Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Escritos y noticias de Lidia Falcón O'Neill

Archivo: Enero 2008

25/01/2008 GMT -6

Pidiendo perdón (sobre la Ley de Memoria Histórica en España)

lidiafalcon @ 20:44
 
Público.es
18 Nov 2007
Por Lidia Falcón

La Ley de Memoria Histórica se ha aprobado. Y se ha aprobado porque al fin la derecha nos ha dado permiso para hacerlo. En las largas y cómplices negociaciones que se han llevado a cabo entre los representantes de unos y otros partidos, ha sido patético ir observando el proceso de adulación y complacencia con que la izquierda llevó las negociaciones a fin de contentar a los partidos de derecha, que ha concluido en la degradación de una ley que la democracia nos debía desde hace 30 años. Bien es cierto que el Partido Socialista había esbozado un proyecto absolutamente indigno para que pudiera ser considerado reparador de los sufrimientos de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, y que ha sido en alguna medida limpiado por Izquierda Unida. Pero también ésta se ha declarado vencida ante las imposiciones de los partidos católicos y de los del gran capital.

Mi asombro fue oír repetir diariamente a los comentaristas que era imprescindible obtener el consenso de todos los partidos. De todos, incluso de aquellos que dirigen los herederos políticos de los que organizaron el golpe de Estado, de los que llevaron a cabo las matanzas indiscriminadas y los consejos de guerra y expoliaron a los republicanos; partidos donde se encuentran, impunes y radiantes, los hijos y nietos de los dirigentes y cómplices del franquismo. La izquierda también desea esta alianza, quizá en cumplimiento de aquella vieja consigna del Partido Comunista de la “reconciliación nacional”, que fue tan incomprendida por los que debían reconciliarse con quienes los habían condenado a muerte.

Lo más patético de este episodio es comprobar cómo la izquierda le ha pedido perdón a la derecha por atreverse a recordar los episodios de la Guerra Civil, los padecimientos de los que defendieron la República, la represión que sufrieron los resistentes bajo la dictadura. Atacados al parecer del síndrome de Estocolmo, los partidos que deberían haber planteado estas reivindicaciones en tiempos bastante anteriores, cuando estaban más ocupados en apagar los fuegos de la rebelión obrera aceptando los pactos de la Moncloa, se muestran enormemente comprensivos con la indignación que acomete a los representantes de los partidos de derechas cuando se les habla de la memoria de nuestras desgracias. Hasta el punto de aceptar la equiparación de la represión sistemática practicada por los franquistas con los episodios de violencia incontrolada en la zona republicana. Siguen pidiendo perdón por parecer de izquierdas.

Lo más triste de este periodo de la torturada historia de España es comprobar cómo después de tres cuartos de siglo de sufrir una genocida guerra civil, única en Europa, por intentar vencer a la bestia fascista, de padecer los rigores de 40 años de una dictadura cuya crueldad era desconocida en España y de creer que habíamos instaurado la democracia, se ha aprobado una ley de resarcimiento de los vencidos que no tiene parangón con ninguna de las que se han impuesto ni en Europa ni en América ni en África.

Ni Alemania ni Francia ni Chile ni Argentina ni Grecia ni Portugal ni incluso la torturada Suráfrica han aceptado la impunidad de los que se beneficiaron con el sufrimiento de su pueblo. Después de padecer las dictaduras hicieron, y continúan, un ejercicio de justicia y democracia aprobando leyes que condenaron a los autores de los crímenes y dictaron de inmediato la nulidad de los juicios políticos de aquella etapa. Alemania y Francia llegaron mucho más lejos concediendo indemnizaciones a los perjudicados, y todos sus gobiernos han pedido perdón a las víctimas.

