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Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill

Categoría: Feminismo

09/06/2008 GMT -6

Cuando los hombres juegan

lidiafalcon @ 23:30

ELPAÍS.com
14 Jun 1985
Por Lidia Falcón

La catástrofe de Bruselas, en la que perdieron la vida varias decenas de hinchas de fútbol, sólo se explica, según la autora de este artículo, como un resultado del machismo internacional y de la cultura machista, fomentada por los Gobiernos de todo tipo.

Nunca sabrá Margaret Thatcher el favor que ha hecho -sólo existiendo- al machismo internacional. Entre las muchas interpretaciones que he leído y oído sobre la masacre de Bruselas, la de un amigo inglés, según él de ideología anarquista, me parece la más curiosa. Para él, la causa de la causa es Margaret Thatcher, con su política derechista, que ha llevado al país al paro, a la frustración y a la pobreza, impulsando a la violencia a los jóvenes desesperados que sólo pueden ejercerla en los estadios de fútbol. De nada sirvieron mis intentos de recordarle que la pasión futbolística impulsó a los hinchas de diversas nacionalidades a cometer desmanes varios -con sus secuelas de muertos y heridos- en Brasil, México, Italia, Barcelona y muchos otros países, antes de que se vislumbrara en el horizonte histórico el reinado de la Thatcher. Tampoco le sirvió de reflexión el evidente hecho de que Margaret Thatcher ocupa el sillón del primer ministro gracias a la voluntad popular, mayoritariamente volcada en entusiástica elección por dos veces consecutivas, sobre todo después de la victoriosa guerra de las Malvinas. Y que parece bastante demostrado que los autores materiales de los vandálicos hechos pertenecen precisamente a la línea ideológica más derechista del país, que no manifestaban en Bélgica precisamente su frustración izquierdista. Esta extraña polémica se desarrollaba a partir de mi comentario de que los sucesos de Bruselas constituían la más clara manifestación del machismo. Mi interlocutor, a pesar de ser inglés, reaccionó con, el mismo orgullo herido que otros españoles ante mis palabras. Y encontró la más feliz respuesta: si la responsable máxima del país es una mujer, y en consecuencia de los actos de sus súbditos -y podía haber añadido que dos, puesto que la Reina de Inglaterra, de Escocia, del País de Gales y del Ulster es la cabeza máxima del Estado-, ¿dónde situamos el machismo?

Ninguno de mis opositores -ni otros tantos que han escrito sesudos artículos sobre la tragedia- ha querido entrar en mayores honduras. Ninguno de los comentaristas que he leído, amén de criticar a los grupos fascistas que organizaron el ataque, quiere recordar que ellos mismos han sido transmisores de la corriente intelectual que ha decretado hace tiempo la muerte de las ideologías de izquierdas. Pragmáticos de toda la vida, liberales decimonónicos, arrepentidos comunistas y aguados socialistas, están todos de acuerdo en rezar el último responso por las declaraciones de principios, por la ética y la educación revolucionarias. La revolución ha muerto, ¡viva la adaptación!- La adaptación al medio en vez de la lucha contra la caduca pero inmensa fuerza de la inercia. De la inercia de la ignorancia, de la superstición y del atraso. ¡Vivan las cadenas! vuelve a ser un grito popular, pero hoy, ¡helás!, apoyado por los intelectuales de todo el arco de la izquierda.

Hasta hace algunos años, las exigencias morales, la educación social, el sacrificio individual por la revolución, constituían un ideario considerado ejemplar, y los individuos que lo seguían y lo defendían merecían el respeto de los demás. Hace 45 años se perdió una guerra en España y se ganaron otras en diversos países, por intentar sustituir el viejo y sangriento orden del ancienne régime por el progreso, "esa palabra buena y dulce", como la definía Victor Hugo. Después triunfó el éxito capitalista, la competitividad, la iniciativa privada, la televisión, las hamburguesas, los coches deportivos, el vídeo, la novela negra, la pornografía, el elogio de la prostitución y el fútbol. Todo ello para los hombres, por supuesto. Para las mujeres el triunfo se mide en razón de los kilos de peso, los maquillajes, la estatura y el dinero del marido y el número de hijos.

Ideales nazis

Y resulta que, después de tanta guerra, los ideales nazifascistas fueron muy similares. Cocina, hijos e iglesia para las mujeres, y militarismo, heroísmo y deporte para los hombres. Elevado el fútbol a categoría de religión nacional, alentados los jóvenes y los adultos varones a entusiasmarse, a participar y hasta a matar y morir por el triunfo de los colores patrios, en vez de dedicarse a la funesta manía de pensar o a la peligrosa participación política en los asuntos del país, no comprendo cómo los Gobiernos se escandalizan y asombran de lo acaecido en el estadio de Bruselas.

Ninguno de esos Gobiernos -ni los anteriores durante varias generaciones- ha aportado un céntimo para que los jóvenes se olvidasen de los nombres de los delanteros y guardametas y aprendiesen los de los filósofos, los dirigentes sindicales y los escritores que predican la solídaridad humana, la igualdad entre el hombre y la mujer, la lucha contra el racismo y la igualdad entre las clases. Franco, Mussolini y Hitler elevaron el deporte a la más noble -después de la guerra- de las actividades masculinas; bien pocas mujeres han destacado en deporte alguno durante los imperios fascistas. Aceptando la máxima de que el pueblo está contento con pan y circo, dieron algo de pan y mucho de circo. Se equiparó el triunfo de un equipo de fútbol a la victoria sobre el ejército enemigo, y la derrota debía convertirse en motivo de luto nacional.

Años más tarde, nadie se atreverá a corregir tan sabias disposiciones para mantener entretenidos a los hombres, sin más riesgo que para ellos mismos. Dirigentes socialistas y comunistas hay que acudieron a recibir en loor de multitudes a los vencedores de un campeonato de fútbol desatendiendo las entrevistas programadas con los vecinos de la ciudad, que llevaban años intentando exponer sus quejas a alguna autoridad competente. Socialistas hay que exhiben como una demostración de su fidelidad nacionalista el carné del club de fútbol que hace patria. Intelectuales conozco que se avergonzarían de hacer profesión de fe anarquista, comunista o feminista, que se burlan de la militancia, que sonríen con desprecio a los pocos que quedamos en esta solitaria lucha por un mundo mejor y que, en cambio, hacen gala de sus conocimientos en materia futbolística.

Ningún padre intentará contrarrestar la afición a la pelota de su hijo, ninguna madre se atreverá a oponerse a la semanal asistencia al partido en la que el padre de familia, a veces con los hijos varones, gasta lo que ella necesita para comprar la comida de todo el mes. Ninguna escuela se atreve a difundir un discurso menospreciativo sobre el deporte nacional. Ningún párroco predicará contra la absurda competitividad y el gasto de los clubes futbolísticos, la brutalidad del boxeo, la crueldad de los toros, o la violencia del rugby, mientras se desgañita clamando contra la inmoralidad del divorcio y del aborto. Ningún Gobierno presupuestará más dinero para ayuda a bibliotecas, a museos, a teatros, a editoriales y a universidades que al deporte. Miles de millones pagamos todos los ciudadanos a los clubes privados de fútbol por sus pérdidas anuales, incluso los que como yo lo detestamos, miles de millones que jamás irán a parar a las exhaustas arcas de la asistencia social. En todos los países democráticos se ha dispuesto instalar vallas metálicas -y pronto serán electrificadas para mayor eficacia-, rejas, alambradas y jaulas para separar a los hinchas de los jugadores y de los contrarios, como si de leones se tratase. Todos han sido unánimes en achacar la matanza a "las pocas medidas de seguridad" de que disponía el campo de Bruselas, y a la escasez de policías que actuaran contundentemente. Todo hubiese quedado resuelto si los policías hubiesen apaleado, pateado y disparado contra los hinchas. Y como todo el mundo está de acuerdo en este punto, ahora pagaremos más dinero para instalar vallas metálicas y fosos acuáticos en los estadios y situar cada día de partido milicia especial con equipamientos modernos, botes de humo, mangueras de agua, pelotas de goma, cascos, botas y fusiles. Dinero y más dinero para controlar la violencia que previamente han desatado, desde la cuna, los rectores de la sociedad, que han criado complacientemente los maestros, los padres, que han difundido los sacerdotes y que han aprobado todos los poderes: el político, el religioso, el cultural. Cultura machista, en una palabra, que, como la violencia contra la mujer, la guerra y el deporte, conforman la tríada de valores masculinos que un hombre que si estime debe desarrollar, potenciar, defender y exaltar.

Valores morales

Cuando los valores universales de la moral cotidiana exigen que una mujer sea femenina y un hombre macho -y todavía muchas mujeres repiten con orgullo esta distinción entre sus evidentes cualidades como mujer y la execrable opción feminista-, cuando la educación se basa en la distinción entre las cualidades de la paciencia, la dulzura y la sumisión que las mujeres deben desarrollar -puesto que son "innatas" en ellas- desde la cuna, y el valor, la agresividad y la defensa del honor propio y patrio que son distintivas del varón; cuando el entusiasmo de los hombres, desde la niñez, se encamina hacia la obsesión futbolística, desviándolos de tentaciones tan peligrosas como la militancia revolucionaria, el estudio de la filosofía, la lectura de los autores clásicos, el cuidado de los animales, la defensa de la ecología, la lucha sindical o el movimiento por la paz; cuando hasta los partidos comunistas organizan festivales rock y punk para atraer a los jovencitos, hastiados de los rollos morales que los carrozas de siempre prodigaron años atrás; cuando el honor nacional exije que los aficionados se reúnan para animar a su equipo a lograr la victoria contra su rival, con la misma pasión que los defensores de la patria frente al invasor, ¿a qué viene tanto asombro, tanto duelo, tanta hipócrita plaftidez ante los sucesos de Bruselas? Y si después de todo se jugó en el máximo campo todavía húmedo de sangre, estoy segura de que en Italia muchos habrán pensado que al fin y al cabo valía la pena, porque ¿qué importan 41 muertos y cientos de heridos, si se gana el partido?

