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Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill

Archivo: Septiembre 2008

24/09/2008 GMT -6

«En la actualidad, el ideal feminista se está rebajando»

lidiafalcon @ 17:21

«Estamos en barbecho y, como sigamos así, retrocederemos», afirma Lidia Falcón en el curso dedicado a Simone de Beauvoir

elcomerciodigital.com
24 Sep 2008
Por C. B. | AVILÉS

Lidia Falcón, ayer antes de su conferencia. / MARIETASu discurso es descarnado, directo, radical. Lidia Falcón permanece fiel a los principios que la han convertido en uno de los principales referentes del feminismo en España, de un feminismo con mayúsculas, revolucionario y crítico. Habla con la pasión de toda una vida dedicada a la lucha por la conquista de los derechos de las mujeres, en la que, asegura, «me he dejado trozos de piel; no nos han regalado nada». Por eso, sus palabras destilan decepción por la escasa ambición del panorama actual. «Se está rebajando el ideal feminista, cuyo propósito es cambiar el mundo».

Abogada, escritora y fundadora del Partido Feminista, Lidia Falcón participó ayer en el curso dedicado a Simone de Beauvoir en el Centro de Servicios Universitarios. La autora de 'El segundo sexo' no se libró de su crítica. «La única novedad que tenía ese libro era cuando decía que 'la mujer no nace, sino que se hace', frase con la que estoy en profundo desacuerdo», afirmó antes de reivindicar la memoria de feministas españolas como Concepción Arenal o Margarita Nelken.

Falcón dedicó su ponencia a los nuevos mitos del feminismo, muy alejados del feminismo político y militante que ella defiende. En su opinión, la lucha feminista se está concentrando en debates secundarios (como los cambios en el lenguaje o la tendencia por el multiculturalismo «que lleva a defender en ocasiones a culturas abiertamente machistas») en vez de concentrarse en las transformación integral que defiende su partido.

La abogada se mostró especialmente crítica con la Ley contra la Violencia de Género. «Hace dos años publicamos un estudio ('Hacer los derechos realidad', junto a Olga Campos) en el que señalábamos todos los defectos de la ley, pero éstos siguen ahí», afirmó. En su opinión, el gobierno centra el debate en «cuestiones que no cuestan dinero, como la laicidad, el aborto o el matrimonio homosexual, y se olvida de invertir en la reforma de la Justicia, la Educación, la Sanidad o las infraestructuras». «Los dos grandes partidos se pierden en discusiones y la ciudadanía tiene que entretenerse con 'Gran Hermano'», afirmó.

El panorama, según Falcón, es pesimista. «No se está avanzando por ningún camino, estamos en barbecho y, como sigamos así, retrocederemos», afirmó en alusión a la «ofensiva» contra las clínicas abortivas y al proyecto de reforma del Código Civil catalán que incluirá las reivindicaciones de las asociaciones de padres separados, formadas, comentó, «en su mayoría por maltratadores». En contra de las conquistas reivindicadas por el movimiento feminista, Falcón aseguró que «los planteamientos que defendimos en los setenta, como el aborto libre, la Educación o la creación de una red de asistencia social, todavía no se han cumplido».

Escéptica con la comisión de estudio de la reforma de la Ley del Aborto, Falcón acusó a las mujeres socialistas de «plegarse» ante sus compañeros respecto a las listas paritarias, contra las cuales se pronunció. «Fue una batalla que perdimos», concluyó.

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07/09/2008 GMT -6

La dependencia de las maltratadas

lidiafalcon @ 01:46

elPeriódico.com
6 Sep 2008
Por Lidia Falcón

La dramática situación en que se halla el buen ciudadano Jesús Neira por defender a una mujer del maltrato de su pareja ha dado lugar a multitud de comentarios sobre la dependencia de su verdugo que padece la mujer maltratada, que en este caso no ha agradecido el noble gesto de su defensor y que se niega a denunciar a su maltratador.

Esta conducta podría compararse con la de los que padecen el síndrome de Estocolmo, pero a quienes lo sufren se les trata con una comprensión que siempre se echa de menos con las mujeres maltratadas, aunque haya que aplicarles un atenuante muy cualificado, como es la relación afectiva y sexual que mantienen con el maltratador, una circunstancia que no se produce en las víctimas de tortura.

