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Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill

Archivo: Febrero 2008

21/02/2008 GMT -6

Lidia Falcón, escritora y feminista: «No entiendo que las chicas se vuelvan a casar de blanco»

lidiafalcon @ 18:15
 
Hija de republicanos, separada con dos hijos a los veintidós años y feminista de amplia trayectoria, Lidia Falcón ha contado su vida en tres autobiografías
 
Diario Ideal
2 Sep 2007
Por Iñaki Esteban/Santander
 
-¿Qué opina de la castración?

-Me ha costado aceptarla porque siempre he defendido el derecho a la integridad física. Pero ya no veo otra solución. No podemos dejar de proteger a las víctimas. Y los tíos, cuando salen, vuelven a violar y a meterse con niños. ¿Qué hacemos? ¿Nos aguantamos?

Lidia Falcón (Madrid, 1935) ha sido desde los años setenta la voz más conocida del feminismo en España. Pero su vida no se agota en esta faceta. Hija de republicanos, se casó a los 17 años, se separó cinco años después, trabajó de camarera y telefonista para sacar adelante a sus hijos y escribió como 'negra' -junto a su ex compañero Eliseo Bayo- 'El libro de la vida sexual', firmado por el psiquiatra franquista Juan José López Ibor.

Todo este trajín le ha servido para lograr una sólida obra autobiográfica, compuesta por tres libros, entre ellos 'La vida arrebatada' (Anagrama). Éste fue también el título de la conferencia que pronunció esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, dentro de un curso patrocinado por la Fundación Vocento.

-Usted dice en esa obra que a los 13 años se sentía diferente al resto de sus amigas.

-Procedía de una familia de intelectuales de izquierda y me costaba identificarme con lo que pasaba a mi alrededor. La única ambición de las muchachas era tener una cultura general y casarse. Habíamos vuelto al siglo XIX. El matrimonio era el único plan posible. No había más futuro que la casa, el marido y los hijos.

-Ahora ha vuelto el furor de las bodas entre los jóvenes.

-No entiendo que las chicas se quieran casar de blanco. Se ha vuelto a prestigiar el matrimonio por la iglesia y con un ajuar estupendo, todo para afianzar un tipo de relación reaccionaria. Yo creo que los hombres que tienen ahora 25 años son peores que los que tenían esa edad en el año 80. El enemigo esta ahí y no le hemos derrotado del todo. Le hemos hecho alguna pupa, pero se defiende.

-Usted se casó a los 17 años.

-Se me cruzó la hormona. Siempre he tenido un espíritu rebelde y entonces había unas prohibiciones terribles, así que todo eso me animó a casarme. Había que estar en casa a las nueve de la noche. Mi madre, con la que vivía, me dio una paliza porque me vio por la calle cogida del brazo con mi novio. Me pegó por miedo, porque entonces vivíamos pendientes de lo que decía la gente.

-¿Se sentían marginadas?

-Mi madre estaba sola, no había nadie que la avalara, porque su marido estaba en el exilio, tenía una hija sin que la gente supiera de dónde había salido, lo cual era muy sospechoso, y yo podía seguir el mal camino. Los domingos disimulábamos que íbamos a misa vistiéndonos un poco mejor y saliendo pronto de casa. Eso era la exclusión social.

-¿Siguió el mal camino?

-Mis amigas soportaban siete años de noviazgo, no se acostaban con su pareja, se besaban un poquito, se cogían de la mano e iban al cine los domingos por la tarde. Yo no tenía tanta paciencia.

Realidad de los hombres

-¿Cuánto duró su noviazgo?

-Dos años y pico. Conocí al mozo cuando yo tenía catorce años y me casé con diecisiete. Pero meses antes de casarnos ya nos acostábamos. Bueno, por eso me casé, porque me quedé embarazada.

-¿Cómo fue la convivencia con su madre?

-Los hombres de la familia se fueron al exilio y no quedamos más que mujeres. Mi madre, mi tía, mi abuela, mis dos primas y yo: nos reunimos en Barcelona los restos de aquel naufragio. Mi padre salió de España en el último avión junto a Dolores Ibárruri. Era miembro del comité central de Partido Comunista y yo tenía entonces dos años y pico. Luego leí sus escritos y me sentí totalmente identificada. Pero como contacto personal, como cariño, de eso nada, cero.