En esta esquizofrenia en que nuestro Gobierno se ha instalado, hemos visto cómo aceptaba con complacencia que la judicatura española persiguiera a Pinochet allende nuestras fronteras, y al torturador argentino Scilingo en nuestro propio territorio, donde se le ha juzgado, condenado y encarcelado, en una digna defensa de los derechos humanos que consideramos compete a todos los países, independientemente de dónde y cuándo se cometieran los crímenes. Mientras, en España, ese mismo Gobierno se opone a que se declare la nulidad de los consejos de guerra que durante el franquismo llevaron a la muerte y a decenas de años de cárcel a los antifascistas, sin garantías procesales algunas. Los mismos partidos que aplauden la nulidad de las leyes de perdón que dictaron los gobernantes argentinos aceptan en España sumisamente que ni se hable de indemnizaciones a las víctimas, que se permita que subsistan monumentos conmemorativos del franquismo siempre que “tengan valor arquitectónico o artístico” –¿quién decide el valor artístico?–, y que la Iglesia mantenga las placas de las fachadas de las iglesias con los nombres de sus supuestos mártires y los símbolos franquistas, yugos y flechas, escudo con águila imperial, que campean en los miles de pueblos que fueron torturados por esa misma iglesia.

Los mismos que aprueban y difunden la noticia de que se ha procesado y encarcelado a los parientes de Pinochet por la apropiación de caudales públicos se indignan ante la sola mención de que a la familia Franco, y a tantas otras que se hicieron ricas mediante la adjudicación de los bienes de los asesinados, expropiaciones y robos impunes que se produjeron durante decenas de años se les pida cuentas de su fortuna.

En definitiva, ser demócrata en España es diferente de serlo en Alemania o en Argentina. Hoy, ni siquiera a las víctimas sobrevivientes de la Guerra Civil y la dictadura se les otorga la satisfacción de ver a sus verdugos avergonzados. Porque nunca nos pidieron perdón.

 
enlace2.png

 

20/01/2008 GMT -6

Vendrán a por todas nosotras

lidiafalcon @ 17:10

Público.es
19 Dic 2007
Por Lidia Falcón

En la calle se oían los gritos de los bebés que estaban asesinando. Y luego los destrozaban en unas "trituradoras". Unos entendidos comensales de la mesa de al lado del restaurante repetían este relato de horror frankensteiniano. Similares descripciones de las terribles matanzas de bebés que se practicaban en las clínicas del Dr. Morín están en boca de ciudadanos que jamás tuvieron información alguna sobre el tema.

Hace más de un mes que en Barcelona están en prisión tres médicos, uno de ellos Carlos Morín, por el cierre y registro ordenado por el Juzgado de las clínicas ginecológicas en las que trabajaban. Semanas después han cerrado dos clínicas en Madrid. Ahora son siete médicos más los que se hallan detenidos en Barcelona. Esa descripción de los asesinatos de niños triturados en una máquina –sólo falta que añadan que se hacían albóndigas después– en una semblanza del triunfo de la muerte de Brueghel, ofrecida con morbosa y deleitada pasión por una prensa especialmente dedicada a negarles a las mujeres todo derecho al progreso, persigue el efecto –conseguido– de estremecer a una ciudadanía desinformada y supersticiosa.

Los 200.000 abortos que se practican en España cada año son un número muy modesto en comparación con las cifras de Europa, ya que la práctica sanitaria en los países avanzados alcanza a muchos más casos que los que se permiten en nuestro país. Como a ello se une la más absoluta desidia de nuestros gobiernos en la prevención y educación anticonceptiva, con un alarmante aumento de embarazos de adolescentes, tenemos unas cifras tercermundistas de madres niñas, de fetos inviables y de trastornos psiquiátricos en mujeres, producidos por las dificultades que el sistema sanitario español impone. El 90% de los abortos se practica durante los primeros tres meses de embarazo y el 10% restante se reparte entre las graves malformaciones del feto y las violaciones. Los inquisidores que persiguen toda libertad humana y especialmente la de las mujeres mienten cuando afirman que en las clínicas del Dr. Morín se eliminaban los fetos de ocho meses, mienten cuando relatan los horrores que se complacen en describir, como si hubiese un sector de mujeres y de médicos en España que disfrutan sádicamente, ellas ofreciendo su propio cuerpo a semejantes peligrosas manipulaciones y ellos acometiendo una labor que puede llevarlos a prisión, como ya se ha visto. Y mienten con éxito porque se lo permiten los juzgados y los fiscales de la misma línea ideológica que los ultra-reaccionarios que denunciaron, porque los medios de comunicación que son sus compinches les sirven de altavoces, y porque el Gobierno, deseoso de contentar a los dirigentes de la Iglesia católica, se inhibe cobardemente de su deber de proteger a las mujeres y a los médicos.

