico” –¿quién decide el valor artístico?–, y que la Iglesia mantenga las placas de las fachadas de las iglesias con los nombres de sus supuestos mártires y los símbolos franquistas, yugos y flechas, escudo con águila imperial, que campean en los miles de pueblos que fueron torturados por esa misma iglesia.

Los mismos que aprueban y difunden la noticia de que se ha procesado y encarcelado a los parientes de Pinochet por la apropiación de caudales públicos se indignan ante la sola mención de que a la familia Franco, y a tantas otras que se hicieron ricas mediante la adjudicación de los bienes de los asesinados, expropiaciones y robos impunes que se produjeron durante decenas de años se les pida cuentas de su fortuna.

En definitiva, ser demócrata en España es diferente de serlo en Alemania o en Argentina. Hoy, ni siquiera a las víctimas sobrevivientes de la Guerra Civil y la dictadura se les otorga la satisfacción de ver a sus verdugos avergonzados. Porque nunca nos pidieron perdón.

 
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