-¿Qué concepto tenía de los hombres?

-Yo no tenía ni idea de cómo eran los hombres. El primer día después de casada me encontré la pasta de dientes tirada por ahí, la toalla en el suelo, los calzoncillos por el otro lado. Cada cosa que cogía mi marido la dejaba tirada por la casa. Me dejó pasmada. Muchas de amigas tenían un hermano, un padre o un abuelo y creo que les sorprendió menos que a mí.

-¿Se llevó una decepción?

-Para mí los hombres eran unos seres criticados, porque mi madre y mi abuela eran feministas, pero también idealizados, porque no sabía cómo eran en realidad. Yo quería un chico bueno, y lo tuve, aunque al final amenazó con pegarme. Para lo que había en la época estaba bien, pero era muy limitado.

Madre y mujer

-¿Cuál fue su experiencia de la maternidad?

-¿A qué te refieres?

-¿Se sintió realizada como mujer?

-Bueno, bueno, una madre nunca sabe lo que le viene. Nos faltaba dinero, la medicina era una porquería, no daban anestesia a nadie y fui a un hospital de pobres, en el que me dijeron que dilatara dando vueltas por el pasillo. Aquello era aterrador.

-¿Y cuando tuvo a su hija entre brazos?

-La tuve en la edad que habría tenido que irme a bailar, de excursión, al cine y a estudiar. Me encontré brutalmente metida en la vida adulta. Pero la verdad es que me lo pasé bien porque tengo cierta vocación de felicidad. Mi marido tenía 21 años. Éramos unos críos y siempre que podíamos nos íbamos a la playa. No teníamos dinero. La situación económica era angustiosa.

-Usted se separó hacia la mitad de los años cincuenta. ¿Fue duro?

-Fue un trauma. Pero no estaba dispuesta a aguantar a un esposo que ya no era el amante y el compañero que yo quería. Se reunía con sus amigos, yo estaba todo el día en casa con mis niños, se debió de cansar de mí y se buscó otra. Y eso, claro, de ninguna manera. Tenía un hijo de dos meses y una hija de cinco años. Me pagó unos meses una pensión pero luego dejó de hacerlo. Huyó a Francia huyendo de sus responsabilidades.

-¿Cuántos trabajos ha tenido?

-Empecé de secretaria, fui telefonista en TVE, camarera en varios restaurantes, cuidé niños...

-Hay veces que tenía dos empleos.

-Entraba a los ocho de la mañana, salía a las siete de la tarde, luego iba a TVE y me marchaba a casa a las dos de la mañana. Cuando llegaba, me ponía a estudiar Derecho porque quería salir de esa situación.

-¿Cómo era entonces la televisión?

-La de Barcelona estaba en Montjuic. El tranvía me dejaba en el Paralelo, cogía por el Pueblo Seco y subía por una ladera. Uno de los directivos de TVE me dijo: ¿Para qué quiere trabajar tanto una chica como usted? Y el editor del primer libro de Derecho que escribí, al pagarme, me soltó: «Tome, ya se lo puede gastar en ropa interior».

-¿Era eso todo lo que esperaba de una mujer que había escrito un libro de Derecho?

-¿Cómo te crees que eran los hombres, querido? Bueno, aunque no sé si habéis mejorado mucho.

-¿Cambiaron las cosas con su segunda pareja, el periodista Eliseo Bayo?

-Era un muchacho de 19 años, de un pueblo de Aragón. Marchó a Barcelona a ganarse la vida después de estar varios años en el seminario. Eso hizo que adaptáramos bastante el uno al otro, aunque a él lo detuvieron enseguida, y luego entraba y salía de la cárcel. A mí también me cogieron varias veces.

La Transición

-¿Cómo fue la Transición para las mujeres?

-La Transición fue para los hombres. Hasta el 85 no se consiguió el aborto en los tres supuestos y desde entonces no ha evolucionado nada. Fíjate, en Navarra todavía no se hacen.

-¿Cómo andamos de libertad sexual?