El Gobierno de Felipe González permitió la objeción de conciencia de los profesionales sin ningún tipo de control. Desde entonces y con la indiferencia del Gobierno actual, se ha conseguido la utilización perversa del derecho a la objeción de conciencia de los médicos y sanitarios de la sanidad pública, de modo que muchos se niegan a practicarlo en los hospitales mientras lo realizan en su consulta privada. El 3% de los abortos se practica en la sanidad pública, mientras el 97% restante ha de hacerse en las clínicas privadas. Éste es el único sector de la sanidad que no ofrece a las ciudadanas la atención debida en los hospitales de su competencia. De tal modo se ha conseguido muy eficazmente privatizar el aborto, en varias comunidades incluso con cargo al erario público, en vez de despedir de los departamentos de ginecología a los médicos que no quieren atender esta especialidad y garantizar con los profesionales adecuados la continuidad del servicio. De igual manera podían permitir que un Testigo de Jehová estuviese al cargo de las transfusiones de sangre. Todas estas anomalías, en un país que se jacta de estar en el octavo nivel de desarrollo mundial, serían impensables en la Europa desarrollada a la que tanto queremos parecernos. Incluso las católicas Bélgica y Portugal ya han aprobado unos plazos dentro de los cuales una mujer puede pedir la interrupción de su embarazo sin tener que dar interminables explicaciones sobre su vida privada, ni ser sometida a los exámenes e interrogatorios obligatorios hoy, que la convierten en una delincuente.

Ni el Partido Socialista ni las mujeres que lo dirigen y dicen ser feministas han aprobado en 20 años una legislación realmente moderna, eliminando esa tacha de infamia que significa ser un delito. Al mismo tiempo, la dejación de la lucha por el aborto por parte del Movimiento Feminista, absolutamente desinteresado de este tema desde hace 20 años y convertido en cómplice del Gobierno socialista, ha permitido que la derecha desencadene esta ofensiva contra las mujeres y su futuro y les causará nuevamente numerosos sufrimientos.

Los médicos que hoy están en prisión ayudaron a las mujeres en los años anteriores a la legalización a viajar a Londres y a Amsterdam, y después practicaron gratuitamente muchos abortos a las mujeres que no podían pagarlos. Hoy no ha habido ninguna respuesta por parte del Movimiento Feminista a esta persecución que les ha afectado a ellos en primer lugar, pero que sin duda avanzará contra todas nosotras en breve, cumpliendo la profecía de Brecht, y entonces no sabremos qué hacer. Si el Movimiento Feminista no responde a esta nueva guerra de los reaccionarios y enemigos, demostrará que el movimiento ha muerto, como algunas de nosotras hemos denunciado desde hace tiempo. Éste será el tiempo más oscuro del feminismo en nuestro país.

enlace2.png

17/01/2008 GMT -6

Entrevista a Lidia Falcón: "Mujeres para un cambio de siglo"

lidiafalcon @ 23:41
Lidia

EL MUNDO (Magazine)

Lidia Falcón que para muchos es simplemente la feminista (porque feministas hay muchas, pero la feminista, en singular, sólo puede ser ella), tiene una vida desbordante y llena de sorpresas que asoma espontáneamente a la conversación. No lo puede reprimir, y el interlocutor, o la interlocutora (qué difícil resulta el manejo gramatical de los géneros estando frente a Lidia), lo agradece. Con ella se empieza hablando de su obra y se termina hablando de su vida. Contundente, huracanada, lista, lo que más llama la atención de esta mujer es su constante ejercicio de la sinceridad. No lo digo por decir. A los 65 años es difícil mantener la franqueza de una adolescente y no sentirse rehén de nada ni de nadie. Se trata de una actitud tan inusual como envidiable. Y es que Lidia no se muerde la lengua ni contiene ningún gesto. Así, de la misma manera que frunce el ceño cuando le preguntas por Almodóvar, también dispara libremente el verbo para hablar de los hombres de su vida.