 

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06/06/2008 GMT -6

Simone de Beauvoir y su época

lidiafalcon @ 02:04

elPeriódico.com
25 Mayo 2008
Por Lidia Falcón

Francia exhibe, con su conocida pomposidad, su reconocimiento a Simone de Beauvoir, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años, en una serie de actos de homenaje que ocuparán todo el 2008. No cabe duda de que se lo merece. Simone fue una magnífica escritora, y este mérito se suele esconder al destacar sus ideas feministas, que se consideraron rompedoras dada la época en que ella escribió. Nos hallábamos en la posguerra europea y con el viento de muerte de la segunda guerra mundial se habían enterrado las grandes teorías feministas y liberadoras de la última mitad del siglo XIX y la primera del XX. Si no hubiera sido por el cataclismo que supuso la contienda, Simone y su obra no hubiesen podido ser consideradas tan revolucionarias. La Europa de los años 40 y 50 había olvidado las teorías de Saint-Simon y Fourier y los experimentos de Owen, con sus falansterios y sus fábricas cooperativas, y, por supuesto, la sacrificada labor de Flora Tristán, y en plena guerra fría no quería ni oír hablar de la obra de Alejandra Kollöntai, con su hermosa defensa del amor libre y del amor juego, en la construcción de una sociedad soviética igualitaria y feminista. Pero no solo en los países que habían llevado a cabo sus revoluciones floreció un pensamiento rebelde a las convenciones burguesas que asfixiaban a las mujeres, que pervertían el amor y que consignaban la propiedad privada de los hijos a favor del padre.

España, desde Concepción Arenal, en el siglo XIX, ve la eclosión de escritores y políticos que tratan con liberalidad el grave problema de la sujeción de la mujer a las normas religiosas y conservadoras más asfixiantes. Y en esta hermosa labor de denuncia y de rebeldía contamos con muchas mujeres que se atrevieron en la España retrógrada heredada del infausto reinado de Fernando VII a opinar, a escribir y a defender públicamente las ideas liberales, anarquistas, feministas y comunistas que exigían la igualdad entre el hombre y la mujer, y que denunciaban, con enorme valor, las terribles injusticias que se cometían en nuestro país contra la mitad de la población. Desde Regina de Lamo, mi abuela, que nació en 1870 y cuya labor cooperativista y feminista quedó olvidada bajo el terror fascista, hasta Margarita Nelken, el plantel de políticas y escritoras que en España teorizaron con buen sentido y visión vanguardista sobre los retos del feminismo es enormemente abundante para un país que a finales del siglo XIX tenía un índice de analfabetismo del 80%. Emilia Pardo Bazán, Victoria Kent, Clara Campoamor, Carlota O'Neill, María Telo son algunos de los muchos nombres que deberían ser motivo de homenajes y reconocimientos en nuestro país, por su obra literaria y ensayística y por su dedicación a una de las tareas más justas en beneficio de toda la humanidad: la igualdad entre todos los seres humanos. Carmen Karr y su revista Feminal plantearon en Barcelona todos los temas del feminismo que se desarrollaron después, y mucho más avanzadas que Simone de Beauvoir, en su formulación de las ideas feministas, fueron Federica Montseny, Regina de Lamo y Carlota O'Neill.

Pero España no les rendirá el homenaje que Francia está brindando a Simone. Porque España se caracteriza por su cainismo, tan dolientemente denunciado por Unamuno. Aquí antes reconoceremos el mérito de un extranjero que el de un español, y mucho menos el de una española. Así ha sido posible que en la exposición que se ha organizado en el Museo de Historia de Catalunya, sobre Dones: camins de llibertat, aparezcan Christine de Pisan y Olimpia de Gouges y las sufragistas inglesas y americanas, y no se dedique ni un párrafo a la revista Vindicación Feminista ni al Colectivo Feminista y el equipo de heroínas que la llevamos a cabo con bastante más peligro y esfuerzo que el que hubo de invertir Simone de Beauvoir en la elaboración de su obra. Por supuesto, las teorías feministas que se formularon en España entre los años 60 y 90 del siglo XX superan con mucho los tímidos intentos de El segundo sexo, pero no han tenido acogida en esa exposición, en la que tanto el Colectivo Feminista como el Partido Feminista y la Organización Feminista Revolucionaria, como mi obra La razón feminista, han desaparecido de la historia de Catalunya, allí donde nacieron y se desarrollaron con el ímpetu y la riqueza de pensamientos y contenidos que en esa época contuvo el feminismo.

Hay que añadir que en España las ideólogas y escritoras no solo escribían, sino que se arriesgaban a llevar a la práctica sus teorías. Y, así, fundaban revistas que se ocupaban de todos los temas de la actualidad del momento, con una riqueza de información escrita y gráfica que otras muchas no poseían, y creaban grupos y partidos y se presentaban a elecciones, contra toda posibilidad, invirtiendo en tales propósitos sus escasos recursos económicos, su tiempo, su energía y su pasión. Experiencias que nunca llevó a cabo Simone de Beauvoir, siempre protegida por el entorno familiar y clasista y la inmensa presencia de Jean-Paul Sartre. Pero ni Carmen Alcalde, ni Marisa Híjar, ni yo, ni Vindicación Feminista, ni el Colectivo Feminista ni el Partido Feminista, recibiremos nunca los homenajes que se le tributan a Simone. Para eso tendríamos que ser francesas.

 
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01/06/2008 GMT -6

Entrevista a Lidia Falcón O'Neill: “Cada paso progresista que hemos dado ha supuesto una renuncia para las mujeres”

lidiafalcon @ 23:53

Revista Pueblos
7 Mayo 2008
Por Aloia Álvarez Feáns*

Nieta de anarquistas e hija de una feminista y un líder comunista, esta mujer lleva el inconformismo en los genes. Militó en el Partido Comunista, del que salió más que defraudada para fundar el Partido Feminista de España, hoy integrado en la Confederación de Organizaciones Feministas del Estado. Es licenciada en Derecho, Periodismo y Arte Dramático, doctora en filosofía y autora de 36 libros entre novelas, ensayos y obras teatrales. De personalidad arrolladora, valiente en sus posicionamientos, vehemente en la defensa de sus ideas, pero sobre todo de izquierdas y revolucionaria, una especie en extinción. Conversamos con Lidia Falcón, la última feminista.

Al fin estaba sola es el título de tu última novela, la historia de una mujer que en la Barcelona de los años 70 se debate entre la lucha por unos ideales revolucionarios y su propia “batalla” familiar. ¿Qué te ha llevado a escribirla?

Mi objetivo era recordar nuestra historia, sacar a la luz las penalidades que han sufrido las generaciones anteriores a la nuestra, la lucha clandestina en la dictadura y los penosos cambios que se han sucedido en el país desde la Transición y la supuesta llegada de la democracia. La protagonista, que no soy yo, puesto que no es una novela autobiográfica, vive este periodo sintiéndose marginada en el partido, en la sociedad, en la familia...

¿Y qué sentiría ahora? ¿Cuáles son los avances que se han dado en la situación de las mujeres desde la Transición?

Los avances han sido enormes en comparación con la situación durante la dictadura, por supuesto. La lucha feminista de la Transición fue definitiva para lograr la igualdad jurídica (hay países supuestamente democráticos que no la tienen, como Estados Unidos), que luego hemos avanzado en todos los cuerpos legales: civil, penal y laboral. La participación de la mujer en el mercado de trabajo ha subido 70 puntos: en el año 1967 el porcentaje de mujeres en la llamada población activa era del 13 por ciento, el mismo que en Turquía. Cuarenta años después (aunque las cifras de ahora tampoco son fiables) esa cifra alcanza el 63 por ciento. Teniendo en cuenta que hemos subido 50 puntos, claro que éste es un cambio extraordinario. Además, los sueldos de las mujeres eran una basura, y las diferencias salariales eran enormes entonces, por ley se podía pagar menos a una mujer. En el 1960-61 aprueban la Ley de Derechos Políticos, Profesionales y de Trabajo de la Mujer, que establecía la igualdad de salario para el mismo puesto de trabajo pero con igual rendimiento, lo que permitía volver a aprobar convenios colectivos en los por la misma categoría profesional las mujeres cobraban un 20 por ciento menos. Y eso estaba regulado legalmente, hoy eso es ilegal. También es evidente que la vida de la mujeres de hoy ha cambiado mucho, la presencia en la calle, en la sociedad, antes estábamos ahogadas por las convenciones sociales, los prejuicios... Ahora bien, ¿nos vamos a conformar con esto? Siempre hay algo peor, y si nos comparamos con Afganistán, claro, no hay nada que decir. Aquí estamos presumiendo de que España es la octava potencia industrial del mundo, pero si comparamos nuestras cifras con las del resto de Europa, estamos a la cola. Tenemos el colectivo de amas de casa más grande de toda Europa (5 millones y medio). Además, los trabajos peor pagados, el temporal, el contrato a tiempo parcial y el trabajo a domicilio son trabajos femeninos en el 80 por ciento, con sueldos misérrimos, sin seguridad... Si contamos que las diferencias salariales se estancan en el 30 por ciento de media y que el paro femenino dobla al masculino, la posición de España en este ranking de los países industrializados es penosa. Y además no vamos a salir de ella, porque la estructura económica de nuestro país no admite a más mujeres en el mercado de trabajo. La estructura económica internacional es patriarcal y bascula sobre la familia y el trabajo de la mujer en ella: hay que cuidar a los niños, a los ancianos, y aquí no hay estructura social para hacer esto, nadie va a sustituir a las mujeres. Por eso tenemos la natalidad más baja del mundo.