Lo que nunca explican los comentaristas y expertos en el tema es que el maltratador en el primer momento es un seductor. Se dirige a la que será su víctima mostrándose enormemente obsequioso y amable, colaborador, generoso, solidario. Cuando la ha enamorado --muchas veces ella ni siquiera sentía atracción antes por él-- y comienzan a vivir juntos, empieza la tarea de esclavizarla. El control de su vida, los ataques de celos --que ella interpreta al principio como amor--, la exigencia de que obedezca todas sus órdenes, la separación primero de sus amigas y después de su familia. Cuando ya se encuentra aislada se inicia el maltrato psicológico: las manifestaciones de desprecio, las críticas continuas, los insultos... y cuando ya ha perdido la confianza en sí misma, comienzan los golpes. El resto pueden imaginarlo fácilmente.

Escucho a menudo, incluso de mujeres, los comentarios despectivos respecto a la conducta de las víctimas. Ellos no comprenden cómo aguantan semejante situación, y ellas jamás lo soportarían, y dicen que hace falta estar mal de la cabeza o deben de ser masoquistas. Ninguno, y de momento tampoco ninguna, de quienes hablan así ha vivido una situación semejante. Parecen creer que las víctimas se entregan encantadas a una relación que comenzó a bofetadas el primer día que conocieron a su verdugo, lo que significa que desconocen totalmente el problema. Y ya no me refiero a las que son hijas de un padre maltratador, que padecen todos los condicionamientos para reproducir la conducta de su madre. Las secuencias han sido generosamente mostradas en el cine y la televisión, pero no se recuerdan.

Pero es que además de la dependencia afectiva, de la que todo el mundo habla, existen otras tres dependencias a las que nadie se refiere. La primera es la dependencia del miedo. Cuando la víctima comienza a comprender que debe huir de la esclavitud a la que está sometida, su torturador la ha convencido muy eficazmente de que no se lo permitirá, la perseguirá allí donde se encuentre, también a sus padres y a sus amigos, y, en último término, la matará. Amenazas realmente muy creíbles, tanto por su conducta anterior como porque así lo confirman las cifras cotidianas de asesinadas.

La segunda dependencia es la económica. En una mayoría de casos la mujer no dispone de medios para independizarse, mucho menos si tiene niños pequeños. ¿Cómo huir de aquella casa que paga su tirano, adónde ir, cómo sufragar su vida y la de sus hijos? Si tiene trabajo deberá dejarlo para huir lejos, sacar a los niños del colegio, perder las amistades, alejarse de sus familiares, quizá cambiar de ciudad, de comunidad incluso, si el perseguidor es tenaz. ¿Cuántas podrán hacerlo? ¿Cuántas creerán que el peligro es tan grave que vale la pena sufrir tales penalidades y cambios?

La tercera dependencia es la familiar. No todas las familias --padres, madres, hermanos-- están dispuestas a comprender a la hija o hermana, a apoyarla en su decisión de abandonar al marido, a pagarle el abogado, a acogerla en sus domicilios, acompañada de los pequeños, mientras el padre y marido --su dueño legítimo-- les llama continuamente, va a esperarles a la puerta de su casa, les arma broncas en el trabajo. No todas las familias tienen recursos económicos, o no quieren gastarlos en mantener a su hija, hermana, nietos, sobrinos, comprarles ropa y pagar el colegio, mientras se dirimen interminablemente los procesos judiciales que correspondan.

Es mucho más cómodo y barato convencer a la hija o a la hermana que se encuentra en tal situación de que aguante, que algo bueno tendrá él cuando se enamoró. Esto lo dicen hasta las psicólogas que hacen los informes oficiales para el juzgado.

Y aún hay una cuarta y definitiva dependencia: la judicial. Si la víctima, que ha de ser una heroína, se decide finalmente a presentar la denuncia, comenzará para ella el último e interminable suplicio. La falta de pruebas, la negativa de los testigos a implicarse, la deficiente defensa, la indiferencia --cuando no la ausencia-- del fiscal, la impaciencia y la ideología del juzgador, terminarán la mayoría de las veces con la absolución del maltratador, o condenándolo a una pena absolutamente inoperante que no cumplirá.

En cuanto a la eficacia de las órdenes de alejamiento o de protección --hay 12 policías para proteger a varios miles de mujeres--, ya la conocemos, sobre todo la última víctima desgraciada de Tenerife que confió en ella.

¿Y todavía les exigimos a las víctimas que denuncien?

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