Hija de un líder comunista, nieta de anarquistas, fundó el Partido Feminista de España y conoció la cárcel por sus actividades contra el régimen de Franco. Hoy sigue en la brecha, repitiendo lo que tantas veces ha proclamado en los foros del mundo. Tiene un rostro exuberante, abultado, una melena pelirroja que suele acompañar con salcillos largos, y una manifiesta querencia por los sombreros. Parece como si de un momento a otro fuera a arrancarse con una copla. Realmente da el tipo de rompe y rasga.

Pregunta.-¿Cuántas veces le han dicho eso de que "el feminismo ya no es lo que era"?

Respuesta.-Muchas. Esta mañana, sin ir más lejos.

P.-¿Y tiene una frase manufacturada para responder?

R.-No, pero es de cajón. El feminismo es un movimiento de liberación y de lucha contra las injusticias, y yo digo: si se han acabado las injusticias, que venga Dios y lo vea.

P.-Las cosas han mejorado mucho en estos últimos 20 años, eso no puede negarlo...

R.-Hemos avanzado, indudablemente. El movimiento feminista tuvo en nuestro país un gran vigor durante los años 70 y principios de los 80 porque había que luchar contra la legislación fascista y sacar de la nada los cimientos del Estado de bienestar. Hemos pasado 40 años sin subsidio de paro, sin protección para las mujeres maltratadas, sin anticonceptivos y sin aborto. En un principio fuimos nosotras las que prestamos esos servicios: teníamos abogadas, psicólogas, asistentes sociales y hasta tramitábamos viajes a Londres y a Amsterdam para abortar. Con el tiempo se ha conseguido que esto lo asuma en parte el Estado, las autonomías y los ayuntamientos. Así que un plantel importante de esas mujeres que prestaban servicios en el movimiento feminista se han convertido en funcionarias, y ya sabemos que el funcionariado es la antítesis del movimiento subversivo.

P.-Pare un momento, no se embale: ¿está diciendo que las feministas se han adocenado?

R.-Muchas sí. Otras se han instalado en los partidos políticos. En los 70 las mujeres luchadoras estaban en el feminismo, y en los 80 dieron el paso a los partidos, con lo cual el movimiento quedó bastante descapitalizado. Eso por lo que respecta a las mujeres políticas, pero podría hablarle también de las escritoras. En aquellos años todas las escritoras empezaron en la revista Vindicación Feminista, y poco a poco fueron entrando en los grandes medios de comunicación. Antes eran chicas rabiosas contra el sistema, pero ahora ya no rabian porque se han situado.

P.-O sea, que sólo queda usted.

R.-Soy una testaruda única. En efecto, de mi edad ya no hay casi nadie.

P.-Los partidos no arriman el hombro al feminismo.

R.-Nosotras hemos conseguido llevar el feminismo a la política, que es un salto cualitativo importante. Hemos unido diversas maneras de entender el feminismo en un proyecto para llegar a las instituciones a través de elecciones. Esto no se había hecho nunca, y el primer paso ha sido Europa. Pero los partidos políticos, efectivamente, viven de espaldas al feminismo. Recuerdo que en un Congreso invitamos a muchas mujeres de partidos políticos y todas contaron la misma historia: que habían sido marginadas, que dentro les habían impedido promocionarse y que incluso habían sido acosadas sexualmente.