Parece, sin embargo, que el movimiento feminista ha perdido fuerza. ¿Cómo ves a las mujeres de hoy?

Muertas, drogadas, anestesiadas... lo que es consecuencia también del avance del feminismo. Avanzamos 50 años en 5 ó 10, desde que muere Franco en el 75, fecha emblemática por el Año Internacional de la Mujer, hasta el 85, que es cuando se aprueba la Ley de Despenalización del Aborto. Son 10 años capitales para que consigamos la igualdad legal y la entrada de las mujeres en el mercado de trabajo en una proporción muchísimo mayor. Todo esto cambia el panorama de la situación social y laboral de la mujer, cultural, y en menor medida familiar. En los capítulos de amor, sexualidad y familia es en el que menos ha cambiado, aunque lo parezca. Pero sí, socialmente hablando, la entrada de las mujeres en el mercado de trabajo, la visibilidad de ciertas mujeres en puestos de relativa importancia... se hace a partir de entonces. Y eso lleva a la desmovilización del movimiento. Por un lado, organizaciones que reclamaban reformas concretas, al conseguirlas se disuelven. Y luego sucede un efecto perverso a través de la estructura política de partidos, porque aquellas otras, sobre todo las dirigentes con capacidad que quieren hacer carrera política, saben que en el movimiento feminista no la van a hacer y rápidamente se integran en los partidos políticos. Muchas, algunas de buena fe, creen que quizás puedan hacer mas por el colectivo desde los partidos políticos. Después está la estrategia política y social de los gobiernos y los partidos dominantes, especialmente la socialdemocracia, en toda Europa, que crea artificialmente una serie de asociaciones supuestamente de mujeres que en realidad son la correa de transmisión del partido para la captación de voto y la implantación social de sus programas. A estas asociaciones les derivan cientos de millones de los fondos del Estado a través de la Ley de Subvenciones. Con eso tienes garantizadas dos o tres cosas: la inmediata es que se presta un servicio social mucho más barato que el que tendría que prestar el Estado, exige un trabajo y un rendimiento que no se puede dar, y así se ha destruido el ímpetu que las asociaciones de mujeres tenían al principio, estas asociaciones se convierten en nichos de empleo, miserable, mal pagado, pero se finge que así están cubiertos unos servicios sociales. Luego están los objetivos ocultos, estas asociaciones son correas de transmisión del partido que las paga, se convierten en las venas por las que circula la propaganda del partido y naturalmente así se margina a todo el movimiento feminista. El trabajo dominante es el que hacen estas asociaciones, que son del Partido Socialista y alguna del PP. En lo que se han convertido las militantes feministas es en meras funcionarias, que plantean que mas allá de ellas no hay nada. Si el movimiento no se opone al poder no es movimiento. Entonces quedamos las del movimiento feminista, marginadas, sin dinero... El movimiento feminista se ha vendido. Sobre todo desde que Zapatero ganó las elecciones y aprobó algunas leyes, el movimiento feminista considera que no se puede reclamar nada más y que lo que hay que hacer es alabarlo.

Supongo que te refieres a la Ley de Dependencia, la Ley de Igualdad, la Ley Integral contra la Violencia de Género... Háblanos de ellas.

Son puro maquillaje, promesas huecas, un soufflé que cuando lo pinchas se deshace y sólo queda un charquito de agua. La Ley de Igualdad..., ¿pero no tienen que hacer las guarderías aún? Y entonces, ¿qué van a hacer los hombres? ¿Dejar su trabajo, cuando cobran un 20 o un 30 por ciento más? ¿Esto es sensato? ¿La Ley de Igualdad consiste en dar 15 días de vacaciones al padre? Parece mentira la falta de criterio, el cinismo de la gente, porque las dirigentes socialistas avanzan esto como los grandes logros de nuestro país. ¡Si es lo más barato! Hacer una ley es lo más barato: tienes un comité que redacta un proyecto, pasteleas con un partido y con otro y luego lo publicas en el BOE, la inversión es mínima. ¿Y después que? Nada, porque a la gente de este país parece que le ponen anestesia en vena cada mañana...

El número de muertes por violencia machista no deja de aumentar en nuestro país. ¿Cuáles son los factores que explican esta progresión?

El fenómeno del aumento de la violencia contra las mujeres es también producto directo de los avances, aunque sean pequeños, del feminismo. Es la guerra. En los últimos 10 años 850 mujeres han sido asesinadas, pero nunca se cuentan todas juntas. Lo vergonzoso es que cada 1 de enero se pone el contador a 0. Cuando se habla de las víctimas de ETA siempre se suman, en 40 años: 800 muertos... Nosotras tenemos 850 (y seguro que nos quedamos cortas) en 10 años. Ésta es la reacción exacta contra el feminismo. La mayoría de las asesinadas han intentado separarse, se han divorciado, o han querido dejar al “personaje”. En el momento en el que el feminismo avanzó y consiguió el divorcio y fue dándoles la conciencia a las mujeres de que podían romper esas cadenas, un sector de hombres no lo puede consentir y así la violencia llega al extremo. Y se habla del asesinato porque es lo más terrible pero de los 2 millones de mujeres sistemáticamente apaleadas que hay en este país se habla muy poco. De hecho, los cálculos oficiales son detestables, el número real de las asesinadas es también mucho mayor. Una compañera feminista sueca se sorprendió hace poco de que el número de muertas en España fuese proporcionalmente mucho menor que en Suecia. A nosotras nos dejó muy desconcertadas así que lo comprobamos y vimos que la manera de contar no es la misma. Nosotros no contamos a las que mueren meses después de la agresión por las heridas sufridas, ni a las suicidadas, ni a las que mueren por causas naturales a consecuencia de un maltrato prolongado...

¿Y la violencia psicológica?

Esas, todas. Mira, tuve una bronca con unas compañeras porque me dijeron: “2 millones, eso es mucho, tú cuentas también el maltrato psicológico, ¿no?”. Todas nosotras hemos sido maltratadas psicológicamente en el algún momento de nuestra vida, y la que diga lo contrario, miente. Por el marido, por el novio, el amante, el hermano, el vecino, el jefe de la empresa, el compañero de trabajo y por cualquiera en el metro. ¡Pero hombre! Son unas inconscientes... Y ahora salir a la calle quizás es menos arriesgado, no en cuestiones de seguridad, pero sí en el soportar el chiste, el piropo, el tocamiento...

¿Y si hablamos de inmigración? Los datos sobre violencia machista entre la población inmigrante son destacados por los medios de comunicación constantemente. ¿No crees que la prensa está contribuyendo a estigmatizar a todo el colectivo? En la prensa no dejan de destacar que de las mujeres asesinadas por violencia machista una gran proporción (el último año un 40 por ciento) corresponde a población inmigrante...

Sí, pero no todos los asesinos lo eran! Creo que de ese 40 el 20 o el 30 eran españoles. ¿Estigmatizar? Ya sabemos que la situación de la mujer en esos países todavía es peor, esta más aplastada, más sometida. Por otro lado, no se hace nada para que los valores universales de respeto a los Derechos Humanos penetren en esas comunidades, al contrario, les interesa mantenerlas en guetos. Además, ahora, bajo la defensa, que me indigna, del multiculturalismo van a permitir el velo en todos los colegios, y están contratando imanes para que den clase de religión islámica en las escuelas. Y ahora María Teresa Fernández de la Vega se está poniendo de acuerdo con el Consejo Islámico Nacional para ver cómo se paga a los profesores. ¡No teníamos suficiente con pagarle a los curas! Es el disimulo del falso respeto a las culturas y las religiones. Y esto les va muy bien, porque la religión es uno de los instrumentos de dominación de la gente y de opresión de la mujer... Mira, cada paso progresista que hemos dado ha supuesto una renuncia para las mujeres... Estamos luchando porque no se haga la ablación del clítoris de las niñas, ahora hemos conseguido que sea delito practicarla incluso fuera de España, lo que pretendemos es que se ponga en práctica... Por no hablar de que el maltrato en estas comunidades, sobre todo de religión islámica, a la mujer es horroroso. Las casan a los 14 años, y los gitanos también, y nadie lo impide. La última muchacha gitana asesinada tenía 18 años y 5 hijos...

De todos modos a nosotras nadie vino a decirnos desde ninguna sociedad presuntamente “superior” que teníamos que emanciparnos y cómo debíamos hacerlo....