-Parece que hay libertad sexual porque follan a las mujeres todos los días en la televisión. La relación sexual se ha convertido en pornografía. Se empeñan en obsequiarnos con un acto sexual de lo más rutinario, cuando debería significar compañerismo y complicidad.

 
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05/02/2008 GMT -6

Lidia Falcón presentó su novela "Al fin estaba sola"

lidiafalcon @ 12:54

“El mundo tendrá que escoger entre feminismo y barbarie”
Lidia Falcón presentó su novela
“Al fin estaba sola
la emotiva historia de una mujer en la lucha política y personal

AmecoPress
2 Nov 2007
Por Julia López

Al fin estaba solaLa presentación de la última novela de Lidia Falcón en el Colegio de Periodistas de Cataluña, ha sido un acto emotivo y de reconocimiento de una líder feminista, que sigue luchando por una sociedad mas justa para mujeres y hombres. Para Pilar Rahola, que la ha acompañado en esta primera presentación, Falcón merece un homenaje especial, ya que ha mantenido una coherencia increíble y ha estado siempre por encima del estigma de ser considerada la feminista por antonomasia. O sea, lo peor de lo peor.

“Al fin estaba sola” es la historia de una mujer luchadora, homenaje a una generación de mujeres que entre los 60 y 70 que dieron su vida por la lucha revolucionaria, manteniendo sus convicciones y sus valores, a la vez que mantenían con dignidad a sus familias. En palabras de Rahola: “Su novela me ha emocionado enormemente. Hay política, lucha clandestina, y solidaridad, pero sobre todo es la historia de una mujer sola, luchando contra viento y marea, por sobrevivir, utilizada por un partido de izquierdas, y por las noches soportando a un machista, y a una hijas que le echan en cara su vida”.

Entre la revolución y la supervivencia

A Rahola, la novela le ha recordado una frase de Alexandra Kolontai que decía: “Yo de día hago la revolución y de noche tengo que sufrir a mi marido en la cama, un verdadero machito, sonreír y seguir adelante”.

La presentación que contó, además de Rahola, con Ignasi Riera, Francesc de Carreras y el propio editor, Miguel Montesinos, tuvo momentos divertidos y remarcables. Tanto Riera, como Carreras, que hablaron primero, y elogiaron la novela pero la interpretaron desde un punto de vista político, un poco cómplice con la historia de aquellos años. “No se que he hecho yo para merecer esto –explicaba, riendo, Riera- porque yo tengo que estar en algún sitio en esta novela, pero aún no me he encontrado. He sido del PSUC, ahora de Iniciativa, vivo en Madrid y tengo cargos políticos. Seguro que también soy un poco machista, pero he de reconocer que de esta novela, si que se podría avisar que cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia”.

Para Carreras, en la novela había nostalgia de una lucha pasada y frustración por la situación actual, aunque estaba de acuerdo con falcón, que de aquella situación surgió el feminismo, “que si que es una verdadera revolución”. En su análisis de aquellos años, desde mediados de los sesenta hasta entrados los 70, según él, los que se implicaban en la lucha clandestina eran más rebeldes que revolucionarios. También Carreras, actualmente catedrático de derecho político y promotor de la creación de “Ciutadans per Cataluña” quería encontrar las claves de la trayectoria de algunos líderes que cuenta Falcón, en su novela “¿quién estaba detrás?” ¿A quién se refiere la protagonista, cuando al volver del exilio, se entera de lo bien instalados en puestos institucionales, que estaban algunos de sus compañeros de partido?”.

Rahola, de una forma irónica y comprensiva empezó comentando que “después de oír a mis compañeros creo que no hemos leído el mismo libro. La historia de Ruth no es la denuncia de su papel en un grupo de izquierdas, es el drama de una mujer sola que lucha por los demás, por un mundo mejor, y que sobrevive como puede, en un entorno machista y hostil. Creo que vosotros analizáis el libro con mirada masculina y sin embargo yo, que soy de una generación posterior, y algunas de las cosas que explica no las acabo de comprender, he sentido una complicidad total desde la primera línea. En la novela no hay trampa ni cartón. Todo es auténtico. Pone la piel de gallina”.

Su mirada sigue siendo muy moderna

Confesando que desde siempre siente verdadera devoción por Falcón, la gran comunicadora y polemista, Rahola, subrayaba que todos tendríamos que estar orgullosos “de tener a nuestro lado un referente del feminismo del calibre de Lidia Falcón y que siga en primera línea de ‘combate’. Sinceramente, no veo ninguna nostalgia ni en su obra ni en los valores que defiende. No se ha quedado estancada en el pasado, como les ha pasado a otras valiosas personas: Al contrario Lidia ha ido evolucionando de acuerdo con el tiempo, y su mirada sigue siendo modernísima”.

Falcón se emocionó con estas últimas palabras e inició su disertación con una lista de agradecimientos. “A Riera, porque me ha seguido desde el principio, me ha aconsejado y me ha animado a publicar. Yo casi había tirado la toalla. El calvario de ir de editorial en editorial y ser rechazada, podría ser materia de otra novela”. Según explicaba con cierto humor, no querían saber nada, ni siquiera las editoriales con las que ya había publicado. Pero cuando recordó a su amigo de la “generación nostálgica”, editor de Montesinos, y del El Viejo topo, se sintió salvada. “Verdaderamente al final, si que nos quedamos solos tu y yo, Miguel, –comentaba mirando con gran ternura a su compañero de mesa– recuerdas que me preguntaste, ‘pero si mi editorial es muy pequeña, ¿de verdad que te interesa?’. Como no me iba a interesar si me habían rechazado Planeta y compañía. ‘Ya verás, te dije, seguro que encima vamos a tener éxito”.

También agradeció la invitación de la ADPC (Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña), por invitarla a este acto, adelantándose al propio Colegio de Periodistas, y se disculpó por no haber podido recoger personalmente el premio: “La Rosa del Desierto,” que le concedieron en septiembre, y que recogió emocionada su hija, porque “tenía el compromiso de un programa de TV en Madrid”. También agradeció la presencia de Carreras, porque encima “de haberse tenido que leer la novela se ha llevado regañina, pero yo ya sabia que algo así pasaría, y que su análisis aunque fuera muy bueno, iba a perder de vista que la protagonista es una mujer, que además habla en primera persona”.

Falcón se refirió también, siguiendo la historia que había contado Rahola, a cuando le preguntaron a Miterrand cual sería el hombre del siglo XX, y contestó que sería mujer. También quiso recordar la advertencia de Rosa Luxemburgo que “en un discurso público a finales de los años 30 dijo que “aún estamos a tiempo de poder escoger entre la democracia y la barbarie”. Entonces se escogió la barbarie. Ahora vivimos una época clave –subrayaba apasionada Falcón- en la que también estamos a tiempo de escoger entre “feminismo y barbarie”.

Un poco de biografía

Lidia Falcón es licenciada en Derecho, Arte Dramático y Periodismo, así como doctora en Filosofía. Nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Wooster (Ohio). Fundó en el 72 la revista "Vindicación Feminista" y hace unos años: "Poder y Libertad", que actualmente dirige. Líder internacionalmente reconocida del feminismo español, creó el Club Vindicación Feminista, el Partido Feminista de España, la Confederación de Organizaciones Feministas del Estado Español, y ha participado en el Tribunal Internacional de Crímenes contra la Mujer de Bruselas y en los foros internacionales de Nueva York, Nairobi y Beijín.

Es autora de 36 libros. En el terreno del ensayo destacan: "Mujer y sociedad", "La razón feminista", "Mujer y poder político", "Los nuevos mitos del feminismo", "Violencia contra la mujer", "La violencia que no cesa". Sus memorias abarcan varios tomos: "Los hijos de los vencidos", "Viernes y 13 en la calle del Correo", "Memorias políticas" y "La vida arrebatada", el último publicado. Asimismo, tiene una extensa obra narrativa, con títulos tan emblemáticos como "Camino sin retorno", "El juego de la piel", "Postmodernos", "Cartas a una idiota española" que, traducido a varios idiomas, se ha convertido en un verdadero best-seller mundial. También ha tenido mucho éxito la novela “Las nuevas españolas”, publicada en el año 2004.

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