P.-También existe cierta involución en la sociedad. Ahora, más que en décadas anteriores, la prioridad de muchas chicas jóvenes es tener novio y casarse.

R.-Por la iglesia, sí, y luego dar un banquete monstruoso, de tres millones de pesetas. Ha habido una involución de valores y de objetivos en la sociedad durante los horribles 80, como yo les llamo. Somos el país de Europa que menos ahorra. La gente se compra un piso y lo llena enseguida de oros, aunque sean falsos. Y compra también coches que gastan espantosamente, y horteradas enormes, pero luego no consume libros, ni ópera, ni nada constructivo. Todo esto va acompañado por una fuerte ofensiva de la ideología dominante para que haya cosas que no se derrumben. La familia, por ejemplo. Quieren afianzar la familia, refugio de los parados, de la drogadicción, de la falta de objetivos y de ideales. Hoy la gente se aferra al pisito y a la familia, pero no tiene hijos. Nuestra tasa de natalidad es la más baja de Europa. Desde que les dimos anticonceptivos y aborto, las mujeres decidieron que los niños, para su padre. Pero los padres tampoco quieren, claro. El mensaje que más ha calado en la sociedad es el dinero. Hay que ganar dinero. Eso se repite desde que cayó el muro de Berlín. Mire, hay un momento que para mí es muy significativo: cuando los Reyes se vistieron de guapos para respaldar a Mario Conde el día que lo invistieron doctor honoris causa. Nunca se me olvidará aquel horrible discurso.

P.-No sé dónde quiere llegar, Lidia...

R.-Resúmalo así: tengo una repugnancia espantosa por esta etapa de la vida que me ha tocado vivir.

P.-Hablemos de los hombres, si no le importa.

R.-Hablando de las mujeres estamos hablando de los hombres.

P.-¿Qué le sugieren esas parejas asimétricas compuestas por señor mayor-chica joven?

R.-Es curioso lo que les sucede a los hombres: algunos hasta llegan a creer que las prostitutas se acuestan con ellos por placer. Cosas de la mitología masculina. Piensan que siendo viejos, tontos y feos, pueden enamorar a cualquier jovencita. Lo de Rodríguez Menéndez es un caso ejemplar.

P.-A la vuelta del otoño publica usted sus memorias políticas. ¿No ha terminado el tiempo de pasar factura?

R.-Hace un montón de años publiqué la primera parte de mis memorias, y me apetecía seguir con ellas y contar mi etapa matrimonial, pero ya sabe usted cómo son las editoriales: prefieren cosas más comerciales, con nombres propios, así que he escrito las memorias políticas. Mi asignatura pendiente, sin embargo, sigue siendo mi confesión matrimonial.

P.-Hágala ahora.

R.-Sería muy largo... Me casé a los 16 años, y a los 20 ya estaba separada y con dos hijos. Imagínese el panorama. Fue entonces cuando me puse a estudiar.

P.-¿Ahí nació la genuina Lidia Falcón?

R.-No. Yo nací cuando vine al mundo. Mi madre y mi abuela eran feministas, y mi padre, comunista. Estaba llamada a estudiar y desarrollarme políticamente, pero se me ocurrió enamorarme de una manera loca y se fastidió todo. Supongo que en el fondo pensé que casándome obtendría mayores cotas de libertad... Mi padre se había exiliado, salió en el último avión, con Dolores Ibárruri, y fue a Francia, luego a la Unión Soviética, México y Perú, donde había nacido y donde también murió. Todos los hombres de la familia murieron o se exiliaron, y yo me crié rodeada de mujeres: mi madre, mi abuela, mi tía y mis dos primos. Mi madre aguantó en España, nos sacó adelante a todos y sostuvo los restos del naufragio hasta que también se exilió: marchó a América cuando salió de la cárcel.