Eso son complejos que te han metido en la cabeza. Mira, las estadounidenses ya nos lo dijeron, y en la época de nuestras abuelas sufragistas, las inglesas y antes las francesas. Además, a mi esta división en nacionalidades no me causa ningún tipo de emoción, yo no me siento de ninguna y si el mundo no es mi patria no es ninguna. Entonces a mi qué me importa que fuesen las inglesas, claro que me importa, se lo agradezco. Si pensamos en como están las mujeres en países espantosos como Afganistán, Irán o Nigeria, ¿qué van a hacer aquellas pobres mujeres en esas condiciones? Sus demandas deben ser mínimas. Pero es que las que tenemos aquí, que salen a la calle con el velo, viviendo tres o cuatro con el mismo hombre, dispuestas a hacerle la ablación a sus hijas y a casarlas a las 12 años con un tío de 60... éstas no tienen tampoco ninguna posibilidad, porque no hay posibilidad de que se les despierten las conciencias, es imposible en estas condiciones. Y qué clase de respuesta han dado vuestras madres y abuelas en la situación que vivieron. Pues agradecidas, primero, por lo que escribieron las feministas del mundo entero y por otro, de que en 1948 se aprobase la Declaración de Derechos del Hombre, como se llamaba entonces, y que se creara el Comité de no discriminación contra la mujer en el 75. A eso contribuyeron definitivamente las estadounidenses, que en esa época estaban más avanzadas en la lucha. En cuanto a respetar culturas... ninguna, porque todas son patriarcales, y esta es una discusión eterna. Cuando estuvimos con las compañeras mexicanas y bolivianas en Huelva, Marcela Lagarde me dijo, “bueno, es que todas las culturas son respetables”. A mi me entró un ataque de ira: ¿Cómo que todas las culturas son respetables? Yo me eduqué en una cultura fascista, ¿me quieres decir que aquella era respetable? Además, no hay ninguna que no sea patriarcal. De qué estamos hablando, ¿de monumentos y de libros, o de lo que se hace con los seres humanos, con las mujeres y los niños? Conviene que esto nos entre en la cabeza. Bajo la apariencia de que somos tan tolerantes, tan liberales y respetuosos con las culturas tenemos a mujeres y a niños y a esclavos en las mismas condiciones de opresión y explotación que hace mil años pero encima respetados por las gentes que estamos en la lucha por los Derechos Humanos. No hay nada que sea respetable per se, por designio divino. Desde el momento en que nos hemos dotado de una Declaración Universal de los Derechos Humanos, que nos ha costado 7 millones de años... todo lo que vaya por debajo no se pueda respetar. Pero no creas que es inocente, es algo que está orquestado por la potencias occidentales, porque al final van a sacar el petróleo de Arabia Saudita, por tanto si las mujeres no pueden ni hablar ni salir, ni nada, bueno, es que hay que respetar su cultura... Me ha costado 20 años que haya una campaña contra la ablación, ya lo adelanté en mi libro Mujer y sociedad en el 69 y causó espanto. Aquí todavía no teníamos inmigrantes de países donde se practicase. Y entonces fui a Estados Unidos y ellas mismas, las marroquíes, se mostraron indignadas de que me atreviese a meterme así con su cultura.

Mira, una cosa que me da pena es que en Kenya, Jomo Kennyata, el líder de la independencia, que fue uno de mis símbolos, cuando consigue la independencia del Reino Unido, en el primer discurso dice que se va a echar a los invasores, que se va a recuperar la cultura y que, por lo tanto, hay que volver a instaurar la clitiridectomia, que los ingleses habían prohibido. De esto me enteré tardíamente... En Egipto que no es la África profunda, se ha practicado desde la época de los faraones... Ahora, empezamos a cuestionarlo, pero fundamentalmente para nosotras, claro, a nosotras que no nos hagan esto pero si son marroquíes y ellas quieren... Yo me pregunto: ¿Ellas quieren?

Ellas no pueden elegir...

Claro, es que hay cosas que no se pueden elegir, porque tú puedes elegir venderte como esclava pero no te vamos a dejar, o casarte con un señor que tiene otra mujer, pero no te vamos a dejar porque ese matrimonio va a ser inválido. Así que no puedes elegir y el día que la cabeza se te abra, comprenderás por qué, pero de momento no te lo vamos a permitir.

¿Qué opinas de la campaña moralista que se ha emprendido contra el aborto?

Es espantoso, y yo llevo 20 años prediciéndolo. En el mismo momento en que se aprobó la despenalización de los tres supuestos (que no significan darle un derecho a la mujer, que no es ni siquiera una ley de aborto, simplemente son tres supuestos de exención de responsabilidad penal) se desmovilizó el movimiento feminista. A partir de entonces cada una se buscó la vida y desde entonces no se ha reclamado más, los intentos han sido sólo comedias. Ahora, ha pasado lo que tenía que pasar, la derecha, el enemigo, que no se cansa nunca, se ha organizado, ha presentado querellas y han estado en prisión 7 médicos durante 2 meses, han cerrado 4 clínicas en Madrid y Barcelona, se han llevado los historiales de las mujeres, han citado a declarar a 25 de ellas en Barcelona... Pero además de esto, que es sangrante, las consecuencias van a ser terribles, como se está viendo ya. Los médicos se van a negar a practicar abortos, los que lo hagan cobrarán más y sólo las que tengan dinero podrán pagarlo, y los más baratos lo harán en condiciones clínicas fatales. Muchas acabarán metiéndose una aguja de hacer media como se hacía antes...

En esa línea, ¿qué te parece la actitud de beligerancia progresiva que ha tenido en los últimos tiempos la Iglesia Católica en contra de los avances sociales logrados?

A mi lo que me indigna es la reacción del Gobierno, yo de la Iglesia no he esperado nunca nada. La Iglesia ha regido los destinos de las mujeres españolas durante medio siglo, y como se quedaron sin tanta influencia social están rabiando y queriendo recuperarla. Esto a mi no me importaría si no fuera por la cobardía de este Gobierno al cederles dinero y prestigio. El otro día Zapatero se fue a ver al nuncio de su santidad. Yo no he visto nunca a un presidente de gobierno cenar en la embajada de otros países dentro de su propio Estado. ¡Es el colmo! Hemos visto a de la Vega vestida con mantilla de Semana Santa besándole las manos al cardenal en Roma. Si nos portamos de esta manera, no entiendo cómo no piden mas. Hemos pasado de darles el 0,52 al 0,7 en el IRPF, mantenemos el 50 por ciento de todas las plazas escolares en sus manos, todo el patrimonio artístico del país, se lo limpiamos, se lo pagamos, y sigue siendo de su propiedad. Si estas son las relaciones que tiene que tener un Estado laico con la Iglesia...

Con un gobierno de supuesta izquierda...

Aquí no hay más que una derecha civilizada, democrática, que es el PSOE, y los fascistas del PP.

¿Y qué pasa con la Memoria? Hablemos de la Ley de Memoria Histórica.

Lo penoso de esta Ley de Memoria Histórica es que hemos tenido que pedirle permiso a la derecha para aprobarla porque el Gobierno insistía en que tenía que haber el mayor consenso y teníamos que estar de acuerdo con todos los partidos, también con los hijos de los que nos asesinaron. Es realmente lamentable, para eso más valía no haber aprobado ninguna ley. En Chile, Argentina, Grecia, Portugal, y no digamos en la Alemania nazi, no sólo han pedido perdón a las víctimas de la dictadura sino que las han indemnizado, en cantidades enormes, al punto de que muchos de mis camaradas republicanos de la resistencia francesa, que fueron condecorados por el Estado francés recibieron una pensión del Estado alemán por su lucha contra el nazismo. Esto no lo conseguimos en España, lo que conseguimos fue la tortura y la cárcel.

¿Por qué?

¿Por qué? Qué desgraciado país el nuestro, mira, nuestro país es único. El único país que se resistió al fascismo fue España, en Alemania escogieron a Hitler, en Italia aquel fantasmón se subió al podio, y los italianos tardaron un montón de tiempo en organizar una resistencia. En Portugal tuvieron una dictadura larguísima pero no vivieron una guerra civil. La única desgraciada, Grecia, vivió una guerra civil, que no fue tan larga y exterminadora como la nuestra, pero bien la sufrieron. La dictadura nuestra duró más que ninguna, arrasó con todo lo que podía, los que no estaban asesinados en las cunetas morían asesinados en los paredones, los que no estaban en la cárcel o en el exilio. Y tardamos mucho más de cuarenta años en empezar a recuperar aquello que teníamos con la República. Y esto no le ha pasado a ningún país. Cuando pasan 17 años en Chile o 15 en Argentina mismos (que además, no fue un exterminio como el de aquí, a pesar del horror), los que lucharon están vivos, jóvenes, dispuestos a dar la batalla. Nuestros padres, y hasta nuestros abuelos, ¿dónde están? Muertos y enterrados y ni siquiera sabemos dónde, los hijos sobrevivieron con muchas dificultades y a los nietos ya no les importa nada.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo explicas esa desmemoria?

Bueno, porque hemos pasado 40 ó 50 años arrasando los valores republicanos. Cuando se acepta la monarquía echamos miles de toneladas de infamias sobre nuestros muertos, encarcelados, resistentes y torturados, nuestra memoria y nuestros valores; porque los valores republicanos no se han recuperado nunca más. Y aquí hay unos actores con nombres y apellidos. El señor Santiago Carrillo acepta la bandera nacional y el himno aquel, y se va a besarle el culo al rey... es la traición más grande que se podía haber cometido. Y esto es lo que nos ha pasado. Tanto sufrimiento y tanta lucha por acabar con esa monarquía corrupta, que era la síntesis y el compendio de todos los delitos y todos los crímenes... La monarquía hasta el 31 lo reunía todo, y hemos enlazado directamente con esto, porque este rey sigue haciendo cosas muy parecidas. No tenemos guerra en Marruecos, sería lo único que nos diferenciaría... pero los negocios fraudulentos del rey... Esto, que es la cúpula de la pirámide, se transmite como un diluvio a toda la sociedad. El 50 por ciento de las plazas escolares están en manos de la Iglesia, los medios de comunicación convertidos en grandes holdings... En Madrid entre el 31 y el 39 se publicaban 17 periódicos diarios, de todas las tendencias, lo que ilustraba la vitalidad de una sociedad en expresar sus ideas, una sociedad que vivía apasionadamente las transformaciones sociales del momento. Los medios de comunicación hoy se han convertido en grandes holdings que sólo transmiten la ideología dominante y a las nuevas generaciones, además, no les interesa nada la información, están agarrados a una consola o viendo pornografía. Esta es la transformación moral de nuestro país, que es verdaderamente penosa (lo cuento en la novela). El medio siglo en el que han sido imperantes las fuerzas reaccionarias: la derecha más negra, la Iglesia, el ejército y el gran capital, los valores que han transmitido son los que sabemos, los que les interesan para mantener esa gran alianza que gobierna en España, el ejército, la Iglesia y los grandes capitalistas. Y esta Triple Alianza, esta sí que es la Triple A, gobierna en España sin mermarle nada la influencia moral e ideológica. Ahora, ¿quién pone en cuestión la monarquía? Un articulito por allá, con un lenguaje de lo más suave, bien temeroso (hay que ver lo que le pasó al Jueves)... Y ésta es una monarquía capitalista, patriarcal y beata. Las resistentes somos como los primeros cristianos, sólo nos queda reunirnos en las catacumbas...

La diferencia con la dictadura es que ahora puedo contarte las cosas que te estoy contando y no vamos a la cárcel. Pero el capitalismo, aquí como en todas partes, ha conseguido un efecto enormemente eficaz. Mientras puede mantener la paz social (y a esta paz social en España fueron con absoluta conciencia los sindicatos y los partidos de izquierda con los malditos Pactos de la Moncloa) lo que hace es influir ideológicamente y, además, vende también de manera muy eficaz la idea de que estamos en el mejor de los mundos posibles: libertad de expresión, de reunión, de asociación, de sindicación, de partidos políticos... ¿Qué más quieres? Te pueden decir con todo el cinismo del mundo: “bueno, pues si no te gustan los partidos que hay, monta uno”, esto a mi me los han dicho las compañeritas de varios partidos. “No te gusta lo que dice la televisión, monta una”. Y esto es un absoluto cinismo, porque se sabe perfectamente cómo sólo el gran capital puede disponer de partidos, de campaña electoral y de medios de comunicación. Con los partidos feministas nos presentamos a las elecciones europeas en el año 1999, y reunimos 30-40 millones de pesetas. En aquella campaña los dos partidos mayoritarios presentaron por primera vez a dos mujeres como cabezas de lista, y sabemos que lo hicieron precisamente por la campaña que habíamos llevado nosotras adelante... Se presenta Rosa Díez por el PSOE y María San Gil por el PP. En aquel momento cada partido gastó 3.000 millones de pesetas en la campaña, aparte del peso y prestigio que ya tenían. La Ley electoral bascula...

Y en este escenario de conformismo generalizado, ¿dónde está la izquierda?

Pues en el Partido Feminista, porque la izquierda se ha suicidado. Se suicidó el Partido Comunista, el panorama de IU lo puede ver cualquiera, sí, un poquito más a la izquierda, socialdemócrata... Carlos [París, filósofo y actual pareja de Lidia Falcón] dice que la izquierda padece el síndrome de Estocolmo, porque los derrotados están asumiendo la ideología del vencedor y se trata de ver quién reparte mejor en esta subasta asquerosa. Hace falta una izquierda consciente, que tenga sentido crítico, que tenga el valor de organizarse. No se trata de escribir artículos sino de organizarse con racionalidad. Hay muchos grupos antiglobalización, movimientos estudiantiles, pacifistas, lo que queda del movimiento feminista, atomizado, pero con capacidad de volver a organizarse... Hay que elaborar un programa realista pero transformador y plantear 4 ó 5 cosas.

¿Cuáles?

Primero: acabar con la Iglesia Católica (bueno, con las donaciones, por lo menos...). Segundo: la República, que nos la devuelvan y que los Borbones se vayan al exilio que allí viven muy bien. Tercero: un Estado laico. Cuarto: una República federal, que es la única manera de resolver el problema territorial, y quinto: la nacionalización de los sectores fundamentales de producción. Y no digo que con esto se vaya a hacer la revolución pero por lo menos es avanzar unas mínimas reivindicaciones que un país socialista tiene que tener.


* Aloia Álvarez Feáns pertenece al Consejo de Redacción de Pueblos. Un extracto de esta entrevista ha sido publicado en el nº 31 de la Revista Pueblos, marzo de 2008

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20/04/2008 GMT -6

¿Eso era la igualdad?

lidiafalcon @ 20:55

Público.es
2 Abril 2008
Por Lidia Falcón

El resultado de las elecciones nos ha mostrado un retrato del Congreso de Diputados en el que son menos ahora las mujeres elegidas que hace cuatro años. Retrato más insólito aún si tenemos en cuenta que el Partido Socialista tiene cuatro diputadas menos y el Partido Popular dos más. Por supuesto las militantes de las formaciones políticas menores no han tenido oportunidad alguna. Pues bien, éste es el resultado de haber aprobado, con toda clase de felicitaciones, una Ley de Igualdad.

No ha habido ley, que decían que era la más avanzada y novedosa del mundo, más publicitada por el Gobierno y las dirigentes del PSOE. Según la propaganda que nos invadió a través de todos los medios de comunicación, esa norma iba a concluir, definitivamente, con las milenarias desigualdades que padecen las mujeres de nuestro país, y se la debíamos al trabajo esforzado de las mujeres del Partido Socialista, convencidas, como me explican, de que los avances en materia de igualdad –ya no se trata de hablar de mujeres ni de feminismo– se logran poquito a poco, con la solidaria complicidad de los hombres, sobre todo los de su partido.

Cuando se publicó, escribí el comentario que se merecía. La tan alabada ley consiste en una serie de consejos, deseos y esperanzas a cumplir en largos periodos de tiempo, que sobre todo involucra a las empresas privadas en la obligación de emplear mujeres en los consejos de administración. También les fuerzan a conceder permisos, jornadas reducidas y horarios flexibles para que las mujeres y los hombres se organicen mejor en su casa. Por supuesto nada se habla de la obligación del Estado de crear la red pública de escuelas infantiles, de residencias de ancianos, de atención domiciliaria, porque eso cuesta dinero, y más barato resulta imponer obligaciones a la patronal y cargar el peso del cuidado de la familia a los propios ciudadanos.

Pero de lo que no parecía caber duda era de que en el ámbito político las mujeres habían dado un gran paso hacia delante, con la obligación impuesta a los partidos de que las listas electorales tuviesen un 40 y un 60% de candidatos de cada sexo. Pues bien, una vez celebradas las elecciones y verificados los resultados, nos encontramos con una composición del Parlamento más masculina que la anterior. Para lo único que ha servido la ínclita Ley es para impedirle al Partido Feminista que presentase listas exclusivamente de mujeres, porque ya se sabe que era imprescindible garantizar a los hombres su presencia entre nosotras, si no hubiesen podido quedar marginados de la participación política del país.

Éste es el resultado de la aprobación de leyes vacuas, sin apenas contenido, dictadas desde los órganos del Gobierno, que no están apoyadas por una verdadera participación del Movimiento Feminista. Del mismo modo, la implantación de las cuotas, con las que siempre estuve de acuerdo, se ha pervertido desde el momento en que han sido los hombres dirigentes de los partidos las que las han distribuido. En los puestos de poder han escogido a las mujeres más fieles y obedientes a las consignas de la cúpula masculina, marginando a las de mayor inteligencia y personalidad, que suelen ser las menos obedientes. En consecuencia, los hombres han obtenido dos ventajas, la primera, disponer del voto fiel de sus subordinadas y la segunda desprestigiar el sistema, al mostrar cómo las cuotas llevan a las menos capacitadas a los puestos de decisión.

Pero estas consecuencias son inevitables desde el momento en que quienes distribuyen los puestos son las cúpulas dirigentes de los partidos, en ese gobierno absoluto, más parecido a una dictadura, de la partitocracia que domina nuestra vida política, y en la que únicamente los elegidos por el jefe tienen posibilidades de alcanzar los podios. Y entre estos suele haber pocas mujeres, y siempre las menos capacitadas y las más obedientes a las órdenes del buró político.

En definitiva, las mujeres de los partidos, y lamentablemente las de los de izquierda, se han rendido con armas y bagajes a las férreas normas impuestas por los señores que dominan con despotismo el mundo político. Abandonada hace tiempo su militancia feminista –cuando el Movimiento aglutinaba a las mujeres más preparadas y combativas– en aras de obtener puestos rentables en las diversas escalas y estamentos de los partidos y del Estado, las que hoy pretenden dirigir las reivindicaciones de las mujeres lo que han conseguido es apoyar las arbitrariedades de sus dirigentes masculinos.

Lo cierto es que a las mujeres del PSOE y también de IU, les molesta la existencia de un Movimiento Feminista, independiente de los partidos políticos tradicionales y siempre a su izquierda, en el que seguimos planteando las eternas reivindicaciones de las mujeres y criticando, con firmeza y exactitud, el sometimiento a las normas aprobadas por los hombres que dejan inermes e indefensas a las mujeres ante el poder. Por eso no nos consultan nunca cuando hay que reclamar reformas legislativas, manifestarse contra la última barbarie machista o redactar un nuevo proyecto de ley. Por eso se alegran, sumisas y contentas, de los bodrios legislativos que sus jefes llevan a la aprobación de las Cámaras, y aceptan, con una cobardía sin igual, que sea la Iglesia católica –y ahora pronto la musulmana– y la derecha cavernícola las que impongan sus condiciones en las cuestiones más graves y urgentes que nos afectan, como el aborto. Por eso hoy hay menos mujeres en el hemiciclo del Parlamento, y lo mismo pasará en las sucesivas elecciones si el verdadero feminismo no vuelve a tener el protagonismo que se merece.

Lidia Falcón es presidenta del Partido Feminista, abogada y escritora

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11/04/2008 GMT -6

El velo de la ignominia

lidiafalcon @ 22:42

ELPAÍS.com
24 Ene 1990
Por Lidia Falcón

Como la estrella amarilla de los judíos y la rosa de los homosexuales bajo Hitler, o la marca de las prostitutas y las prohibiciones en el vestido de los siervos en la Edad Media, el velo de las mujeres musulmanas les enseña desde la infancia -porque el adiestramiento para la humillación ha de comenzar pronto, con el propósito de evitar cualquier conato de rebeldía- que ellas son seres mutilados, deformes, pecaminosos; porque no son hombres. Ellas, por ser mujeres, destinadas a la reproducción de la especie como todas las hembras mamíferas, y sin más objetivo que alcanzar en su vida, marcadas cada mes con la hemorragia de la impureza, deben taparse de la mirada de los demás, ocultar la vergüenza de haber nacido mujer. El velo que deben usar las mujeres musulmanas es el distintivo de la impureza femenina, la marca de su ignominia. Las voces que hoy se alzan defendiendo el uso del velo en la escuela para las muchachitas musulmanas, en la Francia democrática, republicana y laica, en razón de la "libertad de conciencia" y del "respeto de las culturas diferentes", no se atreverían a lanzar el primer gruñido para defender el uso de la prenda que fuese la señal pública de la diferencia entre la negritud y la blancura. Esas mismas conciencias tan liberales considerarían impropio de países civilizados que se mantuviese un traje distinto para el criado que para el señor. Ellos, los escandalizados por el ataque a lo que suponen libertad religiosa, no consentirían que nadie les impusiese el caftán, ni el turbante, ni la gorra, ni el sombrero, si ello iba a significar la marca de su inferioridad social. Claro que la imposición en el vestir de las muchachas musulmanas no viene dada por el Estado francés, sino por el pater familiae y por el jefe religioso de su tribu, y está bien que las mujeres vistan según las reglas de su tribu y las normas religiosas impuestas por los jefes. Así se defiende más eficazmente la supervivencia del patriarcado.

Es bueno para los hombres, para todos los hombres, que las mujeres obedezcan al pater familiae, que no pongan en cuestión las milenarias reglas de la sumisión femenina. Es bueno para los hombres, para todos los hombres, que las mujeres obedezcan las leyes de la familia y no las del Estado. Como Antígonas siempre presentes defendiendo las leyes del patriarcado frente a las de la ciudad, las mujeres no son ciudadanas, no tienen derechos y deberes como los demás individuos que pagan impuestos, votan periódicamente y acatan la Constitución. Las mujeres son hijas, esposas, amantes, madres, adúlteras, vírgenes, prostitutas, monjas, viudas. Ellas siguen siendo sólo hembras cuyo status social depende del uso que haga de su sexo y de la relación que mantenga con un hombre.

Por tanto, no tienen que obedecer las reglas de la escuela pública y laica en esa Francia republicana que hace 200 años realizó una decisiva revolución para acabar, fundamentalmente, con los símbolos de la opresión. Las mujeres deben obedecer únicamente al hombre de la familia. Las niñas, y niñas son esas dóciles criaturas de 12 o 14 años que acuden a la escuela envueltas de los pies a la cabeza en los velos de su ignominia, sólo tienen que obedecer al padre, patrón, patriarca, amo de su cuerpo, de su vida y de su destino.

Las voces que defienden las diferencias culturales para mantener a las mujeres musulmanas porque nadie sabe todavía lo que dirían si fuese a sus elegantes, sofisticadas y liberadas mujeres francesas a las que quisiesen envolver en velos, resultan tan risibles como los que hablan de que los negros no son inferiores, pero sí diferentes. Los intelectuales que aducen el respeto a la libertad de las niñas para vestir el velo resultan sospechosamente ignorantes. Nadie ignora que en las familias musulmanas ninguna mujer viste, come, duerme, ni respira, sin permiso o por imposición del padre o del marido. Estúpido resulta defender que una hija de familia de 12 años cumple con las reglas de la religión de sus padres por "libertad propia".

Los hombres de ese Gobierno francés que habían permitido hasta ahora -ya que era del dominio público- las mutilaciones sexuales a las niñas de ocho años, en los hogares musulmanes, seguramente porque los hombres de ese Gobierno deben pensar que es bueno que las mujeres obedezcan al jefe de la familia, se han visto inducidos, después de que la brutal operación ocasionara varias muertes seguidas de niñas, a enjuiciar, encarcelar y condenar a una desgracia a su madre, mutilada ella misma, analfabeta, ignorante de cualquier palabra francesa, hundida en la prisión del domicilio conyugal, mientras el padre y marido quedaba en libertad, respetado como hombre, como marido y como padre. Al concluir el juicio con la condena de la madre, varios escritores franceses no han dudado en comentar que todo el mundo sabe que la culpable no hizo más que cumplir las normas impuestas por el padre de la familia. "Nada se mueve en la casa sin el permiso del marido", reprodujo textualmente la Prensa.

Hoy, esos mismos hombres del Gobierno francés, alentados por los intelectuales y los políticos que se han alzado indignados en defensa del velo -políticos e intelectuales que nunca se manifestaron para condenar la clitoridectomía, el maltrato a las mujeres o las desigualdades del salario femenino-, ya que deben pensar que es bueno que las niñas obedezcan las normas patriarcales, se enfrentan al desafilo de prohibir o de permitir ese signo de la ignominia femenina que es el velo musulmán. La permisión de que las niñas vayan cubiertas a la escuela sería la prueba más rotunda de que el feminismo se encuentra en su cota más baja de influencia, mientras el patriarcado goza de muy buena salud en Francia.

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07/03/2008 GMT -6

Violencia incontrolada

lidiafalcon @ 22:04

elPeriódico.com
3 Mar 2008
Por Lidia Falcón
 

A los partidos políticos se les ha descontrolado la violencia machista. Ellos, que debían creer tenerla controlada, que no habían hecho ninguna mención al tema ni en sus mítines ni en sus debates --ni el PP ni el PSOE ni IU han introducido modificaciones a la ley de violencia en su programa electoral--, se han encontrado en plena campaña con que los asesinos, en dos días, les han echado en las tribunas los cadáveres de cuatro mujeres y les han dejado dos más heridas, una en estado grave. Con ellas tenemos 17 víctimas en 57 días, que son cinco más que las que se han producido en Tijuana, la ciudad mexicana que posee el primer lugar del ranking de asesinadas.

Cuando desde hace casi dos años algunas asociaciones feministas redactamos y publicamos un estudio sobre la ley de violencia y los problemas con que se tropezaba en su aplicación, y lo enviamos a todas las instituciones relacionadas con el tema, recibimos una agria respuesta de algunas de las responsables, como Soledad Murillo, secretaria de Estado de Igualdad, y Montserrat Comas, del Observatorio de Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial, respuesta que esta última publicó hace pocos meses en este periódico.

En nuestro estudio explicamos las deficiencias que tiene la redacción legal. Desde haber dejado fuera de su protección a toda mujer que no sea la esposa o esté vinculada sentimentalmente de modo permanente con el agresor, hasta que mantiene garantías en beneficio del denunciado --que, cuando se trata de otras jurisdicciones, como la laboral, no se aplican desde hace 100 años-- que obligan a esperar a la denunciante un tiempo interminable para ver dirimida su denuncia en los tribunales.

La amplia discrecionalidad que se le concede al juez permite que se archiven el 55% de las denuncias sin ni siquiera tramitarlas, que se dicten arbitrariamente órdenes de alejamiento, dependiendo del juzgado de que se trate, con lo cual no existe unificación de criterio ni de doctrina --lo que provoca la inseguridad jurídica de las víctimas--, y que se siga manteniendo una valoración estricta de la prueba en el juicio oral, de modo que se absuelve a un gran número de agresores por falta de pruebas: el 30% de los que son juzgados, lo que significa que únicamente el 38% de las denuncias concluyen en una sentencia condenatoria. Estas son algunas de las lagunas de la norma, a las que se pueden añadir la falta de responsabilización de los jueces, fiscales, médicos, asistentes sociales y del entorno familiar y vecinal de las víctimas, cuando no cumplen la debida diligencia en la protección de la víctima y en la persecución del delito. Exigencias que nosotras habíamos introducido en el proyecto de ley que llevamos al Congreso y que fue desestimado.

Si a estas carencias añadimos que ni se ha dotado de los medios a las comisarías de policía ni creado los suficientes juzgados ni disponen de personal adecuado por su preparación, por la endémica falta de dotación presupuestaria, que es la enfermedad crónica de la justicia, no creo que sea muy difícil entender por qué la persecución de los maltratadores y asesinos de mujeres está siendo ineficaz.

Para disculparse, políticos y jueces han repetido que solo una de las cuatro asesinadas tenía una orden de alejamiento --como si el asesinato de una sola fuese despreciable-- y que otras dos no habían denunciado. No se hace hincapié en el caso de la cuarta, contra la cual se había dictado una orden de alejamiento del marido a instancias de este. Algún día habrá que escribir sobre las denuncias falsas de los agresores para contrarrestar las acciones judiciales de sus víctimas, ya que tanto se habla de las denuncias falsas de las mujeres. Los responsables institucionales repiten que, si no se denuncia, es imposible conocer los problemas. La jueza de violencia de Madrid, Raimunda de Peñafort, insistía asegurando tanto que la ley era suficiente como que su aplicación en los juzgados era absolutamente correcta. Resulta incomprensible que esas políticas y jueces no sepan que las mujeres no denuncian porque no confían en la justicia.

Aparte del problema de dependencia económica del marido, con el que pueden enfrentarse las denunciantes, la más grave dependencia, además de la familiar, es la del miedo. El miedo, y muy fundado, al agresor, que cuando sepa de la iniciativa de la que él considera su esclava para liberarse, tomará sangrienta venganza. Y la rebelde no contará entonces más que con sus propias fuerzas, porque no la protegerán ni la policía, que no tiene medios, ni el juzgado, que tardará interminables días o meses o años en resolver su caso, y que nunca --salvo si está muerta-- dicta prisión contra el agresor.

En esas condiciones, ¿quién se atreve a denunciar? ¡Qué fácil es aconsejar cuando el que lo hace no se encuentra en la misma situación! ¿Por qué tiene la víctima que refugiarse en una casa de acogida con sus hijos, abandonando su hogar, su trabajo, los familiares, los amigos, y los niños el colegio, mientras el agresor sigue en libertad? ¿Por qué no se dicta la prisión preventiva contra él, que es mucho más barato que proteger a la mujer permanentemente?

Espero que, en lo que resta de campaña, los partidos nos den la respuesta a estas preguntas.

 

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02/03/2008 GMT -6

Un ocho de marzo reprimido

lidiafalcon @ 02:43

Público.es
2 Mar 2008
Por Lidia Falcón

Las Delegaciones de Gobierno de Madrid y Las Palmas y la Junta Electoral Provincial de Sevilla denegaron el permiso para celebrar la manifestación por el 8 de marzo. En Valencia hubo que solicitar la autorización a la Junta Electoral Central, y en otras ciudades todavía no se sabe cuál será la decisión de las autoridades competentes.

Ha sido preciso presentar recursos ante los tribunales de justicia de las respectivas comunidades (Madrid, Andalucía y Las Palmas), y en los juicios celebrados se ha dado la razón a la autoridad competente contra las asociaciones de mujeres. En definitiva, dependiendo de los criterios de los delegados del Gobierno, las manifestaciones se podrán celebrar en unas ciudades y en otras no. La explicación de los jerarcas responsables es que el 8 de marzo corresponde a la jornada de reflexión y en ese día no se pueden realizar actos políticos. A esta situación hay que añadir que toda la semana anterior las feministas organizábamos conmemoraciones diversas en toda España que este año quedarán completamente oscurecidas y hasta suspendidas por la campaña electoral, ya que ni las personalidades que asistían estarán ahora interesadas en temas que se salen de sus agendas y ni siquiera dispondremos de locales adecuados para ello.

El 8 de marzo se conmemora la masacre que cometió el propietario de la empresa Cotton de Nueva York el 8 de marzo de 1909, cuando ante el encierro de sus trabajadoras en la fábrica solicitando aumentos de salario y mejores condiciones laborales, prendió fuego al edificio y murieron abrasadas las 211 mujeres que estaban dentro. El año que viene se cumplirá un siglo de aquella barbarie, y durante estos cien años en ningún país occidental las feministas hemos dejado de recordar esa fecha.

Aún clandestina y temerosamente durante nuestra dictadura, siempre realizamos algún acto, aunque fuese escondido, únicamente para elegidas; más públicos y abiertos a medida que se degradaba la represión, hasta culminar en las manifestaciones reivindicativas de los años setenta.

Desde entonces, y ya se han cumplido treinta, las feministas no hemos faltado a ninguna cita. Los partidos políticos tampoco, ni los sindicatos, siempre arrimando el ascua a su sardina en cuanto han visto el rendimiento electoral que puede proporcionarles apoyar a las feministas, con lo que, naturalmente, las celebraciones del 8 de marzo se han institucionalizado y por ende esclerotizado, perdido el impulso de oposición al poder que siempre ha de tener el movimiento feminista. Pero aún así, aunque con el propósito de manipularlas, dirigirlas y debilitarlas, las instituciones y los partidos fingían aceptar las demandas de las mujeres. Por ello cedían locales, organizaban actos y concedían modestas subvenciones.

Abandonado el entusiasmo que llenó de mujeres las calles de nuestras ciudades en los años de la verdadera lucha, ahogadas o minimizadas y ninguneadas las voces de verdadera crítica y protesta que aún nos atrevemos a manifestarnos, controladas las asociaciones por el conocido y eficaz método de aumentar o disminuir las fuentes de financiación estatal, los actos del 8 de marzo han quedado asumidos por los ayuntamientos, diputaciones, comunidades e institutos, alejando a las mujeres de una conmemoración que no les parece que les concierna.

Quedan citas que el Partido Feminista y algunos grupos del movimiento feminista organizan y expresan en encuentros independientes y sobre todo en las manifestaciones callejeras que se celebran en esa fecha. Pues bien, este año no se sabe si en algunas ciudades se podrán realizar porque coinciden con la jornada de reflexión electoral. Convocadas las elecciones el 9 de marzo, el día 8 quedan suprimidas o mediatizadas todas las manifestaciones, que inevitablemente tendrían carácter político.

Cuando Rodríguez Zapatero señaló el día 9 como la jornada electoral, ¿ignoraba que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer? ¿Lo ignoraban las ocho flamantes ministras de su gabinete y su más astuto consejero y ministro Rubalcaba? ¿No lo sabía la excelsa feminista –tan amiga de obispos y cardenales- María Teresa Fernández de la Vega? ¿Qué se dijeron en aquel Consejo de Ministros en que decidieron tan trascendental fecha? Con toda seguridad se preocuparon de no coincidir con el calendario de partidos de fútbol, de celebraciones del Carnaval, de procesiones de Semana Santa. ¿Y quién se hubiese atrevido a señalar el 2 de mayo como día electoral? Pero si se trataba de las mujeres, ¡qué más da!

El cónclave de ministros haría cábalas sobre las reacciones que se producirían, y con toda seguridad los cerebros del Gobierno le aseguraron a Zapatero que ellos, y ellas, sabían controlar eficazmente el movimiento de mujeres, comprado por los fondos del Estado que administra el Gobierno. Y así ha sido.

En esta grave situación lo más penoso y lamentable es la anuencia que manifiestan las mujeres de todos los partidos políticos ante la indiferencia con que las cúpulas masculinas de los mismos han asumido la decisión del Gobierno. Esta situación hubiera sido impensable hace treinta años, no sólo porque las asociaciones feministas hubiesen organizado concentraciones y manifestaciones, autorizadas o no, sino también porque hubiese habido una opinión pública y publicada que habría alertado a los responsables políticos precisamente en el momento más crítico para ellos, que es el periodo electoral.

Abandonadas, y hasta perseguidas, las organizaciones de mujeres, como si se sintieran atacadas por el síndrome de Estocolmo, son incapaces de organizar protestas por una de las más graves agresiones contra el feminismo que hemos sufrido desde la transición.

Lidia Falcón es Presidenta del Partido Feminista de España, abogada y escritora

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17/01/2008 GMT -6

Entrevista a Lidia Falcón: "Mujeres para un cambio de siglo"

lidiafalcon @ 23:41
Lidia

EL MUNDO (Magazine)

Lidia Falcón que para muchos es simplemente la feminista (porque feministas hay muchas, pero la feminista, en singular, sólo puede ser ella), tiene una vida desbordante y llena de sorpresas que asoma espontáneamente a la conversación. No lo puede reprimir, y el interlocutor, o la interlocutora (qué difícil resulta el manejo gramatical de los géneros estando frente a Lidia), lo agradece. Con ella se empieza hablando de su obra y se termina hablando de su vida. Contundente, huracanada, lista, lo que más llama la atención de esta mujer es su constante ejercicio de la sinceridad. No lo digo por decir. A los 65 años es difícil mantener la franqueza de una adolescente y no sentirse rehén de nada ni de nadie. Se trata de una actitud tan inusual como envidiable. Y es que Lidia no se muerde la lengua ni contiene ningún gesto. Así, de la misma manera que frunce el ceño cuando le preguntas por Almodóvar, también dispara libremente el verbo para hablar de los hombres de su vida.

Hija de un líder comunista, nieta de anarquistas, fundó el Partido Feminista de España y conoció la cárcel por sus actividades contra el régimen de Franco. Hoy sigue en la brecha, repitiendo lo que tantas veces ha proclamado en los foros del mundo. Tiene un rostro exuberante, abultado, una melena pelirroja que suele acompañar con salcillos largos, y una manifiesta querencia por los sombreros. Parece como si de un momento a otro fuera a arrancarse con una copla. Realmente da el tipo de rompe y rasga.

Pregunta.-¿Cuántas veces le han dicho eso de que "el feminismo ya no es lo que era"?

Respuesta.-Muchas. Esta mañana, sin ir más lejos.

P.-¿Y tiene una frase manufacturada para responder?

R.-No, pero es de cajón. El feminismo es un movimiento de liberación y de lucha contra las injusticias, y yo digo: si se han acabado las injusticias, que venga Dios y lo vea.

P.-Las cosas han mejorado mucho en estos últimos 20 años, eso no puede negarlo...

R.-Hemos avanzado, indudablemente. El movimiento feminista tuvo en nuestro país un gran vigor durante los años 70 y principios de los 80 porque había que luchar contra la legislación fascista y sacar de la nada los cimientos del Estado de bienestar. Hemos pasado 40 años sin subsidio de paro, sin protección para las mujeres maltratadas, sin anticonceptivos y sin aborto. En un principio fuimos nosotras las que prestamos esos servicios: teníamos abogadas, psicólogas, asistentes sociales y hasta tramitábamos viajes a Londres y a Amsterdam para abortar. Con el tiempo se ha conseguido que esto lo asuma en parte el Estado, las autonomías y los ayuntamientos. Así que un plantel importante de esas mujeres que prestaban servicios en el movimiento feminista se han convertido en funcionarias, y ya sabemos que el funcionariado es la antítesis del movimiento subversivo.

P.-Pare un momento, no se embale: ¿está diciendo que las feministas se han adocenado?

R.-Muchas sí. Otras se han instalado en los partidos políticos. En los 70 las mujeres luchadoras estaban en el feminismo, y en los 80 dieron el paso a los partidos, con lo cual el movimiento quedó bastante descapitalizado. Eso por lo que respecta a las mujeres políticas, pero podría hablarle también de las escritoras. En aquellos años todas las escritoras empezaron en la revista Vindicación Feminista, y poco a poco fueron entrando en los grandes medios de comunicación. Antes eran chicas rabiosas contra el sistema, pero ahora ya no rabian porque se han situado.

P.-O sea, que sólo queda usted.

R.-Soy una testaruda única. En efecto, de mi edad ya no hay casi nadie.

P.-Los partidos no arriman el hombro al feminismo.

R.-Nosotras hemos conseguido llevar el feminismo a la política, que es un salto cualitativo importante. Hemos unido diversas maneras de entender el feminismo en un proyecto para llegar a las instituciones a través de elecciones. Esto no se había hecho nunca, y el primer paso ha sido Europa. Pero los partidos políticos, efectivamente, viven de espaldas al feminismo. Recuerdo que en un Congreso invitamos a muchas mujeres de partidos políticos y todas contaron la misma historia: que habían sido marginadas, que dentro les habían impedido promocionarse y que incluso habían sido acosadas sexualmente.

P.-También existe cierta involución en la sociedad. Ahora, más que en décadas anteriores, la prioridad de muchas chicas jóvenes es tener novio y casarse.

R.-Por la iglesia, sí, y luego dar un banquete monstruoso, de tres millones de pesetas. Ha habido una involución de valores y de objetivos en la sociedad durante los horribles 80, como yo les llamo. Somos el país de Europa que menos ahorra. La gente se compra un piso y lo llena enseguida de oros, aunque sean falsos. Y compra también coches que gastan espantosamente, y horteradas enormes, pero luego no consume libros, ni ópera, ni nada constructivo. Todo esto va acompañado por una fuerte ofensiva de la ideología dominante para que haya cosas que no se derrumben. La familia, por ejemplo. Quieren afianzar la familia, refugio de los parados, de la drogadicción, de la falta de objetivos y de ideales. Hoy la gente se aferra al pisito y a la familia, pero no tiene hijos. Nuestra tasa de natalidad es la más baja de Europa. Desde que les dimos anticonceptivos y aborto, las mujeres decidieron que los niños, para su padre. Pero los padres tampoco quieren, claro. El mensaje que más ha calado en la sociedad es el dinero. Hay que ganar dinero. Eso se repite desde que cayó el muro de Berlín. Mire, hay un momento que para mí es muy significativo: cuando los Reyes se vistieron de guapos para respaldar a Mario Conde el día que lo invistieron doctor honoris causa. Nunca se me olvidará aquel horrible discurso.

P.-No sé dónde quiere llegar, Lidia...

R.-Resúmalo así: tengo una repugnancia espantosa por esta etapa de la vida que me ha tocado vivir.

P.-Hablemos de los hombres, si no le importa.

R.-Hablando de las mujeres estamos hablando de los hombres.

P.-¿Qué le sugieren esas parejas asimétricas compuestas por señor mayor-chica joven?

R.-Es curioso lo que les sucede a los hombres: algunos hasta llegan a creer que las prostitutas se acuestan con ellos por placer. Cosas de la mitología masculina. Piensan que siendo viejos, tontos y feos, pueden enamorar a cualquier jovencita. Lo de Rodríguez Menéndez es un caso ejemplar.

P.-A la vuelta del otoño publica usted sus memorias políticas. ¿No ha terminado el tiempo de pasar factura?

R.-Hace un montón de años publiqué la primera parte de mis memorias, y me apetecía seguir con ellas y contar mi etapa matrimonial, pero ya sabe usted cómo son las editoriales: prefieren cosas más comerciales, con nombres propios, así que he escrito las memorias políticas. Mi asignatura pendiente, sin embargo, sigue siendo mi confesión matrimonial.

P.-Hágala ahora.

R.-Sería muy largo... Me casé a los 16 años, y a los 20 ya estaba separada y con dos hijos. Imagínese el panorama. Fue entonces cuando me puse a estudiar.

P.-¿Ahí nació la genuina Lidia Falcón?

R.-No. Yo nací cuando vine al mundo. Mi madre y mi abuela eran feministas, y mi padre, comunista. Estaba llamada a estudiar y desarrollarme políticamente, pero se me ocurrió enamorarme de una manera loca y se fastidió todo. Supongo que en el fondo pensé que casándome obtendría mayores cotas de libertad... Mi padre se había exiliado, salió en el último avión, con Dolores Ibárruri, y fue a Francia, luego a la Unión Soviética, México y Perú, donde había nacido y donde también murió. Todos los hombres de la familia murieron o se exiliaron, y yo me crié rodeada de mujeres: mi madre, mi abuela, mi tía y mis dos primos. Mi madre aguantó en España, nos sacó adelante a todos y sostuvo los restos del naufragio hasta que también se exilió: marchó a América cuando salió de la cárcel.

Lo que quiero decir es que a mí todo me llegó por vía genética: la abuela, hija de un liberal masón, era anarquista y luchó por el cooperativismo, el sindicalismo, el amor libre, la eugenesia, la eutanasia, los anticonceptivos... Mi madre también fue una gran luchadora. Pero a lo que iba, yo me enamoré, quería acostarme con mi novio y me casé. Aquellos años de matrimonio me causaron un problema gravísimo. El marido se fue, no dio un duro y sólo volvió para fastidiar. Me quedé pues sola, estudiando y trabajando. Y por si fuera poco todo aquello, me metí en el Partido Comunista.

P.-¿Hay revelaciones jugosas en sus memorias políticas?

R.-Hay sinceridad, pero a estas alturas no creo que levanten ampollas. A la gente no le importa nada si me fui con Lister o me peleé con Carrillo. ¡Queda tan lejos todo eso!

"Ahora ser comunista es de carcamales, pero hasta hace poco representábamos el bastión de la honradez, la sinceridad y la lucha"

P.-¿Qué cuenta de Carrillo?

R.-Él tenía la consigna de aliarse con la Democracia Cristiana si quería ser un día ministro, con lo cual los militantes del partido tomaban copas con los fiscales del Tribunal de Orden Público y compadreaban con ellos...

P.-¿Se la tiene jurada a sus viejos colegas del PCE?

R.-La mayoría han muerto o han pasado al PSOE. Mantengo pocos amigos. Con Carrillo no me equivoqué nunca. Siempre supe qué clase de personaje era aquel tipejo. Desde mi juventud fui una anticarrillista furibunda. Carrillo era un estúpido y un traidor que arrastraba el nombre del Partido Comunista y con él la fidelidad de sus militantes.

P.-¿Vive la nostalgia con rabia?

R.-No. Pero no puedo evitar cierta tristeza al ver en qué ha terminado todo. Claro que no hay más que mirar hacia Italia para consolarse. El caudal del PC era arrollador. Cuando empezó la transición todos los que pintaban eran del PC: catedráticos, cineastas, escritores, médicos... Ahora, ser comunistas es de carcamales, pero entonces representábamos el bastión de la honradez, la sinceridad y la lucha. Las normas éticas comunistas tenían que ponerse como ejemplo. El muro de Berlín, sin embargo, se les cayó a la cabeza a los dirigentes españoles. Adiós normas de referencia, adiós todo. Ahora llevan 15 años pidiendo perdón por ser comunistas. Bueno, pues yo no estoy dispuesta a pedir perdón por haber sido comunista ni por ser feminista.

P.-Un amigo suyo me ha dicho: "Lidia azuza a la tropa contra los hombres, pero ella siempre ha tenido un buen hombre al lado".

R.-Si no lo tuviera sería tonta. Alguno me ha salido mal, es verdad, como mi marido, del que me tuve que desprender. O, el segundo, a quien también tuve que frenar...

P.-¿Eliseo Bayo?

R.-Sí. Y es que hasta los hombres buenos cojean. Ahora estoy con Carlos París y espero que dure. Además, ninguno de los dos tenemos ya edad para hacer tonterías.

P.-¿Qué le inspira el conde Lecquio?

R.-No he perdido un segundo pensando en ese individuo.

P.-¿Pedro Almodóvar?

R.-Fue un chico bueno, quería hacer un cine nuevo y algunas de sus obras valieron la pena, pero hoy es un oportunista.

P.-¿Garzón?

R.-Quiero creer que es honrado.

P.-¿Julio Iglesias?

R.-Detestable.

P.-¿Gil?

R.-Es más mal educado que los mafiosos típicos.

P.-¿Javier Marías?

R.-Pss. Mediocre.

P.-¿Camilo José Cela?

R.-Aquel año no había nadie mejor para darle el Nobel.

P.-¿Jesulín de Ubrique?

R.-Odio los toros. Arranco las páginas de los periódicos para no verlos.

P.-¿A quién le tiraría huevos?

R.-Tirar huevos no vale la pena. Me parece un gesto blando. Mi ira es profunda, pero hace muchos años decidí contenerme y administrar mis impulsos.

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