Lo que quiero decir es que a mí todo me llegó por vía genética: la abuela, hija de un liberal masón, era anarquista y luchó por el cooperativismo, el sindicalismo, el amor libre, la eugenesia, la eutanasia, los anticonceptivos... Mi madre también fue una gran luchadora. Pero a lo que iba, yo me enamoré, quería acostarme con mi novio y me casé. Aquellos años de matrimonio me causaron un problema gravísimo. El marido se fue, no dio un duro y sólo volvió para fastidiar. Me quedé pues sola, estudiando y trabajando. Y por si fuera poco todo aquello, me metí en el Partido Comunista.

P.-¿Hay revelaciones jugosas en sus memorias políticas?

R.-Hay sinceridad, pero a estas alturas no creo que levanten ampollas. A la gente no le importa nada si me fui con Lister o me peleé con Carrillo. ¡Queda tan lejos todo eso!

"Ahora ser comunista es de carcamales, pero hasta hace poco representábamos el bastión de la honradez, la sinceridad y la lucha"

P.-¿Qué cuenta de Carrillo?

R.-Él tenía la consigna de aliarse con la Democracia Cristiana si quería ser un día ministro, con lo cual los militantes del partido tomaban copas con los fiscales del Tribunal de Orden Público y compadreaban con ellos...

P.-¿Se la tiene jurada a sus viejos colegas del PCE?

R.-La mayoría han muerto o han pasado al PSOE. Mantengo pocos amigos. Con Carrillo no me equivoqué nunca. Siempre supe qué clase de personaje era aquel tipejo. Desde mi juventud fui una anticarrillista furibunda. Carrillo era un estúpido y un traidor que arrastraba el nombre del Partido Comunista y con él la fidelidad de sus militantes.

P.-¿Vive la nostalgia con rabia?

R.-No. Pero no puedo evitar cierta tristeza al ver en qué ha terminado todo. Claro que no hay más que mirar hacia Italia para consolarse. El caudal del PC era arrollador. Cuando empezó la transición todos los que pintaban eran del PC: catedráticos, cineastas, escritores, médicos... Ahora, ser comunistas es de carcamales, pero entonces representábamos el bastión de la honradez, la sinceridad y la lucha. Las normas éticas comunistas tenían que ponerse como ejemplo. El muro de Berlín, sin embargo, se les cayó a la cabeza a los dirigentes españoles. Adiós normas de referencia, adiós todo. Ahora llevan 15 años pidiendo perdón por ser comunistas. Bueno, pues yo no estoy dispuesta a pedir perdón por haber sido comunista ni por ser feminista.

P.-Un amigo suyo me ha dicho: "Lidia azuza a la tropa contra los hombres, pero ella siempre ha tenido un buen hombre al lado".

R.-Si no lo tuviera sería tonta. Alguno me ha salido mal, es verdad, como mi marido, del que me tuve que desprender. O, el segundo, a quien también tuve que frenar...

P.-¿Eliseo Bayo?

R.-Sí. Y es que hasta los hombres buenos cojean. Ahora estoy con Carlos París y espero que dure. Además, ninguno de los dos tenemos ya edad para hacer tonterías.

P.-¿Qué le inspira el conde Lecquio?

R.-No he perdido un segundo pensando en ese individuo.

P.-¿Pedro Almodóvar?

R.-Fue un chico bueno, quería hacer un cine nuevo y algunas de sus obras valieron la pena, pero hoy es un oportunista.

P.-¿Garzón?

R.-Quiero creer que es honrado.

P.-¿Julio Iglesias?

R.-Detestable.

P.-¿Gil?

R.-Es más mal educado que los mafiosos típicos.

P.-¿Javier Marías?

R.-Pss. Mediocre.

P.-¿Camilo José Cela?

R.-Aquel año no había nadie mejor para darle el Nobel.

P.-¿Jesulín de Ubrique?

R.-Odio los toros. Arranco las páginas de los periódicos para no verlos.

P.-¿A quién le tiraría huevos?

R.-Tirar huevos no vale la pena. Me parece un gesto blando. Mi ira es profunda, pero hace muchos años decidí contenerme y administrar mis impulsos.

enlace2.png

Contactar con la autora o autor